Tom Hanks: una estrella de cine entra en las sombras

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Al propio Tom Hanks le pareció extraño que le ofrecieran el rol del “coronel” Tom Parker para la cinta Elvis, del director Baz Luhrmann. “La primera vez que fui a reunirme con Baz para hablar de Elvis, no entendía por qué rayos quería verme”, comenta el actor.

Por una parte, el tema no le interesaba gran cosa. Y por otra, Hanks es especialista en papeles de tipos buenos. Todo lo opuesto a Parker: un embaucador misterioso que representó (y, según algunos, explotó) al Rey del Rock durante su singular carrera y siempre a cobijo del anonimato. Hanks recuerda haber pensado: “Ni siquiera sé cuál era su aspecto. Nunca oí hablar de él”.

Pese a ello, Hanks se sintió intrigado, y su interés creció cuando comenzó a investigar al mánager. Porque lo que descubrió fue una “mezcla malévola de egoísmo y un dejo de genialidad”.

“El coronel no tenía la menor inclinación artística”, prosigue el actor. “No le gustaba la música, no le interesaban las películas. Solo pensaba en los negocios. Se aseguró de que aquel muchacho no solo tuviera el talento necesario para volverse millonario, sino que lo ayudó a volverse millonario”.

Nacido en 1909, el holandés Andreas Cornelis van Kuijk llegó a Estados Unidos como inmigrante ilegal en 1929. Durante un tiempo se ganó la vida trabajando en circos y espectáculos itinerantes del sur del país, para después convertirse en promotor musical de estrellas country como Eddy Arnold y Hank Snow.

“CORONEL”, UN TÍTULO HONORARIO

En 1944, luego de ayudar al cantante Jimmie Davies a conquistar la gubernatura de Luisiana, Parker fue recompensado con el título honorario de “coronel” de la Guardia Estatal. Y en 1955 entró en contacto con el entonces desconocido Elvis Presley, quien, un año más tarde, saltaría a la fama con el lanzamiento de “Heartbreak Hotel”.

Parker siempre fue un enigma, incluso para los expertos de la industria musical, quienes lo tenían, simplemente, como el tipo corpulento, de acento indescriptible, que se quedaba con 50 por ciento de las vertiginosas ganancias de Elvis, mientras que la comisión promedio para los representantes artísticos oscilaba entre 10 y 15 por ciento.

Pese a lo elevado de la tajada, Hanks dice que Priscilla Presley y Jerry Schilling (amigo personal del fenómeno musical e integrante del séquito conocido como la “mafia de Memphis”) afirmaron que Elvis estaba conforme con el acuerdo.

Después de todo, Parker se hacía cargo de la promoción y la mercadotecnia, algo que ninguno de los allegados a Elvis quería ni podía hacer. Es más, Hanks se enteró de que Parker logró la aceptación del círculo íntimo del cantante.

“Fui [a la entrevista] dispuesto a escuchar historias de horror sobre la perversidad del coronel”, confiesa el actor. “Pero los dos me aseguraron que [Parker] era uno de los hombres más encantadores que jamás hubieran conocido: ‘Divertido, alegre. El alma de todas las fiestas. Y siempre nos cuidó muy bien’.

“¿Fue un malviviente y un tacaño? ¿Hubo pruebas de desfalcos? Indiscutible”, prosigue Hanks. Parker fue un “promotor egoísta, así que no empecemos a imaginarlo como una persona altruista”.

SUEÑOS CUMPLIDOS

A pesar de eso, “hizo realidad hasta los sueños más ambiciosos de Elvis”. Era Parker quien administraba a cuentagotas las presentaciones televisivas de Elvis, asegurándose de que sus admiradores pagaran los boletos de entrada. Fue Parker quien tuvo la idea de producir álbumes de “grandes éxitos” para mantener a Elvis en la atención del público mientras el cantante prestaba servicio en el Ejército.

Y ese mismo Parker desarrolló la lucrativa carrera cinematográfica de Elvis. Ideó sus presentaciones en Las Vegas; y consiguió una de las primeras transmisiones satelitales del mundo, el innovador espectáculo “Aloha from Hawaii via Satellite”, que llegó a un público internacional de más de 1,500 millones de telespectadores.

