El reguetón cósmico de Rauw Alejandro ya despegó

Rauw Alejandro en Miami, 25 de octubre de 2022. (Rose Marie Cromwell/The New York Times)
Rauw Alejandro en Miami, 25 de octubre de 2022. (Rose Marie Cromwell/The New York Times)

Cuando crecía en Puerto Rico, Rauw Alejandro solía esconder de su padre los CDs de mezclas que le regalaba su tío y que solían incluir letras explícitas. En ellos aparecían grupos de pop-punk como Blink-182, pero también las estrellas precoces de la música alternativa, una síntesis de hip-hop y dancehall que precedió al reguetón.

“Ni me preguntes por mis atuendos”, comentó el autodenominado “reguetonero emo”, mientras mordía un sándwich durante una llamada telefónica reciente desde Miami. Entre sesiones fotográficas y de estudio, se apresuraba a terminar su tercer álbum, “Saturno”, que lanzó la semana pasada.

“Eran horribles”, afirmó sobre sus primeras elecciones de vestuario, que reflejaban sus gustos de mezcla de géneros. “Eran como gargantillas con tachuelas, pero con unos Air Force 1 blancos”.

Ahora, con 29 años, Alejandro sigue teniendo una vena inconformista, pero también resulta ser una de las estrellas más grandes de la música en español. En los últimos seis años, se ha ganado la reputación de ser un rompecorazones sofisticado; no es raro que las admiradores lancen sus sostenes al escenario en sus espectáculos o que chillen descontroladas cuando mueve las caderas durante una rutina de baile.

Pero sus actuaciones de casanova no nos revelan todo sobre él. Alejandro también tiene un enfoque imaginativo y renegado de la música pop. Sus canciones suavizan las aristas del R&B, el dancehall y el reguetón y las salpican con el brillo de la música disco y el synth pop.

El primer álbum de estudio de Alejandro, “Afrodisíaco” (2020), se basó en los seguidores que había acumulado en SoundCloud por sus crepusculares collages de R&B y reggaetón. Su continuación en 2021, “Vice Versa”, adoptó un enfoque más audaz; incorporó elementos de drum and bass, deep house y disco, encendiendo conversaciones sobre las antiguas intersecciones del reggaetón y la música electrónica. Está nominado a ocho premios en los Grammy Latinos del jueves por la noche.

Antes de su carrera musical, Raúl Alejandro Ocasio Ruiz era un niño de pueblo que crecía en Canóvanas, una zona montañosa y tranquila de Puerto Rico muy alejada de la bulliciosa ciudad de Carolina, donde iba a la escuela. Su padre tocaba la guitarra y su madre era corista y bailarina. Cuando tenía 12 años, sus padres se divorciaron y Alejandro se trasladó a Carolina de manera permanente con su madre.

Rauw Alejandro en Miami, 25 de octubre de 2022. (Rose Marie Cromwell/The New York Times)
Rauw Alejandro en Miami, 25 de octubre de 2022. (Rose Marie Cromwell/The New York Times)

La música nunca fue algo seguro, ni siquiera su ambición a largo plazo: al principio, Alejandro se imaginaba la vida como futbolista profesional.

“Siempre me ha gustado ir a contracorriente: ‘Muy bien, todo el mundo quiere jugar al béisbol y al baloncesto, así que yo jugaré al fútbol’”, aseguró. Se dedicó a este deporte a los 7 años, asistió a la Universidad de Puerto Rico con una beca e incluso se trasladó a Orlando, Florida, para entrenar en la liga semiprofesional USL League Two.

Pero a los 21 años llegó a una encrucijada. A pesar de su empeño, la carrera profesional parecía no tener futuro. La desilusión, la frustración y los problemas económicos de la familia lo llevaron a dejar de lado sus sueños futbolísticos. Después, la música fue su terapia.

“Me ponía a grabar canciones muy malas”, relató riendo. “La parte creativa me relajaba mucho”. Empezó a enseñar las maquetas a sus amigos, incluyendo Kenobi, un compañero de preparatoria y exaspirante a futbolista, ahora uno de sus productores e ingenieros de sonido de confianza. Ellos lo animaron a que compartiera su música en internet.

Alejandro empezó a subir temas de R&B a SoundCloud en torno a 2016, uniéndose a una cosecha local de artistas no firmados pero que pronto se convertirían en superestrellas, como Bad Bunny. Muchos de ellos se inspiraron en los hilos más oscuros del R&B.

“Me identifiqué mucho con esa ola porque no soy un rapero”, señaló.

“Estábamos en otra onda: ‘Somos los chicos geniales. Hacemos cosas diferentes’”, añadió entre risas.

A principios de 2017, consiguió un contrato discográfico con Duars Entertainment. Pero los tres años siguientes distaron mucho de ser lineales: el huracán María y su posterior devastación económica golpearon a Puerto Rico, lo que obligó a Alejandro a trasladarse brevemente a Estados Unidos y aceptar trabajos de venta al por menor para que le alcanzara el dinero. Finalmente regresó a la isla y en 2019 dio a conocer su EP debut, “Trap Cake, Vol. 1”. Un año después, llegó su primer álbum de estudio, “Afrodisíaco”.

“Saturno” se basa en las chispeantes texturas de club que Alejandro ha explorado en el pasado. Pero esta vez, atraviesa los mundos del Miami bass, la música alternativa de finales de la década de 1990 y el “freestyle” de la década de 1980 y 1990. Gran parte de la producción actual de reguetón se ha visto empañada por el público pop, pero el retrofuturista “Saturno” lanza el género al espacio profundo.

“Saturno es el planeta de los capricornios, y también es el planeta de la melancolía y la nostalgia”, explicó Alejandro, quien es capricornio. “Incluso dicen que es un planeta que representa el trabajo duro, la ambición, la constancia, el sacrificio. Y eso es algo con lo que me identifico”.

Tainy, un moderno arquitecto del reguetón que trabajó en “Saturno”, dijo que el enfoque puntilloso y orientado al concepto de Alejandro lo distingue en la industria y eleva la apuesta de sus compañeros.

“Pienso: ‘Vamos a crear una obra de arte en términos del álbum, no solo las canciones sino la estética de la producción que viene con él’. ¿Cuál es el mensaje, el concepto, los videos, el arte?’”, explicó en una videollamada. “De verdad siento que ejerce presión sobre todos los demás”.

Alejandro sabía que quería un toque nostálgico para este disco y algo que lo convirtiera en un show en vivo dinámico. Mientras que otros lanzamientos pop recientes, como “Dawn FM” de The Weeknd, han explorado imaginaciones pasadas del futuro, el enfoque a menudo ha sido el synthwave o el house de la década de1990.

“Nadie había entrado en ese rincón del estilo libre de la década de 1990”, explicó. Esa influencia impregna todo el disco: está el ritmo con música de antes de “Verde menta”, que aterriza como una renovación propulsora de una pista de Exposé. En el “sampleo” de Susana Estrada “Más de una vez”, el falsete de caramelo de Alejandro flota sobre sintetizadores digitales carbonatados y percusiones.

Para Tainy, la capacidad de Alejandro de erosionar los límites se siente como un nuevo momento en la corriente principal del pop en español.

Es “un punto en el tiempo donde somos tan libres y estamos tan abiertos a probar cosas nuevas, y diez años antes no era así”, dijo. “Los bichos raros se están revelando como la sensación en este momento”.

© 2022 The New York Times Company