¿Por fin ha terminado la era de la limpieza excesiva?

Emily Anthes
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Una habitación de hotel es desinfectada en Long Beach, Washington, el 11 de junio de 2020. (Celeste Noche/The New York Times)
Una habitación de hotel es desinfectada en Long Beach, Washington, el 11 de junio de 2020. (Celeste Noche/The New York Times)

Cuando el coronavirus comenzó a propagarse en Estados Unidos la primavera pasada, muchos expertos advirtieron del peligro que representaban las superficies. Los investigadores informaron que el virus podía sobrevivir durante días en el plástico o el acero inoxidable y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés) de Estados Unidos advirtieron que si alguien tocaba una de estas superficies contaminadas y luego se tocaba los ojos, la nariz o la boca podía contagiarse.

Los estadounidenses respondieron en el mismo tenor, lavaron los comestibles, pusieron en cuarentena el correo y compraron todas las toallitas Clorox hasta vaciar los estantes de las farmacias. Facebook cerró dos de sus oficinas para hacer una “limpieza profunda”. La Autoridad Metropolitana del Transporte de Nueva York comenzó a desinfectar los vagones del metro todas las noches.

No obstante, la era del “teatro de la higiene” puede haber llegado a su fin extraoficial esta semana, cuando los CDC actualizaron sus lineamientos de limpieza de superficies y señalaron que el riesgo de contraer el virus por tocar una superficie contaminada era inferior a 1 entre 10.000.

“Las personas pueden contagiarse del virus que causa el COVID-19 a través del contacto con superficies y objetos contaminados”, señaló Rochelle Walensky, directora de los CDC, en una reunión informativa en la Casa Blanca el lunes. “Sin embargo, las pruebas han demostrado que el riesgo de transmisión por esta vía es muy bajo”.

Los científicos aseguran que se esperaba este reconocimiento desde hace mucho tiempo.

“Por fin”, dijo Linsey Marr, experta en virus transmitidos por el aire que trabaja en Virginia Tech. “Lo sabemos desde hace mucho tiempo y, sin embargo, la gente sigue centrándose mucho en la limpieza de las superficies”. Agregó: “En realidad no hay pruebas de que nadie se haya contagiado de COVID-19 por tocar una superficie contaminada”.

Durante los primeros días de la pandemia, muchos expertos creían que el virus se propagaba principalmente a través de gotas respiratorias grandes. Estas gotas son demasiado pesadas para viajar largas distancias por el aire, pero pueden caer sobre objetos y superficies.

Un "especialista en desinfección" limpia un bolígrafo en un Applebee's Grill and Bar en Westbury, Nueva York, el 24 de junio de 2020. (Hiroko Masuike/The New York Times)Una habitación de hotel es desinfectada en Long Beach, Washington, el 11 de junio de 2020. (Celeste Noche/The New York Times)
Un "especialista en desinfección" limpia un bolígrafo en un Applebee's Grill and Bar en Westbury, Nueva York, el 24 de junio de 2020. (Hiroko Masuike/The New York Times)Una habitación de hotel es desinfectada en Long Beach, Washington, el 11 de junio de 2020. (Celeste Noche/The New York Times)

En este contexto, parecía lógico centrarse en el lavado de todas las superficies. “Estamos más familiarizados con la limpieza de superficies”, dijo Marr. “Sabemos cómo se hace. Puedes ver a la gente haciéndolo y ves la superficie limpia. Por eso creo que la gente se siente más segura”.

No obstante, en el último año ha quedado cada vez más claro que el virus se propaga por el aire principalmente (tanto en gotas grandes como en pequeñas, que pueden permanecer suspendidas en el aire durante más tiempo) y que limpiar las manijas de las puertas y los asientos del metro no contribuye a mantener a la gente a salvo.

“El sustento científico de toda esta preocupación por las superficies es muy escaso, casi nulo”, afirmó Emanuel Goldman, microbiólogo de la Universidad de Rutgers, que escribió el verano pasado que el riesgo de transmisión por superficies se había exagerado. “Este es un virus que se contrae al respirar. No es un virus que se adquiera al tocarlo”.

Los CDC han reconocido anteriormente que las superficies no son la vía de propagación principal del virus, pero las declaraciones que hizo la agencia esta semana fueron aún más lejos.

“Lo más importante de esta actualización es que le están comunicando al público de manera clara el riesgo real y reducido de las superficies, lo cual no es un mensaje que se haya comunicado con claridad durante el último año”, señaló Joseph Allen, experto en seguridad de edificios de la Escuela de Salud Pública T. H. Chan de la Universidad de Harvard.

Comentó que, en teoría, sigue siendo posible contraer el virus a través de las superficies, pero se necesitan muchos elementos para que suceda: que se depositen muchas partículas víricas frescas e infecciosas en una superficie y que una cantidad relativamente grande de ellas se transfiera rápidamente a la mano de una persona a su rostro. “La presencia del virus en una superficie no es sinónimo de riesgo”, dijo Allen.

Aun así, los lineamientos sugieren que si alguien que tiene COVID-19 ha estado en un espacio concreto en las últimas 24 horas, la zona debe limpiarse y desinfectarse.

“La desinfección solo se recomienda en espacios interiores, escuelas y hogares, en los que haya habido un caso sospechoso o confirmado de COVID-19 en las últimas 24 horas”, afirmó Walensky durante la sesión informativa de la Casa Blanca. “Además, en la mayoría de los casos, la nebulización, fumigación y pulverización de un área amplia o electrostática no se recomiendan como método principal de desinfección y tienen varios riesgos de seguridad que se deben tener en cuenta”.

Allen dijo que los funcionarios de escuelas y empresas con los que ha conversado esta semana expresaron su alivio por los lineamientos actualizados, que les permitirán reducir algunos de sus regímenes de limpieza intensa. “Esto libera a muchas organizaciones y les permite gastar ese dinero de mejor manera”, dijo.

Las escuelas, las empresas y otras instituciones que quieran mantener la seguridad de las personas deben transferir su atención de las superficies a la calidad del aire, dijo, e invertir en una mejor ventilación y filtración.

“Esto debería terminar con la limpieza excesiva”, señaló Allen y apuntó que el enfoque equivocado en las superficies ha tenido costos reales. “Ha provocado que se cierren las áreas de juego, que se retiren las redes de las canchas de baloncesto y que se pongan en cuarentena los libros de la biblioteca. Ha hecho que se pierdan días enteros de clase para hacer una limpieza a fondo y que no se pueda compartir un lápiz. Así que todo ese teatro de la higiene es el resultado directo de no clasificar la transmisión por superficies de manera adecuada como de bajo riesgo”.

This article originally appeared in The New York Times.

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