Quizás te deprima más saber cómo fabrican tus antidepresivos

Fotografía: Brent Lewin/ Bloomberg

Sabemos que la depresión es una enfermedad que ataca a la mente de quienes la padecen,  les quita vitalidad y, a veces, incluso la voluntad de vivir. Según cifras de la Organización Mundial de la Salud, se estima que cerca de 300 millones de personas en todo el mundo padecen de depresión. Además, puede afectar a personas de cualquier edad.

Una enfermedad que afecta a tantos hace que resulte lógico que las principales compañías farmacéuticas estadounidenses, Eli Lilly, Pfizer, AbbVie y Bristol-Myers Squibb, estén tratando de desarrollar medicamentos para tratarla. Pero ¿sabemos qué hay detrás de esas investigaciones?

Según People for the Ethical Treatment of Animals (PETA, por sus siglas en inglés), la organización de derechos de los animales más grande del mundo, la investigación de medicamentos antidepresivos lleva consigo una serie de pruebas crueles en animales que, según ellos, son completamente innecesarias.

En la llamada “prueba de natación forzada”, los científicos colocan ratones, ratas, cobayos, o hámsters en recipientes ineludibles llenos de agua. Los animales en pánico intentan escapar intentando escalar los costados de los vasos de precipitados o incluso sumergirse bajo el agua en busca de una salida. Reman furiosamente, tratando desesperadamente de mantener sus cabezas sobre el agua. “Con el tiempo, comenzarán a flotar”, dice PETA.

La denuncia, que fue realizada por PETA y replicada por la prestigiosa revista de ciencia Scientific American, explica que esta prueba se ha llevado a cabo desde al menos la década de 1950, cuando el famoso científico de la Universidad Johns Hopkins, Curt Richter, obligó a las ratas a nadar en cilindros de agua hasta que se ahogaron.

Luego en 1977, el experimento fue popularizado por un investigador llamado Roger Porsolt, quien lo llamó la “prueba de desesperación del comportamiento”. Porsolt descubrió que las ratas a las que se habían administrado medicamentos antidepresivos humanos luchaban y nadaban durante más tiempo que otras ratas antes de comenzar a flotar, y llegó a la conclusión de que las personas que nadaban por menos tiempo se encontraban en un estado de “desesperación”. Pero la prueba ha sido fuertemente criticada por otros científicos que argumentan que flotar no es un signo de desesperación sino un signo positivo de aprendizaje, conservación de energía y adaptación a un nuevo entorno.

Más de 40 años después, en laboratorios universitarios y farmacéuticos, a los animales se les está administrando drogas y luego se les deja caer en cilindros de agua para que los experimentadores puedan medir cuánto tiempo luchan.

Pero, los científicos de PETA descubrieron que los gigantes farmacéuticos Abbott Laboratories, Bristol-Myers Squibb, Eli Lilly y Pfizer han sometido a por lo menos 5.461 ratones; 1.066 ratas; 748 jerbos; y 305 cobayos a la prueba de natación forzada, como se documenta en 45 artículos publicados y 16 solicitudes de patente en los últimos 30 años. Los científicos de la organización protectora de animales identificaron 47 compuestos que estas publicaciones describen como probados en animales y encontraron que aunque 36 de ellos parecían ser prometedores al usar la prueba de natación forzada, ninguno de estos compuestos está aprobado actualmente para tratar la depresión humana.