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Un puré de manzana contaminado con plomo se escabulló por vacíos existentes en el sistema de seguridad alimentaria

Las instalaciones de producción de Austrofood, donde se fabricaron los sobres de puré de manzana sabor canela que se vendieron en tiendas de abarrotes y de precios bajos el año pasado y envenenaron a cientos de niños estadounidenses con dosis extremadamente elevadas de plomo, en Sangolquí, Ecuador, el 22 de febrero de 2024. (Ana María Buitrón/The New York Times)

WASHINGTON — Unos sobres de puré de manzana con sabor a canela que se vendieron en tiendas de abarrotes y de precios bajos el año pasado envenenaron a cientos de niños estadounidenses con dosis extremadamente altas de plomo. A los ansiosos padres no les quedó más que mantenerse atentos en caso de que se presentaran señales de daño cerebral, retrasos en el desarrollo y convulsiones.

La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por su sigla en inglés) señaló que, según un grupo de investigadores ecuatorianos, lo más probable es que un molino de especias haya sido responsable por la contaminación e indicó que se tomaron acciones ágiles para retirar 3 millones de sobres de puré de manzana y proteger el abasto de alimentos.

No obstante, cientos de páginas de documentos obtenidos por The New York Times y la organización sin fines de lucro que publica noticias sobre amenazas a la salud The Examination, además de entrevistas con funcionarios de gobierno y empleados de empresas de varios países, muestran que en las semanas y meses previos a la retirada del producto, el puré de manzana contaminado pasó una serie de controles del sistema de seguridad alimentaria que existe para proteger a los consumidores estadounidenses.

Los documentos y entrevistas constituyen el análisis más claro hasta la fecha de la exposición tóxica más generalizada en alimentos comercializados para niños pequeños en décadas. Niños de 44 estados comieron el puré de manzana contaminado, parte del cual contenía niveles extraordinariamente elevados de plomo.

En varias ocasiones, el puré sabor canela contaminado no se sometió a ninguna prueba, por lo que no se descubrió su nivel de toxicidad, debido a que la FDA está bajo demasiada presión y la legislación de seguridad alimentaria les da gran libertad a las empresas, tanto nacionales como extranjeras, para decidir qué toxinas buscar y si es necesario hacer pruebas.

“Es sorprendente, en el peor sentido, lo catastrófico de este error”, comentó Neal Fortin, director del Instituto para la Legislación y los Reglamentos Alimentarios de la Universidad Estatal de Míchigan. “En gran medida, el sistema regulatorio del abasto de alimentos se basa en un sistema de honor”.

En una foto sin fecha proporcionada por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos, sobres de puré de fruta manzana-canela de WanaBana, uno de los tres productos fabricados en una planta de Ecuador en los que el año pasado se detectó contaminación con plomo. (Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos vía The New York Times)

La canela se cultivó en Sri Lanka y se envió a Ecuador, donde se molió para producir el polvo. Según la FDA, es probable que ahí se haya contaminado la canela con cromato de plomo, un polvo que algunas veces se emplea ilícitamente para teñir o aumentar las especias.

Luego, la canela molida se vendió, empacó y vendió de nuevo a una empresa llamada Austrofood, que la mezcló con un puré de manzana y la envió en sobres a Estados Unidos. Se vendió con la marca WanaBana y otras marcas propias de algunas tiendas.

Austrofood nunca analizó la canela ni el puré de manzana contaminado en busca de plomo antes de enviar su producto a Estados Unidos. La empresa señaló que un proveedor había emitido un certificado en el que afirmaba que la canela estaba virtualmente libre de plomo, según muestran los registros respectivos. En un comunicado, el proveedor, Negasmart, no se refirió a esa certificación, pero sí subrayó que había cumplido con los reglamentos y estándares de calidad aplicables.

La FDA puede inspeccionar a las empresas extranjeras de alimentos que envían embarques a Estados Unidos, pero, aunque las importaciones de alimentos se dispararon a niveles récord en 2022, las inspecciones internacionales no estuvieron ni siquiera cerca de cumplir los objetivos establecidos por la ley.

