The Dropout: las aterradoras historias reales detrás de la serie que según Marcos Galperin “todo emprendedor debería ver”

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Amanda Seyfried en The Dropout
Amanda Seyfried en The Dropout

Esta nota contiene spoilers de la película The Dropout.

“¡Al diablo con Carryrou!”, coreaban sin tapujos en un episodio de The Dropout los empleados de Theranos arengados por Elizabeth Holmes, la CEO caída en desgracia interpretada por Amanda Seyfried, en el hall de las oficinas de Palo Alto. Se referían al periodista de The Wall Street Journal John Carryrou —Ebon Moss-Bachrach en la ficción— que había publicado un fulminante artículo en el que revelaba las artimañas que ocurrían tras las bambalinas de la revolucionaria compañía de tecnología sanitaria que prometía haber ideado un sistema de extracción y análisis de sangre de bajo costo que sólo requería de unas gotas.

Esta escena de la nueva miniserie de Hulu, que según Marcos Galperin “todo emprendedor debería ver’', es una versión fiel de lo que en realidad ocurrió. “Yo estaba allí”, dice a LA NACION Olga Averkiyeva, que fue técnica médica en la fraudulenta corporación. “Realmente creíamos que intentaban hundirnos, porque si las promesas de Theranos se hubiesen materializado habrían generado un verdadero problema” para una industria de 73.900 millones de dólares dominada por gigantes como Quest Diagnostics y Labcorp.

Pero las promesas de Theranos fueron tan sólo eso. La compañía, que recaudó más de 700 millones de dólares por medio de fondos de inversión de capital riesgo y capitales privados y que alcanzó una valoración de casi 10.000 millones de dólares en su apogeo durante 2013 y 2014, jamás logró desarrollar plenamente la tecnología que tanto presumía y que ya había vendido a Safeway y a Walgreens, la segunda cadena de farmacias más grande de Estados Unidos.

Sus famosas máquinas Edison –que originalmente fueron diseñadas para realizar inmunoensayos, un conjunto de técnicas que buscan la presencia de un anticuerpo o antígeno en la sangre o en los fluidos, y que supuestamente necesitaban de tan sólo un pequeño vial bautizado “nanotainer” para operar– no funcionaban para casi ninguna de las pruebas que ofrecía la empresa y los resultados eran inexactos. Aún así, bajo órdenes de la dirección, los empleados de Theranos —cuyo nombre se deriva de una combinación de las palabras en inglés therapy (terapia) y diagnosis (diagnóstico)— examinaban noche y día como autómatas muestras manipuladas de pacientes reales. Y el resto de las pruebas las analizaban con máquinas convencionales que compraron a Siemens y otras empresas.

“Trabajábamos bajo la impresión de que las nuevas máquinas llegarían pronto… pero eso nunca sucedió. Estuve presente en todas las reuniones con Walgreens y fui testigo de cómo la presión se fue acumulando antes de que todo volara por los aires”, cuenta Averkiyeva, quien renunció en 2016 por las “enormes deficiencias en el control de calidad” de los procesos dentro del laboratorio –interrupciones en la cadena de frío, falsificación de los resultados de los ensayos clínicos, incorrecta manipulación de las muestras–, el mismo año en que los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid (CMS) revocaron el certificado CLIA de Theranos y prohibieron a Holmes, la multimillonaria self made más joven del mundo, ser dueña de un laboratorio por un período de dos años.

La serie narra los escabrosos detalles de la vida de Holmes, una joven con fobia a las agujas y obsesionada con Steve Jobs y Yoda, que en 2003, con tan solo 19 años, abandonó sus estudios en la Universidad de Stanford para fundar Theranos, la infame compañía que luego dirigió junto a su amante y mentor, Ramesh “Sunny” Balwani.

El inédito escándalo que protagonizaron ambos golpeó las entrañas del cautivante mundo del startup en Silicon Valley en un sorprendente caso que incluyó engaños, amenazas, manipulación de datos, fraude, un suicidio, e involucró a personajes de la talla de Larry Ellison, cofundador de Oracle, George Shultz, secretario de Estado de Ronald Reagan, Henry Kissinger, secretario de Estado durante los mandatos de Richard Nixon y Gerald Ford, y Rupert Murdoch, principal accionista de Fox News y del propio Wall Street Journal. (Todos ellos fueron estafados por la joven empresaria).

