La nueva Puerta del Sol y el urbanismo llevado a la estupidez en nuestras ciudades

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El proyecto para la Puerta del Sol en Madrid no incorpora ni una sombra, ni árboles, ni un banco y olvida adaptarse a las olas de calor del calentamiento global...
El proyecto para la Puerta del Sol en Madrid no incorpora ni una sombra, ni árboles, ni un banco y olvida adaptarse a las olas de calor del calentamiento global...

El Ayuntamiento de Madrid, el célebre “Kilómetro Cero”, las campanadas de Nochevieja, el Oso y el Madroño o el visible cartel de Tío Pepe son algunos de los elementos que han convertido la Puerta del Sol en una de las plazas más emblemáticas, populares y reconocibles de toda Europa. Desde 2013 las gestiones para remodelar la plaza han ido surgiendo y enfriándose hasta que, hace tan solo unos meses, llegó el esperado anuncio de que las obras de la “nueva Puerta del Sol” por fin se iniciaban.

El proyecto ganador fue realizado por el estudio de arquitectos Linazasoro y Sánchez que, según sus propias palabras califican la Puerta del Sol como “un espacio discreto”, en el que “no tendría sentido entenderlo como monumental ni tampoco introducir diseños contemporáneos” El diseño propuesto intenta lograr un “espacio urbano de carácter participativo” pero sin generar un “lugar caótico lleno de objetos y carente de referencias”.

En definitiva, los cambios aportados a la actual Puerta del Sol pretenden ser discretos y no alterar demasiado el aspecto histórico de la plaza… pero hay un gran problema: no se ha incorporado ni una sombra, ni un árbol, ni una fuente útil, ni un banco para sentarse y descansar. Un espacio público al que se le niega cualquier atisbo de amabilidad o comodidad hacia sus usuarios, se presenta una remodelación acorde con el siglo XVIII que se proyecta olvidando (o quizá obviando voluntariamente) la climatología del siglo XXI…

No es que la Puerta del Sol haya sido un dechado de estas virtudes hasta ahora. En la actualidad apenas hay sombra, ni un solo banco o asiento, tampoco hay vegetación, zonas verdes y mucho menos árboles… pero qué oportunidad perdida para remediar estas carencias y adaptarse al cambio climático que ya estamos viviendo.

Por supuesto el proyecto de la Puerta del Sol ha recibido numerosas críticas durante estos meses, algunas tan razonables y fundadas como la que publicada hace unos días por el profesor universitario Manuel Marín, titulada “Plazas duras: la peor idea urbanística en tiempos de cambio climático”.

La Puerta del Sol es una plaza emblemática, célebre, reconocible… cierto, pero también es una de las más populosas y transitadas de Europa. La arquitectura y el urbanismo con frecuencia se centran en la estética, en los materiales o en la historia, olvidando que esos espacios están destinados a las personas… es el concepto de “Plazas duras” que, de manera incomprensible, ridícula y desfasada, se está imponiendo en demasiadas ciudades.

“En pleno verano y con la temperatura desbocada la gente busca sombra, agua corriente y árboles frondosos para hacer frente al calor y la deshidratación, pero lo que la ciudad ofrece son avenidas desarboladas y llenas de coches, plazas duras y desprotegidas del sol abrasador, arroyos entubados bajo el asfalto y fachadas desnudas que absorben radiación y acentúan el calentamiento global, añadiendo dos o tres grados más como aportación del microclima urbano, donde vive la mayoría de la población”, explica Marín.

El absurdo concepto de “plaza dura” es fácil de entender, y su propio nombre nos indica un urbanismo agresivo, incómodo y, en definitiva, duro para el ciudadano. Su definición nos acerca a una agreste urbanización de espacios públicos que consta de una “extensa superficie, normalmente, de granito u hormigón, sin apenas presencia de vegetación y, muy habitualmente, con escaso mobiliario urbano”.

Una idea urbanística desfasada, heredera de la industrialización y el brutalismo de los ’50 que, incomprensiblemente, parece cada vez más presente en nuestros días sin tener en cuenta otro concepto mucho más actual: las islas de calor urbanas.

Ayer publicábamos un artículo sobre las intensas olas de calor que ya estamos viviendo y que todos los indicadores apuntan a que se multiplicarán por dos o por tres en los próximos años. Si a esta imparable alza de temperaturas sumamos el efecto de isla de calor urbana, el resultado no van a ser plazas duras o ciudades duras… serán ciudades inhabitables.

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