Retrospectiva de los premios Oscar: Un éxito agridulce para Halle Berry

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Halle Berry casi se había descartado a sí misma.

Era una noche fría de marzo en Hollywood, en 2002, y estaba emocionada por haber sido nominada a su primer premio Oscar, en la categoría de mejor actriz, por su papel de camarera que tiene un romance con el verdugo de su marido condenado en el oscuro drama de Marc Forster “El pasado nos condena”.

Con rivales como Nicole Kidman (“Moulin Rouge”), Judi Dench (“Iris”), Sissy Spacek (“Crimen imperdonable”) y Renée Zellweger (“El diario de Bridget Jones”), Berry era la séptima actriz afroamericana nominada. Una victoria la llevaría a los anales de la historia como la primera ganadora de raza negra.

Sin embargo, Berry nunca pensó que fuera a suceder.

“En aquellos días, si no ganabas el Globo, no conseguías el Oscar”, comentó Berry, de 55 años, en una conversación telefónica reciente, refiriéndose al Globo de Oro que había perdido frente a Spacek. “Así que más o menos me había resignado a creer esto: ‘Es genial estar aquí, pero no voy a ganar’”.

No obstante, el entonces ganador del año anterior, Russell Crowe, abrió el sobre y leyó su nombre, y la cámara se acercó a su rostro lloroso y sorprendido. Se tomó un momento para recobrar la compostura, y luego se dirigió al escenario con su ya icónico vestido de Elie Saab, con una voluminosa cola de color burdeos arrastrándose tras ella, mientras los aplausos seguían, seguían y seguían.

“Dios mío”, fueron sus primeras palabras cuando por fin tuvo aliento suficiente para hablar, con lágrimas aún recorriendo sus mejillas y las manos temblando al tomar la estatuilla. No había preparado un discurso. Tampoco tenía una lista de personas a las que dar las gracias.

“No tengo ningún recuerdo del momento”, aseguró Berry. “Ni siquiera sé cómo llegué ahí. Fue un momento de apagón total. Lo único que recuerdo es a Russell Crowe diciendo: ‘Respira, amiga’. Y luego tenía una estatua de oro en la mano, y simplemente empecé a hablar”.

Dedicó el momento a Dorothy Dandridge, que en 1955 se convirtió en la primera mujer afroamericana nominada a mejor actriz (por “Carmen Jones”), y a otras nominadas afroamericanas anteriores como Diahann Carroll y Angela Bassett.

“Este momento es mucho más grande que yo”, dijo Berry a la multitud, y añadió: “Es para cada mujer de color sin nombre y sin rostro que ahora tiene una oportunidad porque se ha abierto una puerta esta noche”.

En un momento dado, miró hacia el balcón y vio a Sidney Poitier, que en 1964 se convirtió en el primer hombre negro en ganar un Oscar al mejor actor, por “Los lirios del valle”, y que estaba allí esa noche para recibir un premio honorífico.

“Fue muy especial tenerlo ahí”, relató Berry en una entrevista, semanas después de que él muriera en enero a los 94 años. “Él y Dorothy Dandridge me permitieron soñar fuera de mi propio patio y creer que una pequeña niña negra de Cleveland podía lograrlo”.

Cuando la orquesta le indicó que terminara después de casi tres minutos, se resistió.

“Han pasado 74 años”, dijo en el escenario, refiriéndose a todas las ceremonias en las que una actriz blanca había ganado el premio. “Tengo que tomarme este tiempo”. (Sería una noche de largos discursos, que se convertirían en los Oscar más largos de la historia, con 4 horas y 23 minutos).

Instantes después, la noche volvió a ser parte de los libros de historia: Denzel Washington se convirtió en el segundo hombre afroamericano en ganar el premio al mejor actor, por su papel de policía corrupto en “Día de entrenamiento”, convirtiendo la ceremonia de 2002 en la primera —y única— ocasión en que los dos principales premios de interpretación fueron para actores de color.

Pero en los veinte años transcurridos desde aquella noche, solo otros doce intérpretes negros han ganado el Oscar. Aunque dos hombres —Jamie Foxx y Forest Whitaker— se han sumado a las filas de los ganadores afroamericanos del premio al mejor actor, ninguna otra mujer negra ha sido nombrada mejor actriz, y tuvieron que pasar ocho años desde la victoria de Berry para que otra mujer negra fuera siquiera nominada en la categoría (Gabourey Sidibe por “Preciosa” en 2010).

“No se abrió la puerta”, dijo Berry. “El hecho de que no haya otra ganadora es desgarrador”.

Mia L. Mask, profesora de cine en el Vassar College y autora de “Divas on Screen: Black Women in American Film”, dijo que la victoria de Berry fue especialmente notable porque se produjo en medio de una escasez de papeles de calidad para los hombres negros, y aún más para las mujeres negras.

“Para que una mujer de color gane, la película tiene que ser una buena película y satisfacer la sensibilidad de los miembros de la academia”, explicó. “Y la actuación tiene que ser buena”.

Berry dijo que, si bien celebró su victoria histórica, estaba decidida a no dejar que eso cambiara los tipos de papeles que aceptaba.

“Tienes que mantenerte fiel a lo que sea que te haya llevado a ese lugar para obtener ese premio”, señaló. “Y, para mí, fue tomar riesgos y hacer cosas fuera de lo común”.

Pero, enfatizó Berry, el hecho de que ninguna afroamericana haya ganado el máximo premio de actuación de la academia para mujeres en las últimas dos décadas no debería quitarle nada a mujeres como Lena Waithe y Viola Davis, que están produciendo un “trabajo milagroso y maravilloso”.

“No siempre podemos juzgar el éxito o el progreso por la cantidad de premios que tenemos”, afirmó. “Los premios son la cereza del pastel, son tus compañeros diciendo que estuviste excepcionalmente excelente ese año, pero ¿eso significa que si no recibimos el visto bueno excepcionalmente excelente, no fuimos geniales y no tendremos éxito, y no estamos cambiando el mundo con nuestro arte, y nuestras oportunidades no están creciendo?”.

Incluso más importante que la estatuilla en su dormitorio, dijo Berry, es el trabajo que ha podido hacer en los años posteriores. Hace poco dirigió su primera película, el drama de artes marciales mixtas “Herida”, que comenzó a transmitirse en Netflix en noviembre.

“¿Hace veinte años, habría habido una mujer negra que dirigiera una película sobre el género de lucha?”, se preguntó. “No creo que pudiera siquiera haber considerado esa idea. Eso es una prueba para mí de que las cosas están cambiando”.

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