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Pistas sobre el origen de la Tierra: una muestra de asteroide llega al Museo de Historia Natural de Londres

Pistas sobre el origen de la Tierra: una muestra de asteroide llega al Museo de Historia Natural de Londres

Un poco de polvo cósmico va a ser expuesto en el Museo de Historia Natural de Londres. Este no es un trozo de polvo cualquiera.

Este polvo es una muestra de un asteroide que contiene tanto las claves de los orígenes de la vida en la Tierra, como el potencial para acabar con ella… Es realmente interesante, ¿verdad?

Bennu es un asteroide cercano a la Tierra que también orbita alrededor del Sol. Viaja a una distancia aproximada de 120 millones de kilómetros, lejos de nosotros; pero eso no detuvo el intento de una misión espacial de la NASA de establecer contacto.

Tras viajar durante más de siete años, la misión OSIRIS-REx pudo tomar una muestra de Bennu y regresar a la Tierra, aterrizando en el Estado de Utah. Los científicos creen que la muestra del asteroide puede ser una "cápsula del tiempo intacta del principio del sistema solar", y podría señalar el camino para comprender cómo se formó la Tierra y los orígenes de la vida.

101955 Bennu —para darle su denominación completa— fue bautizado con el nombre del ave mitológica del Antiguo Egipto que se asociaba con el dios del Sol Ra, la creación y el renacimiento. Se cree que el Bennu egipcio es una fuente de inspiración para el mito del ave fénix.

Al parecer Bennu se formó durante la creación original del sistema solar de la Vía Láctea, hace 4 560 millones de años. Al formarse el Sol, se inició también una reacción en cadena de creación de sustancias químicas y moléculas, creando discos que orbitaban alrededor del Sol formando anillos.

Asteroide Bennu
Asteroide Bennu - NASA/Goddard/University of Arizona/Lockheed Martin

En este disco protoplanetario, la materia —como el agua y el hierro— se formó en masas mayores, que finalmente se unieron para crear planetas. Los científicos creen que Bennu puede ser un ejemplo de una de las masas de la primera etapa, anterior a la formación de los planetas de nuestro sistema solar.

La emoción por estudiar una muestra de un posible componente básico de la Tierra es palpable en los comentarios del Dr. Ashley King, investigador de meteoritos del Museo de Historia Natural de Gran Bretaña. "Es una especie de bloque de construcción sobrante de nuestro sistema solar", explica King.

"Cuando pensamos en cómo se formó el planeta Tierra, todos los ingredientes están también encerrados en Bennu. Así que queremos desentrañar la historia de Bennu y conocer el origen del sistema solar y luego la historia de la Tierra", prosigue King.

Normalmente, los científicos sólo pueden estudiar meteoritos —asteroides que caen a la Tierra— que sufren cambios irreversibles al entrar en contacto con la atmósfera terrestre. La oportunidad de estudiar un asteroide del que se tomó la muestra en el espacio significa que las condiciones son más prístinas para sacar mejores conclusiones.

"La muestra, creemos, procede del tipo de asteroide que pensamos que podría ser responsable de traer agua a la Tierra", afirma la doctora Helena Bates, investigadora del Museo de Historia Natural de Gran Bretaña. Bates continúa diciendo que "cuando la Tierra se formó era un entorno bastante seco, y creemos que el agua llegó de una fuente extraterrestre en algún momento de la evolución posterior de la Tierra. Creemos que Bennu podría ser representativo del tipo de asteroide que trajo agua a la Tierra".

Pero no sólo busca agua, también se buscan los componentes orgánicos (moléculas de carbono) que podrían indicar el inicio de la vida en la Tierra.

¡Vaya!
¡Vaya! - Canva

Si con una mano Bennu da, con la otra quita, ya que el asteroide también está considerado como uno de los más peligrosos de todo el sistema solar.

Bennu sigue un patrón orbital alrededor del Sol bastante similar al que sigue la Tierra. Eso significa que hay múltiples momentos en el futuro en los que los científicos han predicho que podría entrar en contacto con nuestro planeta.

Las mejores estimaciones actuales para un posible impacto son de un choque directo entre los años 2175 y 2300 con una probabilidad del 0,037 %.

Por tanto, no se trata de un acontecimiento muy probable, pero si ocurriera, los resultados serían devastadores. La colisión crearía más de 1 200 megatones en equivalente TNT, más de 20 veces la fuerza de la Tsar Bomba, el arma nuclear más potente jamás probada.