La pandemia transforma las preocupaciones de los adolescentes y su visión de la tecnología

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Hace unos años, pensamos que un concurso de relatos para adolescentes sería una buena iniciativa para fomentar el conocimiento de la nanotecnología entre los jóvenes. Tras haber celebrado cuatro ediciones (este año, 2022, será la quinta), hemos comprobado que además permite evaluar sus preocupaciones, que se han visto notablemente influidas por la pandemia del SARS-CoV-2.

El Concurso Caben muchas historias en el nanomundo, ¡cuéntanoslas! se inició en Madrid en 2018 y, dada su buena acogida, se ha extendido a diversas comunidades autónomas e incluso a dos sedes latinoamericanas. El único requisito es que la obra presentada esté relacionada con la nanotecnología, aunque sea de modo poético y lejano, y los relatos (con un máximo de 200 palabras) deben juzgarse por su calidad literaria: originalidad y estilo principalmente.

Hemos establecido una metodología para intentar evitar sesgos, tanto de género como profesional: se forman parejas de evaluadores de modo que cada relato sea juzgado por dos personas de distinto género y de distinta profesión, es decir, que una de esas personas sea científica y la otra de un ámbito distinto (arte, literatura, humanidades…). Además, el proceso de evaluación consta de dos rondas, y en la segunda, a la que llegan los relatos finalistas, participan todos los miembros del jurado.

Cuatro años de nanorrelatos

Hemos analizado más de un centenar de los relatos recibidos, 40 de los años 2018 y 2019, y 65 de los años 2020 y 2021. Un 55 % fueron escritos por chicas y un 45 % por chicos, si bien debemos explicar que el género no se preguntaba en la ficha de inscripción (nos parecía algo invasivo), por lo que estamos asignando el género a partir del nombre de pila y con ello asumimos un pequeño porcentaje de error.

El primer resultado interesante es que de los 11 relatos ganadores en la categoría de 14 y 15 años, 9 fueron escritos por chicas. Pensamos que eso puede estar relacionado con la mayor madurez que suelen presentar ellas en ese rango de edad. En la categoría de 16 y 17 años, cuando los muchachos ya han alcanzado también la madurez, los resultados se igualan: de los 10 ganadores (hubo un premio desierto), 5 son chicas y 5 son chicos.

El impacto de la COVID

Más sorprendente aún es el análisis del contenido. Hemos clasificado los relatos según su temática en las cuatro categorías en las que la nanotecnología tiene mayor impacto: salud y medicina; tecnologías de información, comunicación y robótica; energía y medio ambiente; y seguridad y defensa. Y también hemos analizado su enfoque: perjudicial o negativo; beneficioso o positivo; y aséptico o neutro.

En los años anteriores a la pandemia, 2018 y 2019, las temáticas y enfoques eran distintos entre chicos y chicas. Como puede verse en la parte superior de la figura de arriba, en ellos dominaba la negatividad (58 %) y no hubo ninguna temática donde los aspectos positivos superaran a los negativos.

En ellas sí dominaba la positividad (62 %), especialmente en los relatos relacionados con la salud. Además, muchas de las contribuciones presentadas por chicas (un 43 %) no podían encajarse en las cuatro temáticas principales abordadas por la nanotecnología, sino que trataban otros aspectos de tipo amoroso, conflictos éticos, o reflexiones sobre la actividad investigadora.

Sin embargo, un cambio muy notable se ha producido en los años con pandemia, 2020 y 2021, como se ve en la parte inferior de la figura: hay mucha similitud en lo que ellos y ellas han escrito, sus inquietudes se han igualado.

Tanto en chicas como en chicos domina de manera abrumadora la salud, y el empleo de la nanotecnología en este campo se trata con gran optimismo. La negatividad ha quedado reducida a apenas un 13.5 % en ellas y un 21 % en ellos, y aparece concentrada en una temática denominada tecnologías de información, comunicación y robótica.

Paranoias y conspiranoias

Esto, que, si se nos permite la broma, podemos denominar efecto Miguel Bosé, está indicando que la paranoia conspirativa sobre chips y nanorrobots que nos controlan, que como sabemos ha tenido un eco notable sobre todo en las redes sociales, ha tenido cierto calado entre los adolescentes.

Debemos tener en cuenta que en libros, cómics y películas las visiones catastrofistas y las distopías generan mayor tensión dramática: da más juego un robot que controla la humanidad que uno que barre la casa. Por ello, los efectos beneficiosos de la ciencia no han tenido tanta presencia en la cultura popular.

Un aspecto positivo que ha tenido la pandemia es que la ciencia, incluyendo la nanotecnología, se ha hecho más presente en los medios de comunicación y se ve ahora con una óptica más favorable. No obstante, quienes divulgamos la ciencia debemos seguir pacientes y vigilantes para combatir las teorías conspiranoicas y las pseudociencias.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

José Miguel García-Martín recibe fondos del MICINN y del programa de Ciencia para la Paz y la Seguridad de la OTAN. Él trabaja para el CSIC y posee acciones de Nanostine S.L., una spin-off del CSIC de la cual es cofundador. Además es miembro de la RSEF, de Sociemat, de Cemag y de IEEE, y es el actual presidente del capítulo español de IEEE Magnetics.

María Ujué González recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación y del CSIC para sus labores de investigación. Es miembro de la Real Sociedad Española de Física (RSEF), de la Sociedad Española de Física y de la Sociedad Europea de Biomateriales.

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