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Pitchfork se incorpora a GQ: Cuando los “medios musicales” se convierten en “medios masculinos”

LOS ÁNGELES (AP) — Casi tres décadas después de su creación, Pitchfork, la publicación musical más influyente de la era del internet con el poder de hacer o deshacer carreras de artistas, será absorbida por otra publicación, una revista de moda y estilo para hombres.

Pitchfork, un sitio web amado por ser uno de los verdaderos centros de gravedad de la música moderna, reconocido por sus reseñas diarias de álbumes con una puntuación de 0.0 a 10.0, se incorporará a GQ, anunció el miércoles su empresa matriz Condé Nast.

Al menos 12 empleados fueron despedidos, dijeron a The Associated Press tres personas involucradas bajo condición de permanecer en anonimato, pues señalaron que es una situación en progreso. Diez de ellos pertenecían al equipo editorial, lo que dejó un equipo permanente de ocho personas.

La decisión se tomó después de lo que Anna Wintour, directora de contenido de Condé Nast, calificó como “una evaluación cuidadosa del desempeño de Pitchfork”. Wintour dijo que la medida era “el mejor camino a seguir para la marca para que nuestra cobertura de la música pueda seguir prosperando dentro de la empresa”.

A medida que Pitchfork avanza hacia su nueva configuración, vale la pena preguntarse si muchos consideran el descubrimiento de canciones como la función principal del periodismo musical, ¿cuál es el papel de escribir sobre música cuando las personas pueden encontrar a sus artistas favoritos siguiendo recomendaciones de redes sociales o escuchando 15 segundos de una canción en una lista de reproducción popular?

DE UN MEDIO MUSICAL A UN MEDIO DESTINADO A HOMBRES

Ryan Schreiber era empleado de una tienda de discos cuando fundó Pitchfork en 1996, originalmente era un blog de música independiente inspirado en fanzines (publicaciones creadas por el público) y lo convirtió en “la voz más confiable en la música”, como dice su lema.

Pitchfork comenzó en la era de los CD, con gustos exigentes y una curaduría inigualable, guio a los voraces melómanos por la era del mp3 y el intercambio de archivos de usuario a usuario en Napster y llegó hasta la era del streaming. En ese tiempo, su voz iba entre sarcástica e incisiva (a menudo ambas cosas a la vez) y el alcance de su cobertura se adaptó al momento actual. Schreiber vendió Pitchfork a Condé Nast en 2015.

“A finales de la década del 2000, la cultura alternativa se estaba volviendo cada vez más establecida y conocida y su enfoque artesanal para la vida, centrado en pequeñas producciones, estaba tomando el relevo de la brillante producción en masa de la década anterior”, dice Laura Snapes, editora adjunta de música de The Guardian y colaboradora de Pitchfork desde hace mucho tiempo.

“Pitchfork estaba bien posicionado para liderar y reflejar ese cambio”, dice Snapes. “Se convirtieron en los cronistas de referencia de este momento y tenían legitimidad... Se podían ver las grandes raíces de esta cultura en el sitio”.

Ann Powers, crítica musical de NPR, dice que Pitchfork juega un papel crucial en los medios del siglo XXI porque es una publicación específica de música y no simplemente un sitio general con una sección de música. Eso significa que sus autores expertos han podido profundizar en la cobertura y la crítica, destacando “la escritura musical inteligente y comprometida, verdaderamente apasionada para el fan de la música”, en lugar de centrarse únicamente en lo que atraería a una audiencia de interés general, particularmente en un momento en que la prensa especializada en música está desapareciendo.

“Pitchfork también se convirtió en un hermoso espacio para la diversidad”, dice Powers. “Se volvió un espacio donde había muchas escritoras increíbles, personas de color, que cubrían pop, R&B, música experimental y global con la misma pasión y dedicación con la que se cubría el tipo de rock indie del que nació (la publicación)”.

La decisión de trasladar Pitchfork a GQ, dice, le recuerda a la cultura de las revistas musicales de los 90, donde los anunciantes clasificaban publicaciones como SPIN, Rolling Stone, Vibe y Blender como de interés masculino. “Realmente se siente como un revés”, dice Powers.

