Los teléfonos inteligentes son como los autos; así que, ¿por qué no les damos mantenimiento?

Remplazar nuestros teléfonos inteligentes de manera regular tiene un impacto en nuestros bolsillos y en el ambiente. Deberíamos mejor cuidar de ellos como lo hacemos con nuestros autos. (Derek Abella/The New York Times)
Remplazar nuestros teléfonos inteligentes de manera regular tiene un impacto en nuestros bolsillos y en el ambiente. Deberíamos mejor cuidar de ellos como lo hacemos con nuestros autos. (Derek Abella/The New York Times)

Un teléfono inteligente no es tan diferente de un auto. Cuando los padres consideran que sus hijos tienen la edad adecuada y son suficientemente responsables, es posible que les dejen tener uno. Hay varias formas de pagar por él: comprarlo de contado, financiarlo o arrendarlo. Y como los vehículos, los modelos de celulares se han vuelto casi indistinguibles de un año al próximo.

No obstante, hay una gran diferencia entre los autos y los teléfonos móviles o al menos en cómo la gente los trata. Los propietarios de un auto llevan su vehículo a un taller para que reciban servicios y reparaciones conforme se necesiten. Sin embargo, cuando algo tan básico y poco costoso como la batería del celular comienza a degradarse, la gente en general remplaza el dispositivo completo.

Kyle Wiens, el director ejecutivo de iFixit, un sitio web que publica instrucciones para reparar aparatos electrónicos, comentó: “Cualquier persona sabe que las llantas de tu auto se desgastan y necesitas remplazarlas. Hay un delirio psicológico acerca de no tener que hacer el mantenimiento de aparatos electrónicos como lo hacemos con los autos”.

Lo que da como resultado que la cantidad de tiempo promedio que la gente posea un auto antes de remplazarlo, alrededor de ocho años, hace lucir insignificante el tiempo antes de un cambio de teléfono, alrededor de tres años y medio. Sin embargo, con ciertos cuidados, la vida de un buen teléfono puede extenderse hasta seis años.

Cambiar de celular con frecuencia es costoso para nuestros bolsillos, pero aún más para el ambiente. La fabricación de un teléfono, que se compone de por lo menos 70 materiales, utiliza mucha energía y a menudo se lleva a cabo en países donde la producción de electricidad resulta en altas emisiones de carbono, según expertos en diseño industrial.

Deberíamos hacer una pausa y preguntarnos por qué cambiamos de teléfono antes de que sea necesario.

Resulta que existe investigación abundante en este tema. Algunos elementos (tales como el alto costo de hacer algunas reparaciones) están fuera de nuestro control. Sin embargo, una gran razón es solo conductual. Entender la psicología de por qué nos decantamos por remplazar nuestro teléfono puede estar relacionada de manera intrínseca con modificar nuestros hábitos para ahorrar dinero y reducir nuestro consumo, según académicos.

Un estudio de 2021 efectuado por la Universidad de Tecnología Delft encuestó a 617 personas en Europa occidental que habían remplazado hace poco su teléfono inteligente y otros productos. Se les preguntó cuánto tiempo tuvieron su celular anterior antes de cambiarlo y su razón para hacerlo; a las personas con teléfonos descompuestos o que funcionaban mal se les preguntó si habían considerado una reparación.

La razón más común que dieron para remplazar un celular fue la pérdida de desempeño, como software más lento o una batería degradada. Solo el 30 por ciento de aquellos que mencionaron que tenían un teléfono que funcionaba mal de manera parcial (como una batería que se drena con rapidez) comentaron que habían considerado repararlo.

La segunda razón más común que aducieron para cambiar de teléfono fue simplemente sentir que era tiempo de adquirir uno nuevo.

Ruth Mugge, una profesora de Diseño en Delft y una de las autoras del estudio, indicó que había una percepción errónea entre las personas de que tres años y medio era el tiempo máximo que un teléfono puede durar (incluso entre personas cuyos teléfonos todavía funcionaban después de ese lapso).

Mugge opinó que esta creencia está moldeada por un entorno que detona una urgencia a cambiar de modelo. Uno debido al impulso mercadotécnico de los operadores celulares, quienes envían correos electrónicos para recordarte que puedes llevar tu teléfono viejo y recibir crédito para comprar uno nuevo. Otro debido a la presión entre pares, ya que las amistades y colegas cambian sus teléfonos al cabo de algunos años.

Mugge declaró: “Si te quedas con el mismo durante mucho tiempo, las personas podrían considerarte un poco raro”.

Otro motivante hacia cambiar de teléfono es más difícil de entender: hay pocos incentivos para que las personas hagan reparaciones. Eso porque los celulares, sellados de manera hermética con pegamento y tornillos diminutos, son difíciles de arreglar para la persona promedio y las partes pueden ser caras.

Un estudio de Consumer Reports descubrió que las personas quieren reparar sus teléfonos móviles cuando se descomponen, pero que enfrentan obstáculos. Entre las personas que afirmaron que su teléfono había comenzado a descomponerse en los últimos cinco años, el 25 por ciento intentó llevar a reparar el celular, pero acabó por remplazarlo, mientras que solo el 16 por ciento logró reparar el teléfono. El resto siguió usando el teléfono sin tratar de repararlo o solo lo remplazó.

Así que, ¿qué podemos hacer? Para empezar, puedes tratar tu teléfono más como si fuera tu auto. Si tu celular todavía funciona en general, puedes cuidar de él al hacer mantenimiento básico como remplazar la batería.

Otro motivante pueden ser las cuentas. Por alrededor de 70 dólares, puedes remplazar la batería de tu teléfono en un taller de reparación, que la hace relativamente efectiva en costo. Digamos que en dos años, cambias tu teléfono de 800 dólares por 300 dólares en crédito para el nuevo modelo de 800 dólares. Eso equivale a gastar 500 dólares en un celular cada dos años; a lo largo de ocho años, habrás gastado 2800 dólares en teléfonos. En cambio, si continúas con un teléfono de 800 dólares y remplazas dos baterías por 70 dólares cada una, habrás gastado 940 en el mismo periodo. Para muchos, en especial familias con muchos celulares, eso suma un gran ahorro.

Lee Vinsel, autor de “The Innovation Delusion”, un libro acerca de cómo nuestra obsesión con lo nuevo ha matado el arte del mantenimiento, comentó que también puedes recordarte a ti mismo practicar el autocontrol cuando los anuncios de los teléfonos nuevos aparezcan en televisión o lleguen a la bandeja de entrada de tu correo electrónico. Eso también incluye resistirse a la urgencia de juzgar a otros que no tienen los dispositivos más recientes.

Vinsel aseveró: “Es necesario que ocurra un cambio cultural. Necesitamos dejar de ser seducidos por la expectativa y solo pensar en las cosas más importantes, incluyendo el ambiente”.

© 2022 The New York Times Company