Los registros muestran que ningún inspector estadounidense había visitado Austrofood en cinco años.

“Las empresas tienen la responsabilidad de tomar medidas para verificar que los productos que elaboran no estén contaminados con niveles peligrosos de metales pesados”, indicó en un comunicado Jim Jones, el funcionario de mayor rango de la FDA en la división de alimentos. “La tarea de la agencia es ayudar a la industria a cumplir y a exigirles cuentas a quienes evaden los requisitos, de ser necesario”.

La FDA afirma que no cuenta con ninguna autoridad para investigar los primeros eslabones de la cadena internacional de suministros. Los registros muestran que el gobierno de Ecuador sí estaba facultado para hacerlo, pero no tenía capacidad para esa tarea. Los reguladores ecuatorianos nunca antes habían hecho pruebas para detectar toxinas en la canela. Cuando la FDA se puso en contacto para solicitar su ayuda, casi la mitad del equipo de laboratorio del gobierno estaba descompuesto, explicó Daniel Sánchez, director de la agencia de seguridad alimentaria de Ecuador.

La intención de las auditorías privadas de seguridad solicitadas por los importadores estadounidenses es proporcionar otra capa de protección. Por desgracia, las auditorías por lo regular solo buscan los peligros que los propios importadores han identificado.

Ninguno de los importadores indicó si consideraba que el plomo era un riesgo o si hizo alguna prueba para detectarlo, y se desconoce qué medidas tomaron, si es que lo hicieron. El hecho es que ninguna acción le bloqueó el paso al puré de manzana. Los registros muestran que un auditor le otorgó al fabricante del puré de manzana una calificación de seguridad de A+ en diciembre, cuando ya había niños estadounidenses envenenados.

La FDA cuenta con facultades para someter a pruebas los alimentos que llegan a la frontera. No hay ninguna señal de que alguien haya analizado el puré de manzana cuando llegó a los puertos de Miami y Baltimore. Los inspectores realizan alrededor de la mitad de las pruebas de este tipo que hacían hace una década.

La FDA señaló que planea analizar el incidente y determinar si necesita solicitar que el Congreso le otorgue nuevas facultades para evitar enfermedades en el futuro.

Desde hace años, los reguladores federales han advertido acerca del riesgo de la manipulación de ingredientes en los alimentos.

Algunos cambios en el sistema de seguridad alimentaria se debieron a un escándalo ocurrido a finales de la década de 2000 en China, donde la gente usaba polvo tóxico de melamina porque era barato en vez de proteína en polvo en la fórmula infantil y la comida para mascotas. Murieron seis bebés en China y cientos de perros en Estados Unidos.

Cuando se empezaron a preparar leyes aplicables a los alimentos importados, los cabilderos de las tiendas de abarrotes y las empresas de alimentos se dedicaron a debilitarlas. Scott Faber, antiguo cabildero de la Asociación de Fabricantes de Abarrotes, recuerda haberse opuesto a las propuestas de tomar más muestras, realizar más pruebas y presentar más informes.

“En ese entonces, nuestro razonamiento era que se destruiría demasiado producto si se hacía necesario realizar más pruebas y tomar más muestras”, dijo Faber. “Ahora es evidente que los bebés y los niños pequeños pagan el precio del éxito de la industria”. Ahora es un funcionario de alto rango de la organización ambiental sin fines de lucro Environmental Working Group, donde promueve una supervisión más estricta del suministro de alimentos.

Heather Garlich, vocera de la asociación de la industria alimentaria, que usa la sigla FMI, se negó a hacer comentarios sobre el retiro del mercado del puré de manzana. “Estados Unidos es un líder global en seguridad alimentaria debido a la estricta supervisión del gobierno, la existencia de alianzas vitales entre los sectores público y privado e iniciativas de la industria”, señaló Garlich.

La política de seguridad alimentaria siempre es un acto de malabarismo. Sería imposible que los agentes de la FDA abrieran cada embalaje importado de productos agrícolas o especias e hicieran pruebas para detectar todos los contaminantes posibles. Cada nuevo requisito que se les impone a las empresas produce un aumento en el costo de los alimentos.

