El río Jordán, rico en santidad, pobre en agua

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RÍOS SAGRADOS-RÍO JORDÁN (AP)
RÍOS SAGRADOS-RÍO JORDÁN (AP)

Kristen Burckhartt se sintió abrumada. Necesitó tiempo para reflexionar, para asimilar que acaba de sumergir los pies en el agua donde se dice que Jesús fue bautizado: en el río Jordán.

“Es algo profundo”, dijo la visitante de 53 años de Indiana, Estados Unidos. “No he caminado jamás por donde Jesús caminó, para empezar”.

Aquí, los turistas llegan de cerca y de lejos, muchos atraídos por la fe para seguir los pasos de Cristo, para tocar el agua del río y conectar con eventos bíblicos.

Simbólica y espiritualmente, el río tiene un gran significado para muchos. Físicamente, hoy la cuenca inferior del río Jordán es mucho más pobre que poderosa.

Para cuando llega al lugar del bautismo, su agua menguante se ve lenta, de un tono verde pardusco opaco.

Su declive, debido a una confluencia de factores, está entrelazado con los enredos del conflicto árabe-israelí de décadas de antigüedad, y la rivalidad por la valiosa agua en un Valle del Jordán donde se disputa tanto. Y defender el renacimiento transfronterizo del Jordán sin meterse en la densidad de las disputas que han alimentado su deterioro puede ser un desafío.

Un tramo del río, por ejemplo, era una frontera hostil entre Israel y Jordania, que alguna vez estuvieron en guerra. El agua del río también separa a Jordania en su orilla oriental de la Cisjordania ocupada por Israel, tomada por Israel en la guerra de 1967 y que los palestinos quieren para su estado.

“Es una víctima del conflicto, definitivamente. Es una víctima de la gente, porque es lo que le hicimos como pueblo al río, básicamente, y ahora, sumado a todo eso, es una víctima del cambio climático”, dijo Yana Abu Taleb, directora jordana de EcoPaz Medio Oriente, que reúne a ambientalistas jordanos, palestinos e israelíes y cabildea para la colaboración regional para salvar al río. “Así que es una víctima en todos los sentidos”.

EcoPeace ha dicho durante años que la cuenca inferior del río Jordán, que corre hacia el sur desde el mar de Galilea, está particularmente amenazada por décadas de desvío de las aguas del río y de sus afluentes para la agricultura y otros usos y por la contaminación. Sólo una pequeña fracción de su flujo histórico de agua llega ahora a su término en el Mar Muerto, no muy lejos al sur del sitio bautismal.

Esa es una de las razones por las que el Mar Muerto se ha encogido.

De pie en ‘Betania más allá del Jordán’ (también llamado ‘Sitio del Bautismo Betania de Transjordania’), el sitio bautismal jordano, Burckhartt dijo que el agua del río se sentía fresca en la piel y ofrecía un respiro del calor sofocante que la rodeaba. En la mezcla de emociones con las que luchó en ese momento, también sintió tristeza por la disminución del caudal del río.

“Estoy segura de que Dios en los cielos también está triste”.

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La Biblia dice que Jesús fue bautizado en el río Jordán, pero no hay un consenso sobre el lugar exacto donde eso aconteció.

Tanto la orilla oriental del río, en la actual Jordania, como la occidental, albergan sitios bautismales donde se desarrollan rituales de fe, reflejo del atractivo perdurable religioso, histórico y cultural del río.

El río tiene un significado adicional como escenario de milagros en el Antiguo Testamento. Después de años de deambular por el desierto, se dice que los antiguos israelitas cruzaron el Jordán por tierra seca después de que el agua fuera detenida para que pasaran.

Recientemente, en el sitio bautismal jordano en la orilla oriental, una mujer sumergió los pies en sus aguas turbias y luego tomó un poco con las manos, frotándose con ella la cara y la cabeza. Otros tocaron el río y se persignaron o se inclinaron para llenar botellas vacías.

Charlie Watts, un turista de Inglaterra, sumergió una cruz de madera —un regalo y una bendición para su madre cristiana en casa. “Tomé un video (...) para poder mostrarle que era verdad”, dijo Watts.

Aunque él no es tan religioso como su madre, el joven de 24 años consideró especial su visita al sitio jordano: “Lo que lo hizo surrealista es pensar que esto fue lo que inició el movimiento mundial del cristianismo”.

En una entrevista, Rustom Mkhjian, director general de la Comisión del Sitio del Bautismo, en Jordania, habló apasionadamente sobre el reclamo de autenticidad del sitio jordano y su preservación tal como era en la época de Cristo y Juan el Bautista —la UNESCO lo declaró Patrimonio Mundial “de inmensa importancia religiosa para la mayoría de las denominaciones de fe cristiana que han aceptado este sitio como el lugar donde Jesús” fue bautizado.

“Todos los años celebramos la armonía interreligiosa, y entre los días más felices de mi vida están los días en que veo a judíos, cristianos y musulmanes visitar el lugar y los tres lloran”, dijo Mkhjian. “El lugar actual donde nos encontramos es un sitio con un gran mensaje necesario: construyamos puentes humanos de amor y paz”.