Tom Hanks
Fuera de escena. Hanks con Austin Butler, estrella de la película ‘Elvis’, durante una proyección especial en Londres, Inglaterra, en mayo de 2022. (Foto: Karwai Tang/Getty)

Tras la muerte del Rey del Rock (1977), Parker siguió siendo su mánager, pese a un dictamen judicial de 1980 que declaró antiética dicha representación. Y así continuó hasta su muerte, ocurrida en Las Vegas en 1997.

¿A qué se debe que una estrella de cine de talla internacional, célebre por sus roles de hombres bondadosos y serios como Forrest Gump, Sully Sullenberger, Jim Lovell y Mister Rogers, haya aceptado el reto de convencer al público de que también es capaz de encarnar a un individuo tan despreciable como Tom Parker?

“Solo acepto un papel si el personaje me resulta fascinante”, explica Hanks. “Ya tengo 66 años, así que accedo a este tipo de roles solo cuando tengo la absoluta certeza de que será una experiencia auténtica. No me interesa hacer el papel de malo solo por hacer el papel de malo”.

“YA ESTOY RESIGNADO”

No obstante, Hanks reconoce la dificultad de hacer que el público vea más allá del “Tom Hanks” convencional. “Hace 66 que despierto cada mañana como Tom Hanks”, prosigue con un dejo de humor. “Ya estoy resignado”.

“Tengo un cierto tipo de cara. Y esas características se ponen de manifiesto en cada una de mis películas. Después de que vi el aspecto y escuché la voz del coronel, me di cuenta de que no podíamos ser más diferentes. Cuando tienes un incentivo como ese, aceptas el papel solo para averiguar si puedes interpretarlo”.

Para encarnar al coronel en la pantalla, Hanks tuvo que usar una nariz protésica y adoptar un acento que desconcertó a algunos críticos.

En cuanto al público, Hanks pide a los espectadores que renuncien a la incredulidad, igual que hacen los actores que interpretan un rol. “Todos debemos hacer pactos con una forma de arte como la cinematografía. El primero es aceptar que estamos viendo una película. Luego, cuando el espectador vea que el mismo tipo aparece una y otra y otra vez, lo que debe hacer es imaginar que está asistiendo a un espectáculo de variedades y que ese tipo es el presentador. En cuanto al actor, me parece que su parte del pacto es ofrecer algo que el público jamás haya visto.

“¿El público me conoce bien? Ya lo creo. Son contadas las estrellas de cine que nos resultan misteriosas, si bien hay algunas un poco más versátiles. Aun así, existe un acuerdo tácito entre el artista y su público, donde el espectador dice: ‘Confío en que me llevarás a lugares en los que no he estado, porque no me has defraudado en otras ocasiones’”.

UNA RELACIÓN COMPLEJA

Hanks agrega que también trató de plasmar los aspectos buenos y malos de la compleja relación entre el excéntrico representante y su excéntrico cliente. Al respecto, señala: “El rol que propuso Baz era completamente desconocido para mí. Sin embargo, acepté el papel porque la mejor manera de hacer una película es explorar los elementos conocidos de una historia y sorprenderte al descubrir muchas otras cosas.

“Otro aspecto de la dinámica que no me interesaba mucho era la del titiritero que dice al artista: ‘No puedes hacer eso; tienes que hacer aquello. No quiero que cantes esa canción, así que vas a cantar esta’. No obstante, tal no fue el caso de la relación entre [Parker y Elvis]”, aclara Hanks.

“Al coronel no le interesaba la canción que Elvis cantaba cuando lo vio por primera vez. Lo que hizo fue tomar nota del efecto que tenía en el público. Y eso es algo que entiendo. No pensó: ‘¡Vaya! Obligaré al muchacho a hacer lo que yo quiero’. Lo que [Parker] hizo fue observar al joven que cantaba en el escenario, desatando crisis histéricas en las mujeres a la vez que despertaba en él un instinto primitivo. Fue eso lo que me resultó fascinante”. N

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(Publicado en cooperación con Newsweek. Published in cooperation with Newsweek).

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