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Toma de Crimea por parte de Rusia hace 10 años fue preludio a la guerra actual

Soldados rusos en un muelle en Sevastopol, Ucrania, el 5 de marzo de 2014. (Foto de archivo de AP)

Hace una década, el presidente Vladímir Putin tomó por la fuerza Crimea de Ucrania, una atrevida apropiación de territorio que preparó el escenario para que Rusia invadiera a su vecino en 2022.

La toma rápida y sin derramamiento de sangre de la península en forma de diamante — hogar de la flota rusa del Mar Negro y renombrado lugar de vacaciones — desató una ola de patriotismo y disparó la popularidad de Putin. “¡Crimea es nuestra!” se convirtió en un eslogan popular en Rusia.

Ahora que Putin ha sido elegido para otro mandato de seis años, está decidido a ampliar sus logros en Ucrania en medio de los éxitos de Rusia en el campo de batalla y el menguante apoyo occidental a Kiev.

Putin ha sido vago acerca de cuánto territorio de Ucrania quiere mientras los combates entran en su tercer año a costa de muchas vidas en ambos lados, pero algunos de sus principales lugartenientes todavía hablan de capturar Kiev y cortar el acceso de Ucrania al Mar Negro. El conflicto más grande en Europa desde la Segunda Guerra Mundial ha disparado las tensiones entre Moscú y Occidente a niveles rara vez vistos incluso durante los momentos más helados de la Guerra Fría.

Cuando se apoderó de Crimea en 2014, Putin dijo que persuadió a los líderes occidentales a no meterse al recordarles las capacidades nucleares de Moscú. Es una advertencia que ha expresado a menudo, especialmente después del comienzo de su invasión a gran escala, como en el discurso sobre el estado de la nación del mes pasado, cuando declaró que Occidente corre el riesgo de una guerra nuclear si profundiza su involucramiento en Ucrania, y otra vez el miércoles, cuando advirtió que usaría ese arsenal si la soberanía de Rusia es amenazada.

La analista Tatiana Stanovaya dice que Putin se siente más confiado que nunca en medio de “la creciente fe del Kremlin en la ventaja militar de Rusia en la guerra con Ucrania y una sensación de debilidad y fragmentación de Occidente”.

La investigadora sénior del Carnegie Russia Eurasia Center basado en Berlín señaló que el discurso de Putin del mes pasado “creó una impresión extremadamente escalofriante de una espiral desenfrenada”.

El líder del Kremlin, de 71 años, ha presentado la guerra en Ucrania como una batalla de vida o muerte contra Occidente, con Moscú preparado para proteger sus logros a cualquier precio. Su obsesión con Ucrania quedó clara en una entrevista con el comentarista conservador estadounidense Tucker Carlson, en la que Putin pronunció un largo sermón en que trató de demostrar su afirmación de que la mayor parte del territorio ucraniano perteneció históricamente a Rusia.

Expuso ese argumento hace 10 años cuando dijo que Moscú tenía que proteger a los rusoparlantes en Crimea y reclamar su territorio.

Cuando un presidente prorruso de Ucrania fue destituido en 2014 en medio de protestas masivas que Moscú calificó de golpe de estado instigado por Estados Unidos, Putin respondió enviando tropas para invadir Crimea y convocar allí a un plebiscito para unirse a Rusia, que Occidente desestimó como ilegal.

Luego, Rusia se anexó Crimea el 18 de marzo de 2014, aunque la medida solo fue reconocida internacionalmente por países como Corea del Norte y Sudán.

Semanas después, los separatistas respaldados por Moscú lanzaron un levantamiento en el este de Ucrania, donde enfrentaron a las fuerzas de Kiev. El Kremlin negó haber apoyado la rebelión con tropas y armas a pesar de abundantes pruebas de lo contrario, incluida la conclusión de un tribunal holandés de que un sistema de defensa aérea suministrado por Rusia derribó un avión de pasajeros de Malaysia Airlines sobre el este de Ucrania, en julio de 2014, y causó la muerte de las 298 personas a bordo.

Los rusos intransigentes criticaron posteriormente a Putin por no capturar toda Ucrania ese año, algo que argumentaron que era fácilmente posible en un momento en que el gobierno de Kiev estaba desorganizado y su ejército en ruinas.

Putin, en cambio, respaldó a los separatistas y optó por un acuerdo de paz para el este de Ucrania que esperaba que diera a Moscú la posibilidad de establecer control sobre su vecino. El acuerdo de Minsk de 2015, negociado por Francia y Alemania tras dolorosas derrotas sufridas por las fuerzas ucranianas, obligó a Kiev a ofrecer a las regiones separatistas una amplia autonomía, incluido el permiso para formar su propia fuerza policial.

Si se hubiera implementado plenamente, el acuerdo habría permitido a Moscú utilizar las zonas separatistas para dictar las políticas de Kiev e impedir que el país alguna vez se uniera a la OTAN. Muchos ucranianos vieron el acuerdo como una traición a sus intereses nacionales.

Rusia consideró como oportunidad la elección del político novato Volodymyr Zelenskyy como presidente en 2019 para revivir el anémico acuerdo de Minsk. Pero Zelenskyy se mantuvo firme y dejó el acuerdo estancado y a Putin cada vez más exasperado.