Tanto el sitio de Jordania como el de Cisjordania brindan a los visitantes acceso al río, donde se encuentran frente a frente con un tramo estrecho del cuerpo de agua entre ellos. Una bandera de Israel en Qasr al-Yahud, en Cisjordania, sirve como recordatorio para aquellos en Jordania de que el río es una frontera que separa los dos mundos.

Ese sitio también se considera el lugar donde, según la tradición, Jesús fue bautizado. Jordania e Israel compiten por los dólares del turismo de esas personas.

Varias personas con túnicas blancas ondeantes se metieron al agua recientemente desde Cisjordania y formaron un semicírculo para posar para las fotos. Los visitantes en otro grupo se pararon en los escalones de la orilla del río o en el agua misma mientras dos hombres de negro, aparentemente con atuendo clerical, vertían agua del río sobre sus cabezas.

Como telón de fondo, algunos entonaron un himno que se escuchó hasta el lado jordano:

“Oh, hermanos, bajemos... al río para orar”.

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Esos momentos serenos contrastan con las hostilidades militares que se han desarrollado a la orilla del río como parte del conflicto árabe-israelí. La historia del río y de su agua ha sido tan políticamente tensa como sagrada, y por décadas las minas terrestres han acechado amenazadoramente en riberas que alguna vez fueron una zona de guerra.

En la orilla oriental, el desminado del área donde ahora se encuentra el sitio bautismal jordano comenzó después de un tratado de paz de 1994 entre Jordania e Israel.

En Cisjordania, un equipo de El Fideicomiso HALO, una organización de beneficencia británica-estadounidense, ha eliminado minas en las inmediaciones del sitio Qasr al-Yahud incluso en 2020. El sitio mismo había abierto al público años antes, luego de que Israel despejó un camino angosto hacia el río, mientras que la zona de las iglesias permaneció cerrada y congelada en el tiempo durante décadas.

El trabajo para eliminar esas minas comenzó en 2018, pero solo después de tres años de generar confianza y lograr que participaran todos los involucrados, desde las autoridades israelíes y palestinas hasta varias denominaciones cristianas propietarias de las iglesias y las tierras, dijo Ronen Shimoni, quien formó parte del esfuerzo de eliminación de minas de HALO.

“Nada es simple aquí en Cisjordania”, dijo Shimoni.

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Es en ese contexto turbulento que EcoPaz Oriente Medio ha instado a la colaboración regional en el Jordán entre rivales que durante mucho tiempo han tenido todas las motivaciones para extraer la mayor cantidad de agua posible del río o de sus afluentes.

“Cualquier cantidad de agua dulce que quedara en el río habría sido vista en el pasado como algo que empoderaba al enemigo. (…) Tomas todo lo que puedes”, dijo Gidon Bromberg, el director israelí del grupo.

“Hay una necesidad legítima del agua... El agua escasea”, dijo. “Pero el conflicto crea un incentivo para tomar todo”.

El resultado es que la descarga anual de la cuenca inferior del Jordán en el Mar Muerto se estima en entre 20 millones y 200 millones de metros cúbicos, en comparación con una cantidad histórica de 1.300 millones de metros cúbicos, según un informe publicado en 2013 por una comisión de la ONU y un instituto federal alemán. Bromberg estima la cifra actual en no más de 70 millones de metros cúbicos.

“Israel, desde una perspectiva histórica, se ha llevado aproximadamente la mitad del agua, y Siria y Jordania se han llevado la otra mitad”, dijo Bromberg. “La contaminación que ingresa al río proviene de los lados jordano, palestino e israelí, y un poco también de Siria”.

Los palestinos ya no pueden acceder ni utilizar el agua del río Jordán mismo, según el informe de la ONU y Alemania. Siria no tiene acceso al río, pero ha construido represas en la subcuenca del río Yarmouk, que es parte de la cuenca del río Jordán, agregó.

Para los palestinos de Cisjordania, la única forma de ver el río Jordán es visitar el sitio bautismal administrado por los israelíes allí, dijo Nada Majdalani, la directora palestina de EcoPaz.

“En el pasado, para los palestinos, el río Jordán significaba un medio de subsistencia y estabilidad económica y crecimiento”, dijo. Ahora, agregó, se ha reducido a una “ambición de estado y soberanía sobre los recursos hídricos”.

El declive del río, dijo, es especialmente decepcionante para los palestinos ancianos “que recuerdan cómo se veía el río... y cómo solían ir a pescar, cómo solían darse un chapuzón en el río”.

Bromberg dijo que EcoPaz ha documentado la naturaleza “perder-perder” del deterioro del río para todos los involucrados.

“En la tradición judía, ya sabe, el río y sus orillas son un lugar de milagros”, dijo. “Bueno, no refleja un lugar de milagros en su actual estado de agotamiento”.

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A fines de junio, el gobierno israelí aprobó planes para rehabilitar un tramo de la cuenca inferior del Jordán, una decisión descrita por Tamar Zandberg, ministra de Protección Ambiental, como “histórica” y el comienzo de una corrección.

