Con papel de baño, calcetines y hasta cubrebocas, así viven las mujeres en prisión su menstruación

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Mujeres protestaron en la plancha del Zócalo para exigir el retiro del impuesto IVA a productos de higiene íntima, así como una desestigmatización de la menstruación.
Mujeres protestaron en la plancha del Zócalo para exigir el retiro del impuesto IVA a productos de higiene íntima, así como una desestigmatización de la menstruación.

Por tabú o ignorancia, la menstruación ha quedado fuera del diseño de cualquier política pública en beneficio -específicamente- de las mujeres privadas de su libertad quienes ante la imposibilidad para acceder a toallas sanitarias o a algunos otros productos, gestionan su menstruación haciendo uso de papel de baño, calcetines, trozos de tela y más recientemente cubrebocas.

“Es responsabilidad del centro (penitenciario). Primero, porque yo estoy aquí y no me han dicho si soy culpable o inocente y tengo que estar aquí en vez de estar en mi casa y, en segunda, pues si te tienen aquí, te tienen que dar las mínimas cosas para que estés bien: agua, toallas sanitarias, jabón…”.

“Yo digo que el gobierno sí debería de ayudarnos, aunque sea con eso… con jabón de baño, un kit de higiene personal… es lo más esencial”.

Estos son algunos de los testimonios que forman parte del Diagnóstico sobre la gestión del proceso menstrual de las personas menstruantes y mujeres privadas de la libertad en la Ciudad de Mexico, un trabajo que realizaron en conjunto la colectiva Mujeres Unidas x la Libertad y el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (Copred) a fin de identificar las problemáticas que enfrentan las mujeres privadas de su libertad a la hora de gestionar su menstruación.

Problemáticas que, veremos más adelante, no se limitan al acceso de toallas sanitarias, principalmente, sino a servicios tan básicos como el que haya agua en los baños y agua potable para que se duchen.

“Nuestra menstruación debe ser digna en cualquier lugar”

En la Ciudad de México hay 13 centros penitenciarios, dos de ellos son exclusivos para mujeres: Santa Martha Acatitla y Tepepan. Con corte a marzo de 2021 en estos dos espacios había 1,563 mujeres privadas de la libertad, es decir, el 5.8% de la población penitenciaria de la capital del país.

Aunque representan la minoría con respecto a los más de 25 mil hombres presos, son ellas quienes viven en mayor proporción el abandono de sus familias, lo que —entre otras consecuencias— las imposibilita para acceder a comida, ropa, artículos de higiene (incluidas las toallas sanitarias) o al menos, a tener algunos pesos para comprar estos productos dentro de prisión.

“Las mujeres en prisión desde siempre han sido abandonadas por sus familias y por el Estado. El 65% de las mujeres privadas de su libertad no tienen visita”, subraya Beatriz Maldonado, directora general de la colectiva Mujeres Unidas x la Libertad.

Esta estadística, detalla, se tenía antes de la pandemia de COVID-19 por lo que considera que durante 2019 y 2020, tiempo durante el cual se limitaron las visitas como parte de la política de prevención de contagios, este porcentaje habría incrementado considerablemente.

“Las mujeres somos las cuatro estaciones del año y nuestra menstruación debe ser digna en cualquier lugar. Es inhumano el trato que reciben las mujeres privadas de su libertad”, agrega.

Para la realización de este diagnóstico se entrevistaron a 95 mujeres privadas de su libertad que cumplieron las características de la muestra: tenían entre 18 y 49 años de edad y llevaban en prisión al menos un año.

El costo promedio de una toalla sanitaria es de 2 a 3 pesos, sin embargo, dentro de prisión —y ante la constante negativa de las autoridades del sistema penitenciario para entregar estos productos gratuitamente—, las mujeres deben pagar hasta 10 pesos por una sola toalla, recursos que en la mayoría de las ocasiones no tienen.

Ante este panorama, las reclusas han ido buscando opciones para vivir su menstruación de la mejor manera, y así lo describen algunas de las entrevistadas que participaron en este diagnóstico.

“Hay compañeras que sé que han usado calcetines porque no tienen nada… son las que no tienen visita”.

“Si, pues… usan como pedazos de tela, algo así… porque muchas no tienen visita”.

“Unas usan papel y si no tienen, cortan la camiseta y se la ponen”.

En total, 52 de las 95 mujeres entrevistadas consideraron que es responsabilidad de la institución y del gobierno proporcionarles productos de higiene menstrual.

Según se expone en el diagnóstico, tanto en Santa Martha como en Tepepan las autoridades entregan toallas sanitarias —o algún otro tipo de producto de gestión menstrual— solo cuando reciben donaciones por parte de particulares. Es decir, no se cuenta con una disponibilidad permanente de estos productos, por lo que ya sea que utilizan papel higiénico o trozos de tela, o bien, intercambian algunas de sus pocas pertenencias con sus compañeras para acceder a ellas.

La copa menstrual es la opción, pero…

Amigable no solo con el medio ambiente, sino con el bolsillo, la copa menstrual podría ser la mejor opción para que las mujeres privadas de su libertad gestionen su menstruación, sin embargo, en la mayor parte del tiempo no hay agua potable en los reclusorios que garantice que estos contenedores se mantendrán limpios para su uso.

“Este es un tema que a nadie le importa y el Estado es el responsable de proporcionarle a las mujeres que están privadas de su libertad los insumos básicos y de higiene menstrual”, señaló Adriana Leyva, coordinadora ejecutiva de la colectiva Mujeres Unidas x la Libertad.

