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Los republicanos han adivinado lo que quieren los votantes. ¿Pueden los demócratas hacer lo mismo? | Opinión

Si usted dirigiera un restaurante y a nadie le gustara lo que sirve, ¿qué haría? ¿Seguir sirviendo la misma bazofia mientras regaña a los clientes por su mal gusto? ¿O cambiar el menú? Este es el dilema que enfrenta el Partido Demócrata de la Florida (FDP) después de un desastroso ciclo de elecciones intermedias, que llevó a la dimisión del presidente del partido Manny Díaz este mes.

No es culpa de Díaz que se viera obligado a vender candidatos poco apetecibles. Estaba cautivo de un ala ultraprogresista que insiste en rechazar el pragmatismo a cada paso. Aun así, hará falta un liderazgo fuerte del próximo presidente del FDP para corregir el rumbo, y tiene que ocurrir rápidamente antes de que el estatus de “estado rojo” de la Florida se vuelva autosostenible.

A pesar de lo que muchos demócratas quieren creer, la victoria por 19 puntos del gobernador DeSantis no es simplemente una declaración sobre su marca personal. Las encuestas a pie de urna mostraron que DeSantis se ganó a los latinos en el estado por 13 puntos, una colosal oscilación de 20 puntos por encima de Trump en 2020. DeSantis también se ganó a los independientes de la Florida, a quienes Trump perdió por 11 puntos aunque aun así ganó el estado.

Los pequeños cambios estadísticos pueden atribuirse al estilo personal de un candidato, pero cifras de esta magnitud tienen que ver con algo más profundo. Señalan que los principales electores demócratas ya no se sienten atraídos por lo que su partido sirve, independientemente de quién lo sirva, y les gusta lo que los republicanos han puesto en el menú.

No dividir a la gente

Los floridanos nuevos y viejos, rojos y azules, tienen claro lo que quieren: calles seguras con una policía empoderada, escuelas que escuchen a los padres, capitalismo por encima de socialismo y fronteras controladas. El FDP pudiera contratar a Barack Obama como su próximo presidente, y si sus candidatos siguieran desatendiendo estas necesidades, fracasarían igual.

Consideremos que durante toda la campaña de 2022, los candidatos demócratas de la Florida dedicaron gran parte de su tiempo publicitario a criticar una economía estatal en auge. Esto no hizo amigos entre los votantes a quienes les gusta el empleo. También dedicaron tiempo a dividir a sus clientes según líneas superficiales –negros, homosexuales, pobres, etc.–, perdiendo la oportunidad de centrarse en lo que une a todos los floridanos para “inclinarse por los demócratas”.

Son errores no forzados. Los demócratas pueden estar a favor de la gente y de los negocios al mismo tiempo, como lo estuvieron alguna vez. Pueden defender el Sueño Americano a través del capitalismo, las comunidades seguras, las fronteras fuertes y el control parental, como hicieron alguna vez, sin dejar de establecer una clara distinción con los republicanos. El FDP debería escuchar a los clientes como hizo Bill Clinton en 1992 y volver a ser el partido que celebra el éxito, se opone a la delincuencia, cree en una reforma inteligente de la inmigración y está del lado de los padres.

Esto no ocurrirá por sí solo. Hará falta que el nuevo presidente del FDP se enfrente a los demócratas progresistas, cuyo producto atrae a una clientela muy reducida que, a su vez, aliena al mercado más amplio. A los medios dominantes, a los cuales los republicanos ignoran, les encanta destacar estos puntos de vista izquierdistas por los clics y los ingresos publicitarios, pero la atención se produce a expensas del éxito demócrata.

Los demócratas tienen una oportunidad

La Florida sigue siendo un estado morado, pero depende de los demócratas que siga siéndolo. El adagio es cierto: Como va la Florida, va la nación. Esto se debe a que nuestro estado es un microcosmos de Estados Unidos. Miami es la “nueva Nueva York”, que representa el sueño americano para muchos, ya sean inmigrantes del sur o habitantes del noreste que huyen de ciudades cada vez más caóticas. Todo el estado, lejos del tradicional estado rojo, es un crisol de personas de todo el país y del mundo.

Si los demócratas quieren seguir ganando a nivel nacional, deben ganar aquí. Dejando a un lado las preocupaciones nacionales, una Florida sana siempre requerirá dos partidos sanos. Los votantes quieren una alternativa a la agenda republicana de guerra cultural, que difiera en las cosas que importan –los derechos de los trabajadores, una red de seguridad social fuerte y la defensa del medio ambiente– sin abandonar el patriotismo, el capitalismo y el sentido común básico.

Las elecciones intermedias del año pasado fueron importantes, pero no fueron “las elecciones más importantes de nuestras vidas”, como muchos afirmaron. El próximo ciclo presidencial será mucho más importante, y sus contiendas electorales determinarán si nuestro estado se mantiene siempre rojo o vuelve a sus raíces púrpuras.

Los demócratas de la Florida tienen que mejorar, empezando por un presidente del partido fuerte que haga frente a los radicales. Si lo hacen, podrán salvarse a sí mismos; y, tal vez, a su país.

Philip Levine, emprendedor de la industria de los cruceros, fue alcalde de Miami Beach durante dos mandatos y candidato demócrata a gobernador de la Florida.

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