Las orcas incrementan sus ataques a barcos y aún no sabemos por qué

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Interacción de dos orcas jóvenes con un velero en el estrecho de Gibraltar el pasado verano de 2021 | CIRCE
Interacción de dos orcas jóvenes con un velero en el estrecho de Gibraltar el pasado verano de 2021 | CIRCE

A pesar de su erróneo apelativo de “killer”, las orcas son unos animales fascinantes, inteligentes, sociables y, hasta ahora, poco problemáticos para el ser humano. Apenas existen registros de ataques documentados a personas de orcas en la naturaleza y, sin embargo, de un tiempo a esta parte, las interacciones de este cetáceo con embarcaciones se han incrementado de manera preocupante. Debido a su dieta, y su particular predilección por el atún, las interacciones de orcas con barcos han estado históricamente relacionadas con el sector pesquero… hasta que llegó julio de 2020. A partir de aquel verano los episodios con veleros de tamaño medio, incluyendo acciones contra el timón, las hélices y hasta embistiendo el casco han ido en aumento. La situación en estos últimos dos años se ha convertido en un problema cada vez más habitual, hasta el punto que el propio Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) puso en marcha un estudio “sobre la interacción de orcas con embarcaciones para la propuesta de medidas de prevención y actuación”.

En el verano siguiente, en 2021, solo en el estrecho de Gibraltar se registraron 69 interacciones de orcas con pequeñas y medianas embarcaciones, de las que 30 precisaron remolque por perder el timón. La estación estival invita a navegar en barco y muchas empresas multiplican sus salidas turísticas, haciendo que las interacciones con las orcas sean más frecuentes. En la actualidad, y si contamos con los encontronazos registrados tanto en Cádiz como en Galicia, se cuentan un total de 250 interacciones entre barcos y orcas desde aquel julio de 2020. Las autoridades responsables, como Salvamento Marítimo, recomiendan “detener el barco, arriar velas, dejar el timón a la vía, desconectar el automático y apagar la sonda, estar en silencio y no asomarse”.

Aún no conocemos las causas y motivos de esta repentina conducta, los estudios que se han puesto en marcha aún no han conseguido resultados definitivos pero algunas hipótesis empiezan a surgir. Para analizar algunas de estas teorías contactamos con Javier Almunia, doctor en ciencias del mar, director de la Fundación Loro Parque y uno de los mayores expertos en cetáceos de nuestro país.

En primer lugar no debemos olvidar que las orcas son animales sociales y culturales, que poseen además una rica comunicación mediante dialectos fonéticos propios. Si entendemos como cultura la capacidad de adquirir y transmitir conocimientos entre individuