Tik Tok: el scroll infinito que tiene un efecto similar a la cocaína

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El algoritmo con el que funcionan las redes sociales fue construido con el fin de crear una dependencia en el usuario. Según han demostrado de forma posterior varios estudios, la reacción que produce en el cerebro la satisfacción y la recompensa de los likes, va creando en las personas una necesidad que debe ser satisfecha en reiterativo.

De acuerdo con los estudios, acumular muchos likes equivale en el adolescente a la respuesta cerebral obtenida de comer chocolate o ganar mucho dinero.

El grupo más vulnerable a este tipo de mecanismos, es el más joven, por ello, es importante detectar las señales de alerta de la posible adicción a las redes sociales para ayudar a quien la sufra a tener mayor regulación y minimizar la exposición a las redes, antes de que causen un daño irreversible.

Según el informe elaborado por UNICEF Impacto de la Tecnología en la Adolescencia. Relaciones, Riesgos y Oportunidades, 1 de cada 3 adolescentes en España hace un uso problemático de Internet y redes sociales.

Tener una vida off grid, como se dice en el idioma anglosajón, es casi imposible para los adolescentes, pues mucha de su “interacción” social hoy se encuentra en línea, sin mencionar que fue una de las únicas formas de mantenerse en contacto con sus pares durante la pandemia. Sin embargo, sí es posible encontrar un balance entre el uso de los dispositivos móviles y la vida cotidiana.

Cuando el uso constante de las redes sociales se convierte en un comportamiento adictivo tiene un impacto negativo en la salud mental, que puede provocar desde depresión y ansiedad, hasta un bajo rendimiento académico o intenciones suicidas.

En plataformas como Tik Tok, que incluso en China, su país de origen, tienen una restricción de uso que lo limita a 40 minutos diarios, la navegación se magnifica gracias a los “challenges” o retos que se plantean a los usuarios. El FOMO (Fear of missing out) obliga a los jóvenes a estar conectados hasta por 6 horas diarias con tal de no perderse la última novedad.

La característica que ha hecho de la aplicación de videos cortos algo tan atractivo es la función de “scroll infinito”, es decir, los usuarios pueden consumir contenido sin interrupción y sin necesidad de hacer un “clic”, sólo deslizándose por la pantalla. Por eso, “scroll infinito” también es conocido como la “cocaína conductual”.

Esta conducta influye en el estado de ánimo también, pues la percepción de disponibilidad continua y el “tener” que estar siempre en línea y “al día”, está relacionado con sintomatología ansiosa, depresiva y alteraciones del sueño.

¿Cuáles son las señales que indican una adicción a las redes sociales?

Como se mencionó en los primeros párrafos, mantener a los jóvenes lejos de las redes sociales es casi imposible, sin embargo, hay señales que pueden alertar conductas de riesgo y la necesidad de regular su uso.

  • Interfiere en la vida diaria: el uso de las redes sociales se convierte en un obstáculo para las actividades cotidianas, incluso como comer, cumplir con los deberes o hasta asistir a clases.

  • Provoca o alivia el malestar emocional: al convertirse en una dependencia, el uso o ausencia de las redes sociales modifica el estado de ánimo, una señal de alarma inequívoca para tomar acción.

  • Frustración o enojo: cuando la falta de internet o de uso de plataformas digitales es motivo de reacciones violentas, de enojo o de frustración incontenible, es necesario atenderlo como un problema de salud, y no de conducta, pues se trata de algo que no se puede gestionar por las y los usuarios.

Para acercarse a una solución cuando se presentan este tipo de situaciones, es importante reconocer que la conducta de quien la sufre busca solventar una ausencia. Las conductas adictivas de consumo, en este caso de contenido, cumplen una función de satisfacción. Acudir con un especialista ayudará a descifrar qué herramientas pueden ayudar a disminuir el uso de las redes sociales.

La Academia Estadounidense de Pediatría desaconseja el uso de los medios audiovisuales, con excepción de las videoconferencias, a niños menores de 18 meses; para niños de 2 a 5 años de edad, se debe limitar el tiempo de pantalla a una hora al día evitando el uso de redes sociales y con acompañamiento de un adulto.

Para los más grandes, es importante establecer límites de tiempo y de espacios, como por ejemplo, dejar los dispositivos fuera del cuarto por las noches y no usarlo, al menos, una hora antes de la hora de dormir.

Para tratar este tipo de adicciones comportamentales es importante la deshabituación del paciente, que se realiza desde el inicio del tratamiento, con el objetivo de reducir su alto nivel de deseo/necesidad. Una vez logrados estos objetivos se inicia la fase del cambio conductual, donde se favorecen hábitos saludables y de la mejora de las relaciones sociales y familiares.

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