La ciencia encuentra la forma de arreglar un corazón roto

Miguel Artime
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Científicos australianos descubren un remedio para curar el síndrome del corazón roto. (Imagen creative commons vista en Pixabay).
Científicos australianos descubren un remedio para curar el síndrome del corazón roto. (Imagen creative commons vista en Pixabay).

En ocasiones hay mucha más verdad de la que suponemos tras una frase dicha en sentido figurado. La manida expresión “le dejó el corazón roto” que todos hemos usado poéticamente para referirnos a personas sometidas a un alto nivel de estrés emocional (debido a una ruptura sentimental por ejemplo) es un claro exponente de este fenómeno Y es que en realidad existe un tipo de miocardiopatía temporal, a menudo provocada por situaciones estresantes y emociones extremas, que puede desencadenar en una afección cardíaca seria (que en ocasiones puede llegar hasta el punto de requerir cirugía).

Este mal, que causa un debilitamiento del ventrículo izquierdo (la cámara principal de bombeo en el corazón) recibe el nombre técnico de miocardiopatía por estrés tipo Tako-Tsubo (ya que fue descrita por primera vez en Japón en la década de 1990). No obstante, mucha gente se refiere a él como síndrome del corazón roto.

Lo malo de este tipo de disfunción, es que se caracteriza por mostrar síntomas muy similares a los de un infarto de miocardio (principalmente dolor en el pecho, latidos irregulares y dificultad para respirar). Aunque su pronóstico suele ser benigno, en uno de cada 5 casos se pueden producir complicaciones. No conviene pues tomárselo poco en serio, refiriéndose a él con esa expresión tan española de “soponcio”, ya que por desgracia la mortalidad intrahospitalaria asociada a este mal ronda el 5%.

Aunque todo eso puede cambiar, si se confirman las buenas noticias que nos llegan desde la Universidad Monash de Melbourne (Australlia), donde un equipo de investigadores acaba de publicar las conclusiones de un estudio con ratones muy prometedor. Si este se confirma, y los resultados pueden extrapolarse a humanos, tal vez en un futuro cercano nuestros médicos tengan por primera vez un fármaco con el que prevenir y revertir los daños causados al corazón por el síndrome de Tako-Tsubo.

Otro de los aspectos positivos del trabajo es que los buenos resultados se han obtenido con un fármaco que ya existe llamado ácido suberanilo hidroxámico (o SAHA) que se emplea en el tratamiento de algunos cánceres. Su uso mejoró de forma drástica la salud cardíaca de los ratones empleados en el estudio, llegando a revertir los efectos del síndrome del corazón roto.

Por lo que puedo leer, el SAHA actúa proporcionando un efecto protector a los genes, y en particular al así llamado índice de acetilación / desacetilación (Ac/Dc), un proceso importante que regula la expresión génica.

En palabras del profesor Sam El Osta, líder del equipo responsable del estudio: “Mostramos por primera vez un fármaco que ejerce un beneficio preventivo y terapéutico importante en el mantenimiento de la salud cardíaca. El fármaco no solo ralentiza el daño, sino que también revierte aquellos daños causados por el estrés en el corazón”.

Si bien el objetivo del estudio era simplemente comprender mejor el mecanismo regulador, y por tanto habrá que esperar antes de que comencemos a tratar a enfermos humanos con este fármaco, sin duda se trata de un primer paso muy prometedor ya que describe un nuevo estándar dirigido a los genes del corazón.

Curiosamente, en los países occidentales existe una disfunción de género muy acusada, ya que este mal afecta casi exclusivamente a mujeres, especialmente tras la menopausia. De hecho, existen nuevos trabajos de investigación que sugieren que hasta el 8% de los casos en que una mujer sospecha que está sufriendo un infarto, se deben a este síndrome.

¿Es o no es una buena noticia? Confío en que más pronto que tarde, cuando alguien se arranque por Alejandro Sanz, cantando eso de “¿Quién me va a curar el corazón partío?” Todos podremos decirle: "el SAHA".

El trabajo del equipo de El Osta, publicó sus conclusiones en la revista Nature / Signal Transduction and Targeted Therapy.

Me enteré leyendo Medicalxpress.com

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