De cualquier manera, críticos como Faber afirman que la FDA ha cedido a las empresas demasiado de la tarea de supervisión.

La Ley de Modernización de la Seguridad Alimentaria, aprobada en 2011 por el presidente Barack Obama, amplió las facultades de la FDA para retirar alimentos, rastrear productos agrícolas y rechazar alimentos de empresas extranjeras que no reciban a los inspectores estadounidenses.

Un cambio muy importante fue que se estableció el requisito de que los importadores auditaran a sus proveedores. No se sabe a ciencia cierta cómo actuaron esas empresas en el incidente del puré de manzana. Algunos datos de la FDA muestran que miles de importadores no realizan auditorías adecuadas.

La ley definitivamente no pretendió colocar a la FDA, que supervisa alimentos que se pueden almacenar con seguridad a temperatura ambiente, queso y productos agrícolas frescos, al mismo nivel que el Departamento de Agricultura, el otro regulador alimentario importante del país. En todas las plantas procesadoras de carne estadounidenses hay inspectores de agricultura y solo permiten la importación de carne de países que cuentan con sistemas de seguridad rigurosos.

La FDA le pidió al Congreso en 2022 que le concediera facultades para establecer límites de metales pesados y exigirles a los fabricantes de comida para bebé que hicieran pruebas para detectarlos, cambios que podrían haber prevenido los envenenamientos del año pasado. El Congreso no actuó en este caso.

Una madre exige respuestas

Quizás el puré de manzana contaminado habría pasado desapercibido más tiempo de no haber sido por una familia de Carolina del Norte.

A principios del verano pasado, Nicole Peterson y Thomas Duong quedaron alarmados ante los niveles de plomo en la sangre de sus hijos pequeños durante un chequeo de rutina. En solo unas semanas, esos niveles se habían elevado al doble.

Peterson relató que la pareja trabajó con el departamento de salud local para intentar determinar qué estaba afectando a sus hijos. No “dormíamos ni comíamos, la situación nos estaba volviendo locos”, compartió Peterson. Junto con su esposo, Peterson presentó una demanda contra Dollar Tree, la empresa a la que le compraron el puré de manzana, y WanaBana, el distribuidor estadounidense dirigido por funcionarios de Austrofood.

Un vocero de Dollar Tree señaló que la empresa está comprometida a verificar la seguridad de los productos que vende. Austrofood explicó que confió en la certificación del proveedor y subrayó que, del resto de sus productos, ninguno se ha retirado del mercado.

Su hija de 3 años, una activa e inteligente pequeña a la que le encantan los vestidos con vuelo y el esmalte de uñas, tenía un nivel de plomo en sangre de 24 microgramos por decilitro, casi siete veces el nivel que los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés) señalan como elevado. Su hermano menor, un niño relajado que disfruta los camiones ruidosos y la música dance, había alcanzado un nivel de 21.

Un grupo de investigadores de salud pública realizaron una búsqueda en su casa y la guardería, pero no lograron encontrar la fuente. Cuando las pruebas de sangre de los padres mostraron resultados normales, comenzaron a sospechar de un alimento que solo comían los niños: sobres metalizados de puré de manzana con canela.

Los funcionarios de salud de Carolina del Norte analizaron los sobres y descubrieron una cantidad extraordinariamente elevada de plomo.

En respuesta, la FDA tomó medidas.

En busca de la fuente

A finales de octubre, Austrofood retiró del mercado millones de sobres de puré de manzana. La FDA señaló que está convencida de que esta medida eliminó la canela contaminada del suministro de alimentos de Estados Unidos.

Los CDC calculan que más de 400 infantes y bebés fueron envenenados. La mediana de los resultados de las pruebas fue de seis veces el nivel descubierto en la crisis de agua causada por la tubería de plomo hace una década en Flint, Míchigan.

La exposición en Flint fue más sostenida y ha sido difícil cuantificar sus efectos a largo plazo. Sin embargo, varios años después, se duplicó el número de estudiantes de la ciudad que cubren los requisitos para solicitar educación especial.

