La práctica que preocupa a los médicos por su injerencia en el aumento de las infecciones de transmisión sexual

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Durante los encuentros se suelen consumir cócteles de varias drogas, entre ellas el éxtasis

En Europa hace al menos una década que se conoce. En la Argentina, en cambio, empieza a haber registro en los últimos años. Y el fenómeno no pasó desapercibido entre los infectólogos, que coinciden en alertar sobre los riesgos en la salud de esta práctica, y su injerencia en el aumento de las infecciones de transmisión sexual. Se trata del chemsex.

“Llamamos chemsex [chemical sex, sexo químico en inglés] al uso de determinadas drogas durante las prácticas sexuales que tienen como finalidad aumentar la desinhibición, facilitar la confianza y prolongar la duración de encuentros sexuales —explicó a LA NACION Diego Salusso, médico infectólogo de la Fundación Huésped—. Al hablar de chemsex no nos referimos simplemente al consumo de cualquier sustancia en el marco de un encuentro sexual, sino a un fenómeno más amplio que tiene características particulares y que puede traer múltiples consecuencias para la salud”.

Según Salusso, las personas que practican chemsex tienen sesiones de sexo que pueden prolongarse durante varias horas, que pueden involucrar a múltiples parejas sexuales y, en este contexto, la utilización del preservativo puede disminuir.Esto conlleva a un aumento en el riesgo de adquirir infecciones de transmisión sexual (ITS), como por ejemplo virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), hepatitis, sífilis, y gonorrea, entre otras”.

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Damián Aguila, médico infectólogo que conforma la comisión directiva de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI), dijo: “Existen trabajos realizados del centro comunitario Barcelona Checkpoint, que muestran que las personas que practican chemsex tienen hasta el triple de posibilidades de adquirir VIH respecto de los que no las practican, además de una mayor probabilidad de adquirir todas las ITS”.

Por otro lado, los expertos advierten que existe el peligro de sobredosis o de eventos adversos relacionados al consumo de distintas sustancias de manera simultánea. ”Algunas vías de administración, como la endovenosa, pueden tener mayor riesgo de intoxicación o provocar, entre otras cosas, sobreinfección bacteriana”, subrayó el médico de la Fundación Huésped.

La posibilidad de adquirir una adicción también supone un peligro. “La resignificación de las relaciones sexuales bajo este nuevo paradigma de uso de sustancias conlleva a una dificultad para encontrar el placer cuando estas ya no se utilizan —dijo Salusso—. En muchas ocasiones, el chemsex se utiliza como vía de escape para situaciones traumáticas de la vida y puede constituir una adicción, que produce una multiplicidad de efectos nocivos en la esfera psicosocial de las personas, como depresión, ideación suicida, y retracción social con afectación de la vida laboral”.

Qué se consume

Federico Ibarra González, psicólogo y sexólogo clínico, miembro de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana (SASH), diferenció la práctica en la Argentina de lo que sucede en Europa: “Si bien sucede, no es tan prolífica la práctica en el país. En principio, porque las drogas de moda tienen su auge primero allí y luego llegan a nuestro hemisferio”.

¿Qué se consume? Se utilizan sustancias psicoactivas, tanto lícitas como ilícitas. “Las drogas más consumidas en forma única o como cócteles de varias de ellas son la metanfetamina, popper, GHB, éxtasis, ketamina, cocaína, alcohol y marihuana. Como muchas de ellas generan como efecto adverso la disfunción eréctil, es frecuente el uso de Sildenafil (Viagra) y Tadalafilo”, señaló Águila. El Sildenafil, Tadalafilo y el alcohol son drogas legales en el país.

Al respecto, Ibarra González detalló el efecto físico que cada una de ellas produce y advirtió: “Algunas generan euforia o desinhibición, y aumenta la probabilidad de no utilizar preservativo durante estas prácticas”.

  • Alcohol: tiene un efecto desinhibidor que puede aumentar el interés y excitación sexual. Sin embargo, si se aumenta la dosis, puede provocar atrofia testicular, dificultar la respuesta eréctil y la excitación femenina.

  • Cocaína: da una sensación de omnipotencia y es euforizante. Aumenta el deseo. Sin embargo, dificulta la excitación y retrasa el orgasmo.

  • Éxtasis: es un gran empatógeno, que genera una sensación de cariño entre las personas. Por el contrario, puede provocar deshidratación, aumento de la temperatura corporal y afecta la erección.