“Durante décadas fue descuidado, se tomó la mayor parte de su agua y fue convertido de hecho en un canal de aguas negras”, dijo Zandberg en un comunicado. “En una era de crisis climática y una grave crisis ecológica, la rehabilitación del río Jordán y su devolución a la naturaleza, el público y los excursionistas tiene un doble significado”.

En una conversación por teléfono, Zanderg dijo que el plan se enfoca en un tramo que corre en territorio israelí y refleja la mejora de la situación del agua de Israel debido a su programa de desalinización, que lo ha hecho menos dependiente del agua que ha estado usando del Mar de Galilea.

“Ahora, en realidad estamos más equipados para hacerlo”, dijo. “Tenemos agua”.

Agregó que espera que la decisión muestre el potencial del río y allane el camino para una colaboración más amplia en el resto del Bajo Jordán, además de enviar una señal a Jordania de que “estamos comprometidos... con nuestros activos mutuos”, incluido el río.

“Puede proporcionar una historia de éxito en ese segmento y luego permitirá asociaciones más exitosas en el futuro”.

Eso es algo que no siempre ha sido fácil.

“La política, a veces, interfiere y también las cuestiones presupuestarias y la confianza… entre las partes”, dijo Zandberg.

Un plan maestro de rehabilitación y desarrollo regional anunciado en 2015 por EcoPaz y otros fue adoptado por el gobierno jordano, pero no por los israelíes o los palestinos debido a cuestiones pendientes sobre el “estado final” del proceso de paz, según el grupo.

Ese plan decía que la cuenca inferior del río Jordán requerirá al menos 400 millones de metros cúbicos de agua dulce por año para alcanzar “un nivel aceptable de rehabilitación”.

La creación de un fondo fiduciario para financiar los proyectos de descontaminación —un esfuerzo que EcoPaz había visto como menos controvertido políticamente— se estancó después de una crisis diplomática de 2017 entre Israel y Jordania, y en los años de vínculos tensos bajo el gobierno del ex primer ministro israelí Benjamin Netanyahu. Desde entonces, ha habido algunos signos de mejoría.

Sin embargo, no todos en la región dan la bienvenida, o confían, en los llamados a la cooperación de EcoPaz.

“Nuestro trabajo es duro. Nuestros mensajes son cuestionados”, dijo Abu Taleb, el director jordano del grupo.

“Ya sabe, debido a tener la sección israelí, siempre nos acusan de ser ‘normalizadores’”, o de tener relaciones normales con Israel, dijo Abu Taleb. Eso es impopular entre muchos árabes comunes que citan factores como las ocupaciones israelíes de tierras y una falta de resolución de la cuestión de Palestina. “El agua no conocer fronteras”, dijo.

Bromberg dijo que él también ha recibido críticas de lo que consideró es una minoría vocal en Israel que “inapropiadamente” califica su defensa como algo que beneficia a los jordanos y palestinos a expensas de los intereses israelíes. “Lamentablemente, hay personas que piensan que si trabajas con el otro lado, debes estar trabajando exclusivamente para el otro lado”, dijo.

Dejando la política de lado, la presión sobre algunos gobiernos para satisfacer las demandas domésticas de agua complica las llamadas para agregar agua al río.

Jordania, por ejemplo, es una de las naciones con mayor escasez de agua del mundo, y sus desafíos se ven agravados por una población en crecimiento hinchada por oleadas de refugiados.

“Estamos bajo estrés, por lo que no tenemos un excedente para agregar al río Jordán y revivirlo a pesar de la gran importancia que tiene para los jordanos”, dijo Khalil Al-Absi, un funcionario jordano de la Autoridad del Valle del Jordán.

“Las soluciones requieren un esfuerzo (regional) concertado y la ayuda de la comunidad internacional”, dijo.

“Tenemos muchas ideas hermosas para el río Jordán, pero existen limitaciones”.

El cambio climático amenaza con exacerbar estos problemas. “El impacto del cambio climático está afectando seriamente los recursos hídricos”, dijo Al-Absi.

Según el Banco Mundial, las naciones de Medio Oriente y África del Norte enfrentan las mayores pérdidas económicas por la escasez de agua relacionada con el clima, estimadas en entre el 6% y 14% del PIB para 2050.

Los defensores, como Bromberg, reconocen que el cambio climático ha causado que la reactivación del Jordán sea más difícil —pero argumentan que restaurar el río y sus riberas ofrece un incentivo económico.

“La crisis climática saca a relucir el carácter de urgencia de que la rehabilitación del río es quizás la única manera de prevenir una mayor inestabilidad en el valle”, dijo Bromberg, “porque puede generar ingresos alternativos a través del turismo”.

A pesar de los desafíos del río, Al-Absi, el funcionario jordano, dijo que permanecía optimista. La alternativa sería sombría.

“Si no hay agua, la gente no vendrá a pesar de (la presencia de) lugares religiosos”, dijo. “El agua es vida. Sin agua, no hay vida”.

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Contribuyó con esta historia el periodista de The Associated Press Ilan Ben Zion, en Jerusalem.

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