Rastreadores de casos. Vitales para derrotar el virus, chocan con el miedo de los vecinos

Nicolás Cassese

Emilio Ramírez toca el timbre, espera, vuelve a tocar, espera, golpea la puerta de chapa, espera, y recién entonces, resignado, se va. Así en tres viviendas diferentes hasta que, por fin, lo atienden.

-No vive acá -le anuncia con parquedad una señora desde la puerta de la pensión sobre la calle Chiclana, en el barrio porteño de Boedo, cuando pregunta por Eusebia.

Evolución de la pandemia

Emilio -que tiene 24 años y lleva el pelo corto y dos discretos aritos azules que combinan con su ambo- no se frustra. "Hace mucho frío y con la cuarentena la gente sigue en la cama", justifica. Luego mira el mapa y, junto a las dos compañeras que lo acompañan, comienza a caminar hacia su próximo destino.

Emilio Ramírez participó en el programa Detectar en la villa 31, donde vive, y en Boedo

La escena ocurrió el último viernes por la mañana y es parte del operativo Detectar, el esfuerzo con que las autoridades políticas de la ciudad y la provincia de Buenos Aires intentan doblegar al coronavirus. Emilio es uno de los 1700 rastreadores porteños que, junto con los 3000 bonaerenses, recorren calles y contactos telefónicos.

La pandemia en la ciudad de Buenos Aires

Hasta tanto no aparezca una vacuna, su trabajo de encontrar y convencer para que se testeen a los posibles enfermos es la única manera de evitar que el coronavirus se siga expandiendo. La alternativa es prolongar aún más la extensa cuarentena en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), con sus enormes costos sociales y económicos.

La evolución en la ciudad de Buenos Aires

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