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Portugal está en suspenso tras unos comicios en los que no se perfila un ganador claro

LISBOA (AP) — El futuro político de Portugal está en juego tras las elecciones generales del domingo, con dos partidos moderados disputándose la contienda por un margen muy estrecho y preparados para aguardar semanas a que se anuncie el ganador tras un incremento sin precedentes en el apoyo a un partido populista que se ubicó en tercer sitio.

La Alianza Democrática de centroderecha, una agrupación encabezada por el Partido Social Demócrata, ganó 79 escaños en la Asamblea Nacional de 230 bancas —el Parlamento portugués— después de que se computaron todos los votos en el país.

El Partido Socialista de centroizquierda —en el poder durante los últimos ocho años— obtuvo 77 escaños.

Los votos que decidirán los comicios provendrán de electores que se encuentran en el extranjero, y ello determinará quién ocupará cuatro escaños tras una noche electoral llena de suspenso. Ese conteo podría llevarse más de dos semanas.

El partido Chega (Basta) de extrema derecha se colocó tercero con 48 bancas, un hito que presenta un desafío sin precedentes a la política habitual, lo que pone de relieve una inclinación hacia la derecha en la Unión Europea.

Partidos más pequeños se llevaron el resto de los votos en unos comicios en los que la participación se elevó a 66%, el mayor nivel en Portugal desde hace años.

El Partido Social Demócrata y el Partido Socialista, ambos moderados, se han alternado en el poder durante décadas. El incremento en el apoyo a un partido derechista radical deja ver un cambio significativo en el panorama político de Portugal y probablemente anuncia un periodo de incertidumbre política.

Un gobierno minoritario que tiene menos de 116 bancas en el Parlamento se encuentra a expensas de partidos de oposición a la hora de intentar aprobar proyectos de ley. El respaldo de Chega podría ser la clave para un gobierno de los socialdemócratas con capacidad de operar.

Chega, que sólo tiene cinco años de fundado, triplicó su número de votos en comparación con los pasados comicios en 2022. El resultado le dio al partido la posibilidad de emitir votos decisivos y con ello darle a los socialdemócratas una mayoría parlamentaria.

Pase lo que pase, Chega ya no puede ser ignorado, pese a los intentos de los partidos principales por hacerlo a un lado.

“Una cosa es segura esta noche: el sistema bipartidista de Portugal ha llegado a su fin”, declaró Andre Ventura, líder de Chega.

Insistió en que los socialdemócratas deberían aliarse con Chega en el Parlamento para formar una mayoría.

“Tenemos un mandato para gobernar”, manifestó.

Pero el líder socialdemócrata Luís Montenegro, que probablemente se convertirá en primer ministro si su alianza gana, dijo que mantendría su promesa de campaña de excluir a Chega y negarse a negociar el compartir el poder con los populistas. Dijo que prevé formar un gobierno por su cuenta.

Ventura dice que está dispuesto a eliminar algunas de las propuestas más controversiales del país —como la castración química de algunos delincuentes sexuales y la introducción de penas de cárcel vitalicias— si eso le abre la puerta a entrar en una posible alianza de gobierno con otros partidos de derecha.

Su insistencia en la soberanía nacional en lugar de una mayor integración con la Unión Europea y su plan de conceder a la policía el derecho a la huelga son otros asuntos que podrían frustrar sus ambiciones de entrar en un gobierno de coalición.

Ventura ha tenido una carrera variada. Ha pasado de abogado y profesor universitario especializado en derecho fiscal a bullicioso comentarista de fútbol en televisión, autor de libros de poca monta y orador grandilocuente durante la campaña.

El líder socialista Pedro Nuno Santos, de 46 años, candidato de su partido a primer ministro, promete un cambio con un “nuevo impulso” del que ha dado pocos detalles. Pero no se ha deslindado de miembros veteranos del partido que trabajaron en gobiernos previos.

Por su parte, los votantes han expresado su alarma por el nivel de vida de Portugal ante crecientes presiones financieras.

La influencia de inversionistas extranjeros de bienes raíces y turistas que buscan alquileres de corto plazo provocó un alza en los precios de las viviendas, especialmente en grandes ciudades como Lisboa, donde los precios expulsan a muchos vecinos del mercado.

La economía parece estancada en un avance lento. Los portugueses, que están desde hace mucho entre los europeos occidentales que menos ganan, obtuvieron un ingreso promedio de unos 1.500 euros (1.640 dólares) mensuales antes de impuestos el año pasado, lo que apenas basta para arrendar un apartamento de una habitación en Lisboa. Unos 3 millones de trabajadores portugueses ganan menos de 1.000 euros (1.093 dólares) al mes.

Mientras tanto, el número de personas sin un médico de familia asignado subió a 1,7 millones el año pasado, la cifra más alta de la historia y por encima de los 1,4 millones de 2022.

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Helena Alves contribuyó a este despacho.