'Lotería genética': solo con ómicron ha pasado algo como esto

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Un centro de pruebas de COVID-19 sin cita previa en el Esperanza Health Center de Chicago el 13 de septiembre de 2022. (Jamie Kelter Davis/The New York Times)
Un centro de pruebas de COVID-19 sin cita previa en el Esperanza Health Center de Chicago el 13 de septiembre de 2022. (Jamie Kelter Davis/The New York Times)

¿Dónde está pi?

El año pasado, la Organización Mundial de la Salud (OMS) comenzó a asignar letras griegas a las preocupantes nuevas variantes del coronavirus. La organización empezó con alfa y avanzó con rapidez por el alfabeto griego en los meses siguientes. Cuando ómicron llegó en noviembre, era la decimotercera variante identificada en menos de un año.

No obstante, han pasado 10 meses desde la llegada de la variante ómicron y la letra que viene después, pi, aún no llega.

Eso no significa que el SARS-CoV-2, el coronavirus que causa la COVID-19, haya dejado de evolucionar, pero puede haber entrado en una nueva etapa. El año pasado, más de una decena de virus ordinarios se transformaron de manera independiente en amenazas nuevas e importantes para la salud pública, pero ahora, todas las variaciones más significativas del virus provienen de un linaje único: ómicron.

“Con base en lo que se detecta en este momento, parece que el futuro SARS-CoV-2 evolucionará a partir de ómicron”, afirmó David Robertson, experto en virus de la Universidad de Glasgow.

También parece que ómicron tiene una capacidad notable para evolucionar más. Una de las subvariantes más recientes, denominada BA.2.75.2, puede evadir la respuesta inmunitaria mejor que todas las formas anteriores de ómicron.

Por el momento, la BA.2.75.2 es muy poco frecuente, ya que solo representa el 0,05 por ciento de los coronavirus que se han secuenciado en todo el mundo en los últimos tres meses, pero eso mismo ocurrió en su momento con otras subvariantes de ómicron que luego llegaron a dominar el mundo. Si la BA.2.75.2 se propaga este invierno, podría restarle eficacia a las nuevas vacunas de refuerzo autorizadas por Moderna y Pfizer.

Unas personas reciben vacunas de refuerzo contra la COVID-19 en una clínica de vacunación móvil operada por el condado en Salt Lake City el 15 de septiembre de 2022. (Kim Raff/The New York Times)
Unas personas reciben vacunas de refuerzo contra la COVID-19 en una clínica de vacunación móvil operada por el condado en Salt Lake City el 15 de septiembre de 2022. (Kim Raff/The New York Times)

Cada vez que el SARS-CoV-2 se replica dentro de una célula, puede mutar. En raras ocasiones, una mutación podría ayudar al SARS-CoV-2 a replicarse con mayor rapidez o podría ayudar al virus a evadir los anticuerpos que resultaron de ataques anteriores de COVID-19.

Una mutación beneficiosa de este tipo podría volverse más común en un solo país antes de desaparecer o bien podría invadir el mundo.

Al inicio, el SARS-CoV-2 siguió el curso lento y constante que los científicos esperaban con base en otros coronavirus. Su árbol evolutivo se dividió poco a poco en ramas, cada una de las cuales ganó algunas mutaciones. Los biólogos evolutivos le siguieron la pista con códigos útiles pero inciertos. Nadie más prestó atención a los códigos, porque apenas influyeron en el grado de enfermedad que provocaban los virus en las personas.

Lotería genética

Entonces un linaje, conocido al principio como B.1.1.7, desafió las expectativas. Cuando los científicos británicos lo descubrieron, en diciembre de 2020, se sorprendieron al ver que tenía una secuencia única de 23 mutaciones. Esas mutaciones le permitieron propagarse mucho más rápido que otras versiones del virus.

En pocos meses, salieron a la luz otras variantes preocupantes en todo el mundo, cada una con su propia combinación de mutaciones, su potencial de propagarse con rapidez y provocar una oleada de muertes. Para facilitar la difusión de información al respecto, la OMS usó su sistema griego. La variante B.1.1.7 se convirtió en alfa.

Las diferentes variantes presentaron diversos niveles de éxito. La alfa llegó a dominar el mundo, mientras que la beta solo se impuso en Sudáfrica y algunos otros países antes de desaparecer.

Lo que hizo a las variantes aún más desconcertantes fue que aparecieron de manera independiente. La beta no provenía de la alfa, sino que surgió con su propio conjunto de mutaciones nuevas de una rama diferente del árbol del SARS-CoV-2. Lo mismo ocurrió con todas las variantes de nombre griego, hasta ómicron.

Es probable que la mayoría de estas variantes mutaran gracias a que se ocultaron. En lugar de saltar de un huésped a otro, crearon infecciones crónicas en personas con sistemas inmunitarios debilitados.

Al no poder defenderse con fuerza, estas víctimas albergaban el virus durante meses, lo que le permitía a este acumular mutaciones. Cuando por fin salía de su huésped, el virus tenía una gama asombrosa de habilidades nuevas: encontrar otras maneras de invadir las células, debilitar el sistema inmunitario y evadir los anticuerpos.

“Cuando sale, es como una especie invasora”, comentó Ben Murrell, biólogo computacional del Instituto Karolinska de Estocolmo.

A ómicron le fue muy bien en esta lotería genética, ya que obtuvo más de 50 nuevas mutaciones que le ayudaron a encontrar otras vías de entrada a las células y a infectar a personas ya vacunadas o que se contagiaron con anterioridad. Al propagarse por todo el mundo y provocar un aumento de casos sin precedentes, hizo que la mayoría de las demás variantes se extinguieran.

“Las innovaciones genéticas observadas en ómicron eran mucho más profundas, como si se tratara de una nueva especie en lugar de solo una cepa nueva”, afirmó Darren Martin, experto en virus de la Universidad de Ciudad del Cabo.

No obstante, pronto quedó claro que el nombre “ómicron” escondía una realidad compleja. Después de que la variante ómicron original evolucionó en otoño de 2021, sus descendientes se dividieron en al menos cinco subvariantes, desde la BA.1 hasta la BA.5.

En los meses siguientes, las subvariantes se turnaron para alcanzar el dominio. La BA.1 fue la primera, pero pronto fue superada por la BA.2. Cada una de ellas tenía suficientes particularidades como para eludir parte de la inmunidad de sus antecesoras. Este verano, la BA.5 estaba en aumento.

La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por su sigla en inglés) respondió con una invitación a los fabricantes de vacunas a producir dosis de refuerzo que incluyeran una proteína BA.5 junto con una de la versión original del virus. Estas vacunas de refuerzo se están distribuyendo al público, en un momento en que la BA.5 está causando el 85 por ciento de todos los casos de COVID-19 en Estados Unidos.

No obstante, según los científicos, la variante BA.5 podría quedar atrás para el invierno. Ómicron ha seguido evolucionando, en ocasiones pasando de un huésped a otro y en otras escondiéndose durante meses en uno de ellos.

© 2022 The New York Times Company

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