Elizabeth y Sunny

“Sunny era un completo imbécil. Era maleducado, maltratador y no sabía tomar un no por respuesta. Una vez le envié un email reportando transgresiones en los protocolos sanitarios del laboratorio y me respondió con tanta violencia que tuve que frenar el auto para secar mis lágrimas”, dice Averkiyeva sobre el exdirector de operaciones de Theranos, al mismo tiempo que revela que se enteró de que estaba en pareja con Holmes por la serie. “No lo podía creer”.

“Cuando las cosas iban bien, Sunny era social y amigable. Pero su personalidad podía volverse muy volátil muy rápidamente”, agrega Alice, una antigua técnica de laboratorio que habló con LA NACION bajo un pseudónimo por miedo a represalias. “Fue traumático, las personas aún tienen miedo de hablar”, dice.

Amanda Seyfried en The Dropout
Amanda Seyfried en The Dropout


Amanda Seyfried en The Dropout

En cambio Holmes, una mujer excéntrica que constantemente intentaba cambiar el tono de su voz para que pareciera más grave, “era amable y sonriente aunque el tiempo demostró que no tenía la más mínima idea de cómo manejar un laboratorio”, asegura Averkiyeva, quien participó del proyecto por el cual se crearon aproximadamente 40 centros de bienestar en las farmacias de Walgreens, en los cuales estaba previsto que los clientes reciban un pequeño pinchazo en el dedo, una experiencia mucho más amena que el análisis de sangre tradicional.

“El culto a la personalidad de Elizabeth era real. La gente quería trabajar tan duro como ella para impresionarla. La gente creía en ella y era muy apreciada antes de todo lo que ya sabemos que pasó”, añade Alice, que fue una de las encargadas de montar un nuevo laboratorio en Arizona.

Jurassic Park y Normandía

Ambas mujeres se postularon para trabajar en Theranos porque creían que la tecnología que Holmes decía haber inventado podía revolucionar el futuro de la medicina. Estaban ilusionadas, querían “ser parte del cambio”. Pero se equivocaron. Rápidamente comenzaron a notar inconsistencias que luego se transformaron en faltas graves.

“Cuando se me concedió pleno acceso a la unidad de almacenamiento del laboratorio de California leí que en sus procedimientos operativos estandarizados (POE) mencionaban la dilución de las muestras [una práctica que altera los resultados]”, cuenta Alice, quien luchó durante meses para lograr que le garantizaran el acceso ya que el secretismo era parte de la cultura de la compañía; los empleados no podían almorzar con compañeros de otros equipos, se desalentaba la comunicación entre los distintos departamentos, “algo que dificultaba enormemente el trabajo”, y se incentivaba a delatar a aquellos que hacían demasiadas preguntas.

“Ahora sabemos por qué”, acota Averkiyeva.

Olga Averkiyeva, ex empleada de Theranos
Olga Averkiyeva, ex empleada de Theranos


Olga Averkiyeva, ex empleada de Theranos

En las oficinas de Palo Alto había dos laboratorios: los llamaban Jurassic Park y Normandía. En el primero operaban con máquinas viejas marca Siemens, Diasorin y Beckman Coulter, que son las que convencionalmente se utilizan para los análisis de sangre, de ahí el nombre. Este laboratorio supuestamente era de “transición”, y el equipo viejo eventualmente sería reemplazado por las Edison. “Me parecía engañoso que anunciaran los nanotainers cuando mucha gente seguía haciéndose las pruebas de forma convencional. Pero la estrategia publicitaria estaba fuera de mi alcance”, explica Alice.

Detrás de unas puertas gruesas custodiadas por guardias de seguridad y con un código de acceso y ventanas tapiadas estaba Normandía, donde supuestamente ocurría la magia. O al menos eso creían.

“Cuando revisaba los informes de laboratorio (que hacía cientos por turno) me daba cuenta de que, en general, los resultados de electrolitos que eran anormales parecían proceder de los dispositivos Edison. Cuando analizábamos los electrolitos en Arizona con equipos convencionales, nos dábamos cuenta de las tendencias y volvíamos a realizar las pruebas para verificar los valores anormales. Pero siempre me preguntaba cómo la extracción de sangre por punción digital no se contaminaba con el sudor, y en Arizona literalmente no podía hacer más calor. Así que temía cada vez que tenía que ver esos resultados. Sin embargo, no me correspondía a mí dar el visto bueno a los mismos, porque ya habían sido publicados por el personal de California”, cuenta la antigua técnica de laboratorio.

