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Pobreza, angustia y aislamiento: la invasión rusa de Ucrania se ceba con los mayores

Kiev, 1 dic (EFE).- Pocos colectivos sociales están sufriendo tanto la invasión rusa de Ucrania como el de las personas mayores, cuya situación de vulnerabilidad se ha visto agravada por fenómenos generalizados como la emigración o el reclutamiento de las personas más jóvenes de las que dependían.

Así lo revela un detallado informe de Amnistía Internacional (AI) que sale hoy a la luz con motivo de la celebración del Día Internacional de las Personas con Discapacidad.

A lo largo de 95 páginas y basándose en 159 entrevistas a personas de edad avanzada que a menudo sufren de ceguera, movilidad reducida o demencia, Amnistía desglosa los problemas más comunes a los que se enfrenta esta categoría de personas en la Ucrania asediada por las fuerzas de ocupación rusas.

Acceso a la vivienda

Como consecuencia de los bombardeos rusos, millones de personas han perdido sus hogares en Ucrania. Muchos de estos desplazados son gente mayor a los que las bajas pensiones que se cobran en Ucrania impiden buscar por su cuenta otra vivienda.

Ante esta situación, buena parte de los ancianos acaban en escuelas u otros tipos de infraestructuras públicas habilitadas para acoger a desplazados, que no estaban preparadas para responder a las necesidades de este grupo poblacional y no siempre pueden recibir a estas personas.

“Una familia vino con una abuela que apenas podía subir las escaleras del edificio provincial”, explicó Irina Borodina, directora de una guardería que ahora a acoge a 57 desplazados en la región nororiental de Járkiv.

“Sabía que esa persona necesitaba ayuda, pero no somos una residencia de ancianos, no tenemos trabajadores para esos cuidados”, dijo a AI Borodina, haciendo alusión al déficit de personal en el centro improvisado de desplazados.

El Gobierno ucraniano ofrece ayuda económica a esta gente, pero en una cantidad insuficiente para que puedan alquilar una vivienda por sí mismos.

Sin familia ni servicios sociales

En las zonas cercanas al frente, la guerra ha empujado a emigrar a la mayor parte de la población activa y joven. Entre quienes prefieren vivir bajo la amenaza de la artillería y los cohetes rusos están sobrerrepresentados los mayores, que no se ven con fuerzas para empezar de cero en otro sitio y deciden quedarse.

Muchos de los familiares o de los empleados de servicios sociales que les cuidaban sí se han ido a zonas más seguras o están combatiendo en la guerra.

Antón Yefanov es jefe adjunto de la Administración Militar de la ciudad sureña de Jersón, una de las más castigadas por el fuego ruso. “Hay gente mayor que se ha quedado en la ciudad, tiene movilidad reducida y sus familiares se fueron durante la ocupación (rusa)”, cuenta el funcionario en el informe.

“No hay nadie que vaya a ayudarlos, que les lleve comida o medicación, y ellos no pueden ir a los centros de ayuda”, señala Yefanov sobre el panorama en esta ciudad conquistada por Rusia al comienzo de la guerra y liberada por Ucrania en otoño de 2022.

Yefanov calcula en 6.000 o 7.000 el número de personas de Jersón que están en esta situación.

Las circunstancias creadas por la guerra también están dificultando el acceso al tratamiento médico de muchos mayores.

Segregación y aislamiento

Las carencias de los centros para desplazados a la hora de recibir a las personas mayores con discapacidad ha separado a muchas de ellas de sus vecinos y sus familias.

“Las personas mayores con demencia u otras formas de deterioro cognitivo presentan un mayor riesgo de perderse en el sistema institucional tras perder contacto con sus familiares durante la guerra”, dice el informe.

Amnistía ha identificado casos de ancianos viviendo permanentemente en hospitales pese a no necesitar tratamiento ante la falta de condiciones para ellos en los centros habilitados para el grueso de los desplazados.

Marcel Gascón

(c) Agencia EFE