¿Quieres que tu hijo sea ingeniero? Déjale jugar al LEGO

Mi hijo jungando con sus lego. (Crédito imagen: Miguel Artime).

Cuando era niño mi juguete favorito era el TENTE, mítica línea de construcción que desapareció tras ser demandada (y derrotada judicialmente) por LEGO. Por eso, el hecho de que le regalase a mi hijo juegos de este tipo en cuanto tuve la oportunidad puede considerarse una evolución natural. Le pirran igual que a mi. ¡Cuestión de genética!

Mira tu por donde acabo de enterarme que al mismo tiempo que le regalaba horas de entretenimiento a mi hijo, también estaba ayudando a que su cerebro entrenase su memoria espacial para mejorarla. Parece ser que los típicos juguetes de montaje a base de bloques (al igual que sucede con cierta clase de vídeojuegos) podría estar preparando a mi hijo para desarrollar habilidades espaciales cuya importancia es crucial para triunfar en algunos campos tales como la ciencia y la ingeniería.

No lo digo yo, esta interesante noticia se la debemos a un equipo de la Universidad de Colorado en Boulder, dirigido por Anna Gold (directora del programa de educación y divulgación del Instituto Cooperativo para la Investigación en Ciencias Medioambientales de dicha universidad).

Cuando Anne Gold encuestó a universitarios matriculados en geología en su centro educativo, para evaluar su conocimiento espacial, se sorprendió al encontrar una amplia divergencia en las puntuaciones. De hecho, hubo alumnos que solo contestaron bien el 6% de las preguntas, mientras que otros mostraron hasta un 75% de aciertos.

En palabras de Gold: “como instructora, me resulta realmente interesante y sorprendente, intentar enseñar a los chicos una habilidad espacialmente exigente y descubrir que algunos la obtienen y otros no. Es revelador darse cuenta de que algunos estudiantes simplemente no tienen esa habilidad, y eso que hablamos de estudiantes universitarios”.

Anne Gold llevó a cabo más trabajos de investigación sobre la materia, y al parecer ha descubierto unas cuantas cosas interesantes. Lo primero es que las habilidades espaciales se pueden entrenar, y por tanto uno puede mejorar con la práctica. También descubrió que pese a que normalmente los hombres supera a las mujeres en las pruebas de habilidades espaciales, estas diferencias desaparecían si durante la infancia las niñas habían jugado con bloques de construcción tipo LEGO o con ciertos videojuegos.

Esta es la razón de que en la web de la Universidad de Colorado se pueda leer que el trabajo del equipo de Gold, pese a no ser el primero que relaciona la nfluencia del juego infantil en las habilidades espaciales, si que lo es a la hora de describir por primera vez la influencia de estos juegos en las diferencias mostradas entre géneros.

Contar con habilidades espaciales, tal y como explicó Gold, resulta de importancia capital en muchas carreras basadas en lo que los anglosajones denominan habilidades STEM (acrónimo para ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). Como ejemplo, Gold cita a un aprendiz de ingeniero que necesite mirar un objeto e imaginar cómo rota, o también a un químico que intente visualizar la composición de una molécula.

Cuando Gold y su equipo examinó por escrito a 345 estudiantes de la Universidad de Colorado en cursos de geología para un estudio más grande (aún no publicado) sobre cómo mejorar las habilidades de pensamiento espacial de los estudiantes, se encontró con una gran discrepancia en el rango de habilidades y es entonces cuando los investigadores comenzaron a profundizar en el asunto en busca de respuestas.

Entre las múltiples consultas realizadas a los estudiantes encuestados figuraban preguntas sobre la clase de deportes que practicaban, qué cursos de ciencias habían realizado, cuáles habían sido sus puntuaciones formativas escolares, si de niños habían jugado con juguetes basados en la construcción, como Legos o videojuegos basados en acción, etc.

Gold intentó encontrar qué era lo que separaba a los que entendían el pensamiento espacial de los que no, y los juguetes basados en la construcción parecían ser prometedores.

Los estudiantes que habían jugado con esos juguetes mostraron un aumento del 4% en su puntuación, según el estudio.

Así que ya sabéis, si pretendéis facilitar la futura formación científica y tecnológica de vuestros vástagos, hay algo que podéis hacer al respecto y es tan sencillo como incitarles a jugar con juegos de construción como el lego.

Tal y como dice Gold: “Estoy entusiasmada con este mensaje positivo de que podemos entrenar a nuestro cerebro y marcar la diferencia. Si las escuelas quisieran interiorizar esto y se decidieran a apoyar a nuestros estudiantes para que adquieran más habilidades espaciales, vemos que hay maneras de entrenarlos, tal vez en más de un entorno formal”.

El trabajo del equipo de Anne Gold (Universidad de Colorado en Boulder) puede consultarse en GeoScienceWorld.

Me enteré leyendo Deccanchronicle.