Las mujeres entrevistadas para este diagnóstico refirieron que, por ejemplo, en el centro penitenciario de Santa Martha Acatitla el agua que utilizan no es potable porque se almacena en cisternas y regularmente se estanca. En ocasiones su color no es claro, sino más bien negra o tamarindo. Además de la calidad, la escasez es un tema importante porque no hay disponibilidad durante todo el día, lo que limita la higiene necesaria para asearse y cambiar de productos.

Incluso, las regaderas comúnmente no sirven, por lo que deben utilizar botes para recolectar el agua.

En el caso de Tepepan, los servicios generales funcionan de mejor manera. El agua, por ejemplo, aunque está disponible un par de horas al día, es de mejor calidad que en Santa Martha y esto incide en que las mujeres no tengan tantas dificultades para asearse.

“No hay agua potable, no sirven las regaderas, no hay contenedores para tirar las toallas o compresas (…) entran a los baños y hay malos olores. No son higiénicos”, explicó Camila González, integrante de la colectiva.

Una gestión menstrual digna incluye la satisfacción y comodidad de las personas menstruantes y los cólicos son uno de los principales síntomas que afectan a la mayoría de quienes menstrúan. Sobre este particular las entrevistadas refirieron que cuando acuden al servicio médico de los centros para pedir alguna pastilla contra el dolor, esta se les niegan “porque son dolores ‘normales’ asociados a la menstruación”.

“Se han acostumbrado a tener un estilo de vida que no es digno y eso no está bien porque hay mucha más desatención y aumenta el riesgo de que sean más cosas que se manejen de forma incorrecta”, reprochó González.

La menstruación como política pública

Los hallazgos que se presentan en este diagnóstico no son exclusivos de la Ciudad de México, pues se trata de una situación que urge ser atendida en su totalidad por los distintos gobiernos.

Incluso, la propia Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) emitió en septiembre pasado la recomendación 35/2021 en la que solicita a las gobernadoras y gobernadores del país a que incluyan en el próximo proyecto de presupuesto una propuesta para asignar a las autoridades penitenciarias el recurso específico para la adquisición de elementos de gestión menstrual suficientes, “a fin de que se les dote o continúe otorgando de tales productos de manera gratuita, mensualmente o cuando sea necesario a todas las internas en igualdad de condiciones y sin discriminación alguna; dichos insumos estarán también disponibles para las mujeres que accedan a visita en los establecimientos penitenciarios”.

Y es que durante diversas visitas efectuadas por personal del Diagnóstico Nacional de Supervisión Penitenciaria (DNSP) a los centros penitenciarios del país que albergan mujeres, se observó de manera generalizada que hay restricción y dificultad para el acceso a las toallas femeninas, y en la mayoría no se garantiza el acceso y el abasto suficiente de estas.

Además de que las propias autoridades penitenciarias —de diferentes estados— reconocen que no existe una partida presupuestal para adquirir los enseres menstruales, por lo que para la mayoría se distribuye lo que se recibe en donaciones y/o son los familiares quienes tienen que obtenerlas.

De hecho, la invisibilización de las necesidades de las mujeres menstruantes quedó de manifesto durante la presentación del diagnóstico cuando la representante del Sistema Penitenciario de la Ciudad cuando Magali Morales advirtió que no solo debe atenderse a las mujeres de Santa Martha y Tepepan, sino también a aquellas que son remitidas al Centro de Sanciones Administrativas, mejor conocido como “El Torito” en donde hombre y mujeres pasan entre 20 y 36 horas cuando han cometido alguna falta administrativa o, por ejemplo, no pasaron la prueba del alcoholímetro.

“Acabo de darme cuenta que obviamos ese centro”, reconoció la funcionaria.

Brindar productos como toallas sanitarias, papel higiénico, jabones íntimos, agua potable y servicio médico, es la principal recomendación que se hace a partir de lo observado en los resultados del diagnóstico.

Por ello, hicieron un llamado a las autoridades para que destinen un presupuesto específico para gestionar la menstruación de las mujeres privadas de su libertad.

Asimismo, se debe garantizar que las condiciones de los baños sean adecuadas y se conviertan en espacios personales e íntimos en los que se deben de atender los cuidados del ciclo menstrual. Para ello, debe haber disponibilidad de agua potable sin limitaciones, las regaderas y duchas deben funcionar en su totalidad y se debe disponer de compartimentos que sirvan para desechar los productos utilizados durante la menstruación.

El pasado 26 de octubre, dentro de la aprobación de la Miscelánea Fiscal 2022, el Senado de la República le dio el sí a la tasa del 0% de IVA en productos de gestión menstrual, y si bien es cierto se trata de un paso de suma importancia en el país, aún quedan pendientes urgentes que atender, por ejemplo, cómo lograr que estos productos lleguen a todas las mujeres, especialmente quienes están privadas de su libertad.

Por ello, la colectiva #MenstruaciónDignaMéxico —impulsoras de la la tasa del 0% de IVA en productos de gestión menstrual— se han pronunciado por la gratuidad de estos productos, principalmente para los grupos de mujeres históricamente discriminados.

“Instamos al gobierno mexicano a continuar trabajando en favor de las niñas, adolescentes, mujeres y otras personas menstruantes a aprobar la gratuidad de los productos de gestión menstrual para grupos históricamente discriminados y a impulsar políticas públicas con perspectiva de género que reduzcan las desigualdades para garantizar el derecho humano a una menstruación digna”, expuso la colectiva en un comunicado tras la aprobación de la tasa 0% del IVA a los productos de gestión menstrual por parte del Congreso de la Unión.

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