Dice Snapes: “La música es mucho más que un ‘interés de hombres’ o una actividad de ocio. Pitchfork le daba una atención crítica, cercana y prolongada a muchos tipos diferentes de música y tantos nichos diferentes. No estoy segura de cómo convivirá eso con artículos de venta de productos online como aspiradoras”.

LOS CAMBIOS QUE SE AVECINAN

El miércoles, la mayoría del personal de Pitchfork recibió un enlace a una reunión obligatoria de 15 minutos con Wintour, dijeron a AP tres personas involucradas. Eso desencadenó una serie de eventos en los que a la mayoría de los afectados se les dijo que su último día en la empresa sería el viernes.

En capturas de pantalla de un canal público de Slack al que accedió el personal de Condé Nast, obtenidas por AP, Melissa Consorte, vicepresidenta de Condé Nast, escribió el miércoles: “Pitchfork no va a desaparecer como marca”.

“Esto no es algo terrible para nosotros: GQ y P4K se estaban metiendo en los carriles del otro y esto nos facilita usarlos de manera complementaria”, dijo, utilizando una abreviatura popular para referirse Pitchfork. “Creo que esto solo ayudará a que P4K se sienta más grande y más reconocible a largo plazo”.

El jueves, Consorte continuó: “Pitchfork no se cerrará ni se renombrará como GQ, desde la perspectiva del cliente y el usuario, todo se verá igual”. Y en otro canal público de Slack, Joanna Melissakis, jefa de ventas y belleza de Condé Nast, escribió que “Pitchfork seguirá siendo una marca independiente, pero la estructura organizacional interna está cambiando”.

Un representante de Condé Nast no accedió a hablar con The Associated Press oficialmente. Sin embargo, una editora de desarrollo de audiencias de Condé Nast compartió en X que “por volumen, Pitchfork tiene el mayor número de visitantes diarios del sitio de cualquiera de nuestros títulos... A pesar de los escasos recursos, especialmente de la empresa”.

UN PAISAJE MUSICAL CAMBIANTE

Gareth Paisey, cantante de la banda indie galesa Los Campesinos!, es uno de los muchos músicos que publicaron sobre Pitchfork tras la noticia de sus cambios. Su banda ha recibido críticas favorables de la publicación, pero incluso aquellos con puntajes bajos la recordaron elogiándola.

“Hubo un período de tiempo en el que, si Pitchfork decía que algo era bueno, yo pensaba que era bueno. Y si criticaban algo, probablemente no me molestaba en escucharlo”, dijo. “Creo que eso habla de su poder, de cómo fue capaz de crear tendencia y hacer que algo pareciera relevante por sí solo”.

En 2021, la guitarrista Yasmin Williams pensaba en dejar la música cuando una crítica positiva de Pitchfork reavivó sus esperanzas. “Estaba lista para el siguiente nivel, pero eso no estaba sucediendo”, recuerda. Luego, Sam Sodomsky de Pitchfork hizo una reseña de su álbum, “Urban Driftwood”.

“Entonces hubo una avalancha de prensa. Realmente creo que se debe a la reseña de Sam”, dice Williams. Williams señaló que los músicos están preocupados por el futuro del sitio pues “la gente confía más en Pitchfork que en otros medios”.

Cuando se trata de su banda, Paisey dice que Pitchfork influía en cómo eran considerados por el público. “Nunca hemos sido una banda de moda”, dice. “Y luego, el hecho de que Pitchfork nos respaldara desde el principio, creo que realmente replanteó la forma en que la gente pensaba sobre nosotros”.

Consideró que los músicos independientes perderán cobertura en este nuevo paisaje editorial.

“Esto suena trillado, pero Taylor Swift no ha tuiteado su decepción de que Pitchfork cierre ¿verdad? Son bandas emo de 5.000 seguidores que obtuvieron una crítica de 7,6 y han estado orgullosas de ello durante los últimos dos años”, dice. “Son los artistas independientes y experimentales los que van a sufrir”.

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Maria Sherman escribe sobre música en The Associated Press. Fue colaboradora de Pitchfork entre 2016 y 2021.