Este mes, la FDA informó que los investigadores ecuatorianos creen que es probable que el responsable de haber contaminado la canela sea Carlos Aguilera, que operaba un molino de especias. La agencia de salud de Ecuador presentó una queja administrativa contra Aguilera, en la que indica que operaba sin permiso y utilizó maquinaria descompuesta que aumentó el riesgo de impurezas, según muestran los registros. Esa reclamación está pendiente.

Los funcionarios ecuatorianos retiraron canela empacada de clientes de Aguilera que se analizó y dio positivo por la presencia de plomo, según algunos registros de inspección y entrevistas.

Pero los investigadores no encontraron nada de canela contaminada en la planta de Aguilera, según los registros. En una entrevista con periodistas, Aguilera negó haberle añadido cromato de plomo.

No existe ningún requisito explícito de que Austrofood someta sus productos a pruebas para detectar plomo. Según los reglamentos de la FDA, las empresas solo deben identificar peligros probables a la seguridad alimentaria y desarrollar planes para resolverlos.

Austrofood tenía un plan, pero el plomo no era uno de los riesgos esperados, según registros de la FDA.

Después del envenenamiento por plomo, la FDA hizo constar en los registros respectivos que Austrofood no había identificado el plomo entre sus peligros.

¿Dónde estaba la FDA?

La industria nunca debería haber tenido la libertad de ser su propio supervisor. La ley sobre seguridad alimentaria estipula que la FDA debía aumentar la supervisión en el extranjero y realizar alrededor de 19.000 inspecciones internacionales de alimentos al año.

La agencia nunca se acercó siquiera a cumplir esa cantidad. El año pasado, según consta en los registros respectivos, los reguladores realizaron alrededor de 1200 inspecciones en el extranjero, que equivalen a visitar a menos del uno por ciento de los fabricantes internacionales de alimentos registrados con la FDA.

Cuando la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno (GAO, por su sigla en inglés) detectó el problema en 2015, la FDA señaló que no contaba con suficientes fondos y cuestionó “la utilidad de realizar tantas inspecciones”. La oficina de rendición de cuentas anunció hace poco que todavía está en espera de que la FDA le diga qué número de inspecciones considera adecuado.

Un grupo de funcionarios estadounidenses realizaron una inspección a Austrofood en 2019. No se sabe a ciencia cierta qué tipo de pruebas llevaron a cabo, pero algunos registros comerciales indican que la empresa no exportaba productos con canela a Estados Unidos, por lo que es probable que esa especia no haya sido sometida a inspección. Los reguladores no identificaron ningún problema que requiriera atención, según reflejan los documentos respectivos.

Ningún inspector regresó hasta que se descubrió el envenenamiento por plomo casi cinco años después.

No existe ningún registro de que la FDA haya realizado alguna inspección en la fuente original de la canela, la empresa de Sri Lanka Samagi Spice Exports. Nanda Kohona, director de comercialización de la empresa, aseveró que la empresa realizó sus propias pruebas para detectar plomo.

Ninguna de las otras empresas que forman parte de la cadena de suministro de la canela eran candidatas a una inspección de la FDA porque no hacen envíos directos a Estados Unidos.

“Me parece que lo que hace falta es contar con una agencia regulatoria totalmente independiente que verifique el proceso, vaya al lugar y realice inspecciones”, opinó Sarah Sorscher, directora de cuestiones regulatorias de la organización sin fines de lucro Center for Science in the Public Interest.

Peterson, la madre de Carolina del Norte cuya persistencia fue el punto de partida de la búsqueda, comentó que sintió un gran alivio cuando descubrieron que el puré de manzana era la fuente del plomo. Por desgracia, su familia ahora debe monitorear de cerca a sus hijos por si manifiestan señales de retraso en su desarrollo.

En el caso de los niños, la exposición al plomo, incluso a niveles bajos, se ha relacionado con hiperactividad, cambios de ánimo y dificultades en la lectura y las habilidades sociales.

“Esperamos que, a fin de cuentas, nuestros hijos estén sanos y puedan seguir sanos”, señaló.

“No deberían tener que preocuparse por lo que comen. Nadie debería estar en esa situación”.

c.2024 The New York Times Company