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Posmachismo o por qué los hombres se sienten amenazados por el feminismo

El feminismo, que no es más que la consecución real de la igualdad de género, se ha topado con un poderoso enemigo que adquiere la forma de discurso negacionista y nombre de epopeya disfuncional: posmachismo. Los métodos han cambiado y ya no hace falta mostrarse abiertamente violento o agresivo para desacreditar cualquier cuestionamiento del sistema patriarcal. Basta con construir un relato que parezca del todo lógico, sutil en sus descalificaciones y políticamente correcto.

El posmachismo o neomachismo no es otra cosa que una respuesta renovada del machismo contra los avances del feminismo en contextos donde la capacidad de movilización popular de las mujeres ha quedado más que demostrada. Como explican las investigadoras Trinidad Donoso y Nieves Prado en su estudio Neomachismo en espacios virtuales, “se trata del machismo de siempre, pero con un discurso transformado para poder introducirse y calar en el mundo actual”.

“El feminismo odia a los hombres”, “la igualdad entre mujeres y varones ya se ha logrado”, “la violencia no tiene género”, “a los hombres también los asesinan sus parejas”, “la brecha salarial no existe” son solo algunos de los discursos representativos de esta nueva ola antifeminista que ha encontrado en las redes sociales un púlpito a medida desde el que multiplicar su alcance. La palabra ‘feminazi’ es otro ejemplo de estas formas normalizadas del lenguaje que buscan menoscabar los intentos por alcanzar un modelo social más igualitario. “¿Qué lógica tiene usar ese término cuando el feminismo surgió a partir de una vulneración de derechos? ¿cómo vienes a decir que somos nosotras las que te queremos atacar? Supone no reconocer las violencias y desigualdades históricas que han vivido las mujeres”, explica la periodista y activista Arlen Molina.

El posmachismo, que ha encontrado en las redes su gran escaparate, busca desacreditar el movimiento feminista.  (Photo by Marcos del Mazo/LightRocket via Getty Images)
El posmachismo, que ha encontrado en las redes su gran escaparate, busca desacreditar el movimiento feminista. (Photo by Marcos del Mazo/LightRocket via Getty Images)

La proliferación de estos mensajes que buscan generar rechazo en torno al feminismo no es fortuita. Se requiere de todo un entramado ideológico y mediático bien urgido por parte de lo que el filósofo Noam Chomsky denomina “los expertos en legitimación”. No es casual que la extrema derecha haya hecho de estas arengas su principal bandera para desacreditar cualquier intento de las mujeres por seguir avanzando en la conquista de derechos. Solo hace falta remitirse al personaje de Donald Trump para comprobar como ese machismo disfrazado de populismo logra calar en los votantes y no recibe sanción social en las urnas. De hecho, lo más probable es que se presente de nuevo a las elecciones de Estados Unidos en 2024...

El problema de este entramado basado en formas de discriminación dialécticas y violencias simbólicas inéditas no es tanto que existan, que también, sino la reacción defensiva que está suscitando en tantos hombres que ven amenazada su identidad al amparo del modelo de masculinidad vigente. Una encuesta realizada por investigadores españoles en cuatro países desarrollados desveló que un porcentaje muy significativo de varones considera que algunas corrientes del feminismo son una amenaza para los hombres. Estuvieron de acuerdo el 59% en Francia, el 50% en España, el 47% en Estados Unidos y solo el 39% en Suecia. También en Estados Unidos, un estudio del Southern Poverty Law Center alertó de este aumento de la percepción de rechazo, que alcanza el 62% de los votantes republicanos y el 46% de los demócratas.

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Escribe Miguel Lorente, autor de Mi marido me pega lo normal, que “las expresiones machistas no podrían contar con el espacio que aún tienen si el posmachismo no generara esa confusión en la conciencia y distorsión de la realidad”. Esta resistencia al cambio, a abandonar la posición privilegiada que histórica y culturalmente ha ostentado el hombre en la sociedad arrastra consecuencias peligrosas, como negar realidades tan axiomáticas como el fenómeno del feminicidio o la perspectiva de género. “Ciertos hombres se están atrincherando en sus discursos y comportamientos machistas. A pesar de todas las transformaciones y conquistas, vivimos en una sociedad en la que continuamos reproduciendo roles y estereotipos, comportamientos machistas y situaciones injustas para las mujeres, sin que en muchos casos seamos conscientes”, explica Octavio Salazar en su libro El hombre que no deberíamos ser.

Está demostrado que la repetición contante de un mismo mensaje provoca que sea asumido como verdadero y que resulte casi imposible escapar de su influencia. Las prácticas del posmachismo logran este efecto devastador: que se generalice el rechazo al movimiento feminista y su lucha por un modelo más justo e igualitario bajo el argumento de que atenta contra los derechos de los hombres. Esos mismos hombres a los que solo se les reclama que compartan los privilegios de los que han sido depositarios históricamente con la otra mitad de la población y en igualdad de condiciones. Ni más, ni menos.

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