El Papa cerró una crucial cumbre de cardenales advirtiendo sobre el peligro del “cáncer de la mundanidad espiritual”

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El Papa Francisco habla al colegio cardenalicio
El Papa Francisco habla al colegio cardenalicio - Créditos: @Andrew Medichini

ROMA.- Al cerrar este martes con una misa solemne una reunión cumbre de dos días junto a casi 200 cardenales de todo el mundo, evento que no se daba desde hace ocho años, el Papa advirtió contra el “cáncer de la mundanidad espiritual” que siempre está al acecho. Y llamó a todos los purpurados -entre ellos veinte creados el sábado pasado-, a “maravillarse” con el mismo estupor de los orígenes y a salir a evangelizar al mundo con la misma fuerza que tuvieron los primeros discípulos de Jesús.

La cumbre, que tuvo lugar este lunes y martes en un “clima fraterno”, según destacó el Vaticano en un comunicado y contaron varios participantes, fue crucial para recompactar tropas. Y sirvió sobre todo para que los purpurados pudieran estar juntos, hablar, conocerse, algo crucial para los menores de 80 años que participarán, nadie sabe cuándo, del eventual cónclave para elegir al sucesor de Jorge Bergoglio cuando muera o renuncie.

La misa de los cardenales en la Basílica de San Pedro
La misa de los cardenales en la Basílica de San Pedro - Créditos: @Andrew Medichini

“No, nadie piensa en entrar a la Capilla Sixtina próximamente, el papa está muy bien, lo vimos muy contento y sereno”, comentó a LA NACION un cardenal que asistió a la convocatoria, considerada para muchos un pre-cónclave o ensayo general de lo que vendrá, que fue a puertas estrictamente cerradas. Como se informó, durante los dos días de reuniones, que tuvieron lugar en el Aula Nueva del Sínodo, los purpurados se dividieron en grupos lingüísticos para examinar la constitución apostólica “Predicad el Evangelio”. Este documento, fruto del trabajo de varios años, entró en vigor en junio pasado y transformó radicalmente a la curia romana, organismo central que no sólo debe servir al Papa, sino también a las conferencias episcopales de todo el mundo, en clave misionera y evangelizadora.

“Los trabajos en grupos lingüísticos y las discusiones en el aula han dado lugar a una confrontación libre sobre muchos aspectos relativos al documento y a la vida de la Iglesia”, indicó un comunicado del Vaticano, que confirmó que la última sesión de esta tarde se dedicó al Jubileo sobre la Esperanza que se organizará en 2025.

Uno de los grandes temas discutidos por los cardenales –entre ellos tres argentinos, el cardenal arzobispo de Buenos Aires, Mario Poli, el cardenal Leonardo Sandri, prefecto de la Congregación de las Iglesias Orientales y el arzobispo emérito de Tucumán, Luis Héctor Villalba (mayor de 80)-, fue el del rol de los laicos y su posible papel su posible al frente de algunos dicasterios (ministerios) de la curia. Se trata de una de las grandes novedades de “Predicad el Evangelio”.

“Sobre la cuestión, que surgió durante los trabajos, se solicitaron más estudios en un ambiente de serena confrontación”, indicó Vatican News, el portal del Vaticano. Una minoría de cardenales conservadores no estaría de acuerdo con que los laicos puedan llegar a estar en posiciones de mando de algunos dicasterios (hasta ahora siempre en mano de eclesiásticos), según explicaron a LA NACION.

El Papa Francisco presidió la misa de los cardenales
El Papa Francisco presidió la misa de los cardenales - Créditos: @ANDREAS SOLARO

Aunque no hubo tensión. “Me impactó el clima pacífico, la sinodalidad, el clima de diálogo, las ganas de ir para adelante y no para atrás, de colaborar juntos pese a las diferencias”, comentó el cardenal alemán, Walter Kasper. “Todos le agradecieron al Papa por sus palabras proféticas de ayer, que han exhortado a iniciar un proceso. No hubo ninguna polémica o conflicto, aunque naturalmente las situaciones en los diversos países son distintas. Pero la unidad no es uniformidad”, agregó el purpurado alemán, en declaraciones a la agencia italiana SIR.

Debido a su problema en la rodilla derecha el Papa, que llegó y se retiró de la Basílica en silla de ruedas, no celebró sino que presidió la misa solemne que puso fin a la gran reunión que comenzó el sábado pasado con la creación de 20 nuevos cardenales.

Ataviado con paramentos verdes Francisco, inspirado por las lecturas del Evangelio, llamó en su sermón a los cardenales a seguir teniendo el mismo “estupor” que los apóstoles tuvieron cuando fueron llamados a la misión de evangelizar a todo el mundo. Auspició, en efecto, que “podamos salir de esta celebración, y de esta convocación cardenalicia, más capaces de anunciar a todos los pueblos las maravillas del Señor”.

“Hermanos, este estupor es una vía de salvación. Que Dios lo conserve siempre vivo en nosotros, porque eso nos libera de la tentación de sentirnos ‘a la altura’, de alimentar la falsa seguridad de que la situación actual es en realidad distinta a la de aquellos comienzos, y de que hoy la Iglesia es grande, es sólida, y nosotros estamos colocados en los grados eminentes de su jerarquía”, advirtió. “Sí, hay algo de cierto en esto, pero también hay mucho de engaño, con el que el Mentiroso busca mundanizar a los seguidores de Cristo y hacerlos inocuos”, agregó, pasando luego a tener cuidado del “cáncer” o “parásito” de la mundanidad espiritual.

El Papa, de 85 años -y que en las últimas semanas en diversas entrevistas admitió que en el futuro podría renunciar, como hizo su predecesor, pero que no en este momento-, evocó al papa San Pablo VI. “Debemos estar muy agradecidos al Papa san Pablo VI, que ha sabido transmitirnos ese amor por la Iglesia, un amor que es ante todo gratitud, maravilla agradecida por su misterio y por el don no sólo de habernos admitido, sino de habernos implicado, hecho partícipes, es más, de hacernos corresponsables”, dijo. Y recordó, finalmente, que un ministro debe ser “alguien que sabe maravillarse ante el designio de Dios y con este espíritu ama apasionadamente a la Iglesia, pronto para servir en su misión donde y como quiera el Espíritu Santo”.