  • GHB: provoca euforia y desinhibición. Puede generar pérdida de consciencia.

  • Ketamina: puede funcionar como anestésico, y tiende a utilizarse para prácticas sexuales dolorosas. Puede generar ansiedad y depresión.

  • Popper: es un relajante muscular que afecta el músculo liso, lo que facilita la penetración. Dificulta la respiración”.

¿Cómo se organizan los encuentros? “Comúnmente mediante aplicaciones de citas por geolocalización, utilizando emojis o siglas en código para indicar la actividad buscada. En otras ocasiones, los participantes ya se conocen y pueden coordinarse por mensajería. También puede suceder que se den estos encuentros post boliches, en departamentos privados”, precisó Ibarra González.

En la Argentina, a diferencia de lo que pasa en Europa, no son frecuentes las fiestas multitudinarias detallan los expertos: lo habitual es que se de en grupos más acotados, de tres o cuatro personas, y que los encuentros se desarrollen en algún domicilio. “Hay una disminución de los espacios específicos de encuentros como saunas o clubes, y es notoria la expansión en las redes sociales y aplicaciones como Grindr, Scruff, grupos de Telegram, entre muchos otros, como estrategia para la búsqueda de vínculos para encuentros sexuales”, describió Aguila y precisó que se da mayormente entre hombres que tienen sexo con hombres”.

Cómo actuar

Autoridades del hospital Muñiz señalaron a LA NACION que el chemsex “no es un tema muy recurrente en el país”, y que particularmente en el hospital “no se suele atender porque no es una patología que abarque a los niveles sociales que llegan allí”. En ese sentido, precisaron que el trabajo en relación al tema lo desarrollan con la Fundación para el Cuidado de la Salud del Sida (AHF, por sus siglas en inglés).

“El chemsex aparece en los últimos años, se empieza a ver a finales de 2019. Sin embargo, no hay datos certeros. En Europa hace más de 10 años que se conoce”, señaló Gabriel Avena, psicólogo especialista en sida y salud mental, y coordinador del grupo de apoyo para personas que viven con VIH de AHF en la Argentina.

Además, precisó: “Se trabaja desde la integralidad y con una mirada de reducción de daños. Por las escasas consultas que llegan, se aborda cada caso de manera específica, siempre propiciando de manera gratuita los testeos y tratamientos para el VIH”.

En ese sentido, Salusso explicó el porqué de la falta de estadísticas sobre el tema así como las escasas consultas en los centros de salud: “El consumo problemático de estas sustancias con fines sexuales no suele ser un motivo de consulta habitual dado que la percepción que se tiene del potencial daño es bajo”.

Sin embargo, enfatizó: “Sabiendo lo que ocurre en otras regiones del mundo sería importante abordar este tema activamente para disponer de un análisis de situación más definido y conocer la situación exacta en nuestro país”.

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“Las estrategias propuestas más concretas son facilitar el acceso a consultorios ‘amigables’, con personal entrenado en la problemática, donde predomine la no estigmatización, y trabajar en la reducción de daños —señaló Águila—. En forma concreta, debemos asesorar sobre riesgos y síntomas de ITS, proveer preservativos y geles lubricantes, así como Profilaxis Preexposición (PreP) y Post Exposición (PEP) para el VIH”.

Además, el especialista de la SADI enumeró las acciones que se debieran llevar adelante por el personal médico:

  • “Detectar tempranamente las ITS, con búsqueda activa de clamidia, gonococo y sífilis;

  • tratar a las personas y motivarlas a que alerten a sus contactos para un eventual tratamiento;

  • detectar hepatitis virales y avanzar en la vacunación de hepatitis A y B;

  • respecto al VIH, testear y aplicar tratamiento rápidamente, ya que sabemos que la persona que tiene su carga viral indetectable es intransmisible (I=I), es decir que no transmite el VIH por vía sexual; y

  • ofrecer apoyo con equipo de salud mental a las personas con consumo problemático de sustancias”.

Por último, Salusso enfatizó que el chemsex es un fenómeno “complejo”, que no se circunscribe únicamente a lo médico o a la esfera biológica, sino que tiene relación con aspectos psicosociales. En este sentido, subrayó que para que el abordaje sea exitoso “se deben construir redes de contención que sean interdisciplinarias y que involucren a profesionales de distintas áreas, médicos toxicólogos, psicólogos, sociólogos, entre otras profesiones”.