Más aún, el clima de trabajo era “tóxico”, trabajaban sin descanso largas horas y a veces los obligaban a permanecer varios turnos seguidos. “Había una paranoia extrema, un miedo persistente a ser despedido y la sensación de que todo el tiempo te estaban vigilando”, dice Averkiyeva a la vez que compara a los guardias de seguridad con la Gestapo. “Día por medio llegaban, tomaban a alguien de los hombros y lo escoltaban afuera sin dejarlo despedirse ni agarrar sus pertenencias, como se ve en la serie”, agrega la antigua técnica médica, quien recibió amenazas por parte de Recursos Humanos el día que renunció para que no “abriera la boca”.

Pero lo que más les preocupaba a ambas empleadas era la incompetencia. “Procuraron eliminar a las personas curiosas e inteligentes, y llenaron los laboratorios de personas amables y complacientes, pero sin conocimiento alguno ni experiencia”, explica Averkiyeva.

Ninguna de las dos mujeres llegó a conocer a Erika Cheung o Tyler Shultz –nieto de George Shultz–, dos antiguos empleados de la corporación que se convirtieron en los principales delatores de las mentiras de Theranos y en piezas clave en la caída del unicornio. Shultz proporcionó información valiosa a Carryrou y Cheung reportó las fallas en los laboratorios a los CMS. Ambos fueron acosados, amenazados y vigilados. Ni Alice ni Averkiyeva se sorprendieron al conocer la historia completa.

Tyle Shultz y Erika Cheung, principales delatores de Theranos
Tyle Shultz y Erika Cheung, principales delatores de Theranos


Tyle Shultz y Erika Cheung, principales delatores de Theranos

Final de una crónica anunciada

Luego de las sanciones de CMS, Theranos anunció que cerraría sus laboratorios y centros de bienestar para trabajar en máquinas miniatura de pruebas médicas. “Lo que realmente apestó fue cuando Elizabeth fue a la Asociación Americana de Química Clínica (AACC) y presentó el concepto de ‘Minilab’ y lo discutió como si no tuviera valor tener un laboratorio centralizado. Por un lado, suena muy bien poder analizar tu propia sangre en casa. Pero por otro, los científicos de los laboratorios médicos son absolutamente necesarios para calibrar los analizadores, garantizar el control de calidad, asegurar la integridad de las muestras y verificar los resultados. Eso fue en agosto de 2016, y fue entonces cuando me di cuenta de que Theranos no iba a volver del borde del desastre”, dice Alice.

Más tarde, Walgreens terminó su contrato y presentó una demanda por incumplimientos de contrato continuos. La demanda fue resuelta fuera de la corte, con la compensación por parte de Theranos a la cadena de farmacias de una suma mucho menor a los 140 millones de dólares exigidos, reportada en alrededor de 30 millones de dólares.

Elizabeth Holmes
NurPhoto


Elizabeth Holmes (NurPhoto/)

En marzo de 2018, Holmes y Balwani fueron acusados de fraude masivo por la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC). Una sección de la denuncia dice que Holmes afirmó falsamente en 2014 que la compañía tenía ingresos anuales de 100 millones de dólares, mil veces más que la cifra real de 100.000. La ex CEO acordó resolver los cargos en su contra: pagó una multa de 500.000 dólares, devolvió los 18,9 millones de acciones restantes que tenía, abandonó su control de la compañía y aceptó ser excluida de ser oficial o directora de cualquier compañía pública por diez años. Según el acuerdo, si se adquiriera o se liquidara Theranos, Holmes no sería beneficiaria de su propiedad hasta que se retornaran más de 750 millones de dólares a los inversionistas y otros accionistas principales.

Unos meses después, el Fiscal de Estados Unidos del Distrito Norte de California anunció la acusación de Holmes y Balwani por fraude electrónico y cargos de conspiración. Theranos dejó de operar el 31 de agosto de 2018. El juicio estaba previsto que comenzara en agosto de 2020, pero se retrasó debido a la pandemia y al embarazo de Holmes, fruto de su relación con Billy Evans, heredero de una cadena hotelera. Finalmente Holmes fue declarada culpable de cuatro cargos el 3 de enero de 2022. Será condenada el 26 de septiembre de este año. Se enfrenta a una pena máxima de 20 años de prisión.

“Basado en hechos reales” es una serie de notas que describe el contexto histórico detrás de ficciones internacionales. En este link podrás acceder a todos los artículos.

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