El Real Madrid pone a Transnistria en el mapa

Tiráspol (Moldavia), 22 nov (EFE).- No lo busquen en el mapa. No lo encontrarán. Transnistria no existe para la comunidad internacional, aunque es muy real para sus casi medio millón de habitantes. El partido del miércoles entre el Sheriff Tiráspol y el Real Madrid pondrá en el mapa a este país de nunca jamás.

Para encontrar a esta república que se proclamó independiente en 1991 hay que buscar el río Dniéster, que en su curso medio separa Moldavia de la república separatista de Transnistria, una franja de territorio sin salida al mar y una superficie de poco más de 4.000 kilómetros cuadrados, la mitad que la comunidad de Madrid.

El equipo blanco ha jugado a lo largo de su historia en estadios de los cinco continentes, pero nunca había disputado un partido en un territorio separatista sin fronteras reconocidas por la ONU.

UNA FRONTERA DE LA GUERRA FRÍA

Para llegar a la República Moldava de Transnistria, primero que hay que volar a Chisinau, la capital moldava. Después, recorrer por carretera unos 75 kilómetros hasta llegar a Tiráspol, una ciudad de poco más de 100.000 habitantes.

Los ciudadanos de la Unión Europea no necesitan visado en Moldavia, pero antes de entrar en el enclave deben cruzar una auténtica frontera defendida por militares transnistrios.

Es una de las zonas más militarizadas de Europa. Está terminantemente prohibido hacer fotos. En el puesto de control un soldado interpela al visitante por el motivo de su visita.

La pregunta no es gratuita. En la carta de invitación a los periodistas deportivos que viajan desde España para cubrir el partido se les advierte de que el único objetivo de su presencia en Transnistria es cubrir el partido de Liga de Campeones. Nada de escribir de política.

Una fuerza de pacificación rusa de unos dos mil efectivos se encarga de garantizar la paz desde la guerra que estalló en 1991 entre moldavos y transnistrios, que dejó más de mil muertos.

No será independiente, pero Transnistria tiene su propio presidente -habrá nuevas elecciones el 12 de diciembre-, moneda (el rublo local), bandera, escudo, himno y Ejército.

UN PEDAZO DE RUSIA

En cuanto al resto, el enclave es muy ruso. Ruso es el idioma que se habla y el país al que quieren pertenecer sus habitantes. Rusa es la legislación que también rige en este territorio, además de la local, y Moscú es la que paga aún parte de las pensiones.

Rusa es la base militar que se encuentra en medio de la ciudad, a escasos minutos del estadio del Sheriff. Y rusas son las más de 20.000 toneladas de armamento que se encuentran en el norte de Transnistria y que fueron almacenadas tras la retirada del Ejército soviético de Alemania.

Además de un subsidio anual, que algunos estiman en varios cientos de millones de dólares, el Kremlin también suministra gas a Transnistria de manera gratuita. Este territorio es una suerte de protectorado ruso.

Lo que no es ruso es soviético. La hoz y el martillo figura tanto en la bandera como en el escudo de la república. La nostalgia se puede palpar en el memorial situado en el corazón de Tiráspol en memoria a los caídos en la guerra contra los nazis (1941-45) y en el conflicto más reciente con Moldavia.

Además de la llama al soldado desconocido, un tanque preside la plaza. Las heridas de la guerra aún supuran. Al otro lado, una estatua ecuestre de Alexandr Suvórov, el legendario general imperial ruso considerado el fundador de Tiráspol. Y las banderas de las otras tres repúblicas separatistas postsoviéticas que sí reconocen a Transnistria: Nagorno Karabaj, Osetia del Sur y Abjasia.

En Tiráspol tampoco hay McDonald´s, pero sí una cadena de restaurantes de nombre español: La vida.

SHERIFF, EL DUEÑO DE TRANSNISTRIA

En Tiráspol sólo hay sitio para un sheriff, Víctor Gushán, el presidente de la corporación y del club de fútbol del mismo nombre. Dicen las malas lenguas que este antiguo oficial de la policía amasó su fortuna con métodos criminales y en privatizaciones fraudulentas tras la caída de la URSS.

En pocos lugares del globo, una sola empresa tiene un monopolio tan aplastante sobre una economía nacional. Desde comprar pan a ir al supermercado, cargar el teléfono móvil, conectarse a internet, consumir tabaco o alcohol, comprar un coche o ir a la gasolinera. Todo es propiedad del consorcio Sheriff.

Sheriff es el orgullo de la nación, pero también causa resquemor entre los transnistrios. En treinta años de supuesta independencia, la población se ha reducido a la mitad. No hay espacio para la iniciativa privada.

“Los ricos son ricos en todas partes. A nadie le gustan”, comentó a Efe Pável, residente en Tiráspol.

Con todo, los aficionados están agradecidos al club, ya que les ha colocado en el mapa del fútbol mundial. Un estadio moderno, unas instalaciones de entrenamiento modélicas y unos resultados en la Liga de Campeones para la historia.

“No hay futbolistas locales. Eso no es muy patriótico. Pero cuando el Sheriff ganó en Madrid, todos nos pusimos muy contentos. ¡Ojalá lo repitan!”, señaló Dmitri, un chico de 14 años.

Ignacio Ortega

(c) Agencia EFE

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