Cuando Putin anunció su “operación militar especial” en Ucrania el 24 de febrero de 2022, esperaba que el país cayera tan rápida y fácilmente como Crimea. Pero el intento de capturar Kiev fracasó en medio de una dura resistencia ucraniana y forzó a las tropas rusas a retirarse de las afueras de la capital.

Abbas Gallyamov, analista político y exredactor de discursos del Kremlin antes de abandonar Rusia, refirió que la anexión rápida y sin derramamiento de sangre de la península “jugó una broma cruel” a Putin, quien pensó que la invasión de 2022 “sería algo parecido a la historia de Crimea, sólo que en una escala mucho mayor”.

Ocurrieron más derrotas en el otoño de 2022, cuando las tropas rusas se retiraron de gran parte del este y sur de Ucrania bajo una rápida contraofensiva de Kiev.

La situación volvió a cambiar el año pasado cuando otra contraofensiva ucraniana no logró cortar el corredor terrestre de Rusia hacia Crimea. Las fuerzas de Kiev sufrieron numerosas bajas tras realizar intentos fallidos de romper las múltiples capas de defensa rusas.

Desde que el apoyo occidental a Ucrania disminuyó en medio de luchas políticas internas en Estados Unidos y Kiev comenzó a quedarse sin armas y municiones, las tropas rusas intensificaron la presión a lo largo de la línea del frente de más de 1.000 kilómetros (620 millas), con cientos de miles de soldados voluntarios y armas recién suministradas que reemplazaron las pérdidas iniciales.

Después de capturar el bastión clave oriental de Avdiivka, el mes pasado, Rusia se ha adentrado más en la región de Donetsk mientras Zelenskyy suplica a Occidente que envíe más armas.

Al testificar ante el Senado de Estados Unidos la semana pasada, William Burns, director de la CIA, enfatizó la urgencia de la ayuda militar estadounidense al decir: “Nuestra evaluación es que, con asistencia adicional, Ucrania puede mantenerse firme en la línea del frente a lo largo de 2024 y principios de 2025”.

Sin ella, declaró, “es probable que Ucrania pierda terreno —y probablemente un terreno significativo— en 2024”, y añadió: “Veremos más Avdiivkas”.

El titubeante apoyo occidental ha puesto a Ucrania en una posición cada vez más precaria, dicen los analistas.

“Rusia está ganando impulso en su ataque a Ucrania en medio del estancamiento de la ayuda occidental, lo que hace que los próximos meses sean críticos para la dirección del conflicto”, dijo en un análisis Ben Barry, investigador sénior del International Institute for Strategic Studies (Instituto Internacional de Estudios Estratégicos), un grupo de investigación de seguridad internacional, riesgos políticos y conflictos militares con sede en Londres. “En el peor escenario, partes de la línea del frente de Kiev podrían estar en riesgo de colapsar”.

Putin mostró renuencia cuando se le preguntó hasta qué punto le gustaría adentrarse en Ucrania, pero declaró el lunes después de ganar la altamente orquestada votación que Rusia intentaría crear una “zona sanitaria” para empujar lo suficiente la línea del frente como para proteger el territorio ruso de armas de largo alcance. Algunos miembros de su entorno son menos reticentes y trazan planes para nuevas apropiaciones de tierras.

Dmitry Medvedev, jefe adjunto del Consejo de Seguridad de Rusia, quien ha tratado de ganarse el favor de Putin con frecuentes declaraciones duras, mencionó a Kiev y al puerto de Odesa, en el Mar Negro.

“Ucrania es Rusia”, declaró sin tapujos recientemente, descartando cualquier conversación con el gobierno de Zelenskyy y sugiriendo una “fórmula de paz” que supondría la rendición de Kiev y la anexión de todo el país por parte de Moscú.

Los analistas de defensa rusos están divididos sobre la capacidad de Moscú para perseguir objetivos tan ambiciosos.

Sergei Poletaev, un experto militar que vive en Moscú, dijo que el ejército ruso ha optado por una estrategia de drenar los recursos de Ucrania con ataques a lo largo de la línea del frente con la esperanza de llegar a un punto en el que las defensas de Kiev colapsen.

“Lo que importa es el daño infligido al enemigo, lo que hace que el enemigo se debilite más rápido”, agregó.

Otros señalan que los ataques de Rusia son también costosos para Moscú.

Las fuerzas rusas y ucranianas están atrapadas en un punto muerto que le da a Moscú pocas posibilidades de lograr un avance, opinó Ruslan Pukhov, jefe del Centre for Analysis of Strategies and Technologies (Centro para el Análisis de Estrategias y Tecnologías), un grupo de expertos sobre la industria de la defensa y el comercio de armas con sede en Moscú.

“La defensa ucraniana es muy fuerte y no permite a las tropas rusas lograr más que avances tácticos”, dijo.

Una guerra de desgaste de posiciones de este tipo “podría librarse durante años”, agregó Pukhov, donde ambas partes esperan a que la otra “enfrente cambios internos que resulten en un cambio de política”.