La reina Isabel II está por todas partes: ¿cuánto costará reemplazar su imagen con la del nuevo monarca?

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Vista de los homenajes de la Reina Isabel II cerca del estadio de Ibrox, antes del comienzo del partido de fútbol del Grupo A de la Liga de Campeones de la UEFA entre el Rangers y el Nápoles.
Vista de los homenajes de la Reina Isabel II cerca del estadio de Ibrox, antes del comienzo del partido de fútbol del Grupo A de la Liga de Campeones de la UEFA entre el Rangers y el Nápoles. - Créditos: @Andrew Milligan

La imagen de la reina Isabel II es ubicua: está por todas partes. Su cara está en las estampillas y en los billetes y monedas de la libra británica, y el real escudo de armas con sus iniciales aparece en todos lados, desde los buzones de correo y la boina de los soldados, hasta en envases de kétchup y otros miles de producto de consumo. Desde su muerte, el rostro de Isabel domina las pantallas de la cobertura mediática, pero falta poco para que la imagen del flamante rey Carlos III reemplace a la de su madre tanto en lugares oficiales como no oficiales.

Los cambios serán muchos, pero concretamente ese “cambio de cara” de la realeza británica tendrá su costado positivo.

La pantalla gigante fuera del estadio muestra un homenaje a la reina Isabel II de Gran Bretaña antes del partido de fútbol de la Premier League inglesa entre el Tottenham Hotspur y el Leicester City en el estadio del Tottenham Hotspur en Londres, el 17 de septiembre de 2022.
La pantalla gigante fuera del estadio muestra un homenaje a la reina Isabel II de Gran Bretaña antes del partido de fútbol de la Premier League inglesa entre el Tottenham Hotspur y el Leicester City en el estadio del Tottenham Hotspur en Londres, el 17 de septiembre de 2022. - Créditos: @ISABEL INFANTES

“Los costos de la monarquía, que son significativos, se generan por gastos que siguen corriendo, que debieron ser frenados y no lo fueron”, dice Norman Baker, exministro británico y autor del libro And What Do You Do? What the Royal Family Don’t Want You to Know (“¿Y que le vas a hacer? Lo que la familia real no quiere que sepas”).

En otras palabras, la monarquía ya cuesta tan cara que cambiar un monarca por otro no representa tanta inversión.

Las estampillas

(Actualmente, imprimir una estampilla británica cuesta 95 peniques y de este diseño ya se han impreso 220.000 millones de copias)

El Royal Mail, la empresa de correo británica, todavía no ha anunciado sus planes para la impresión de estampillas con la efigie del rey Carlos, pero por supuesto que las que tienen el rostro de Isabel II seguirán vigentes. Sin embargo, hay un cambio en ciernes que no tiene nada que ver con sus altezas reales: el Royal Mail está en proceso de incluir un código de barras a las estampillas, una medida tendiente a dar más seguridad a los envíos y que permitirá que la gente tenga acceso a videos a través de la aplicación de la empresa. Las estampillas sin código de barras —que justamente son las que tienen la imagen de la reina— sólo serán válidas hasta principios del año que viene.

“Pasó algo muy interesante: de repente, las estampillas comunes de todos los días se convirtieron en artículos de colección”, dice Laura Clancy, profesora de medios de comunicación de la Universidad de Lancaster. “Eso cambia totalmente el significado de un objeto, de elemento de la vida cotidiana a algo sumamente especial”.

Famosa estampilla Penny Black de la Reina Victoria.
Famosa estampilla Penny Black de la Reina Victoria. - Créditos: @STANLEY GIBBONS

Los buzones postales

(Hay unos 115.500 buzones postales distribuidos por toda Gran Bretaña, y unos 70.000 llevan las iniciales de la reina.)

En Gran Bretaña todavía es común encontrarse con buzones adornados con la insignia de monarcas que antecedieron largamente a Isabel II. De los 115.500 buzones que hay distribuidos por todo el país, el 61,4%, que datan del época de la reina Victoria, llevan las iniciales reales de Isabel II, según el Royal Mail. Todos esos buzones y los que ya están en producción con las iniciales de Isabel seguirán intactos, informa el sitio web de la empresa.

Cuando se encargue la fabricación de buzones nuevos, sin embargo, llevarán la insignia del rey Carlos, señala el exministro Baker y agrega que de todos modos el correo postal se usa mucho menos que en otras épocas. O sea que en algún momento la insignia del rey Carlos también adornará los buzones, pero no serán muchos.

“El costo de fabricación de un buzón no cambia por tratarse de un monarca u otro”, dice Baker. “Cambiar las iniciales de la reina por las del Carlos implica una gasto mínimo, o más bien nulo en realidad.”

Los billetes

(Hay más de 4700 millones de billetes en circulación, por valor de unos 82.000 millones de libras.)

Hay más de 4700 millones de billetes de libras en circulación, por valor de unos 82.000 millones de libras. La reina Isabel fue el primer monarca en aparecer en un billete del Banco de Inglaterra, en 1960, y por lo tanto no hay precedentes de lo que ocurre ante un recambio en el trono.

Los costos de crear moldes nuevos para incluida la efigie del rey Carlos III serán “muy bajos”, dice Mauro F. Guillén, decano de la Escuela de Negocios Judge, de la Universidad de Cambridge, y estima que el recambio de los billetes con la cara de Isabel será un proceso gradual de entre dos y cuatro años.

Billetes con la cara de la reina Isabel
Billetes con la cara de la reina Isabel - Créditos: @Twitter

El ascenso al trono de Carlos se produce en pleno proceso del Banco de Inglaterra para reemplazar los billetes de papel por otros de polímero, para impedir falsificaciones y reducir la transmisión de gérmenes de persona a persona. En 2016, el banco introdujo un billete de polímero de cinco libras con la cara de la reina Isabel II y la de su exprimer ministro Winston Churchill.

Pero hay otro factor que también influirá en el tiempo que demore el recambio de moneda: Carlos tiene que dar su aprobación a la imagen que se decida utilizar, señala Baker.

Las monedas

(Hay 29.000 millones de monedas en circulación, con cinco efigies diferentes de la reina Isabel)

En Gran Bretaña hay 29.000 millones de monedas en circulación con la efigie de la reina Isabel II, y en todas ellas aparece mirando hacia la derecha. Desde el reina de Carlos II, en el siglo XVII, cada nuevo monarca ha sido representado mirando hacia el lado opuesto que su predecesor, con excepción de Eduardo VIII, a quien le tocaba mirar a la derecha pero prefirió mostrar el perfil izquierdo.

El decano Guillén dice que las monedas son más caras de producir que los billetes porque el material es más duradero. No se anima a ponerle una cifra exacta a los costos de producción de las monedas nuevas —rondaría los 600 millones de dólares—, pero advierte que pasarán muchos años hasta poder sacar de circulación las monedas viejas, y por eso la cifra final podría variar de manera significativa.

Kétchup y otros condimentos

(Hay 836 marcas que gozan de una “orden real de nombramiento”. Heinz, por ejemplo, es “proveedora oficial” de la familia real desde 1951).

Empresas tan disímiles como Heinz y Burberry usan el escudo real de armas con las iniciales de la reina en sus envases de kétchup y en sus abrigos, pero todo eso va a cambiar. Para tener chances de poder usar el escudo real de armas en sus productos, una empresa debe haber sido proveedora de productos y servicios para la familia real durante al menos cinco de los últimos siete años. Más de 600 empresas, incluidas la marca de ropa Barbour, la fumigadora Command Pest Control y los cristales Swarovsky, gozan actualmente de esa “orden real de nombramiento” concedida por la reina Isabel, según datos de la Royal Warrant Holders Association.

Ahora que Isabel ha muerto, las empresas como Heinz, que recibieron la distinción de la reina, podrán seguir usando el escudo real de armas durante dos años más. Después de ese lapso, Heinz deberá actualizar los envases que circulan en Gran Bretaña, aunque los costos del reemplazo serán insignificantes.

No tienen que cambiar la fórmula del kétchup, apenas tienen que modificar una parte minúscula de la etiqueta”, dice Guillén.

Por Isabella Simonetti y Rebecca Lieberman

Traducción de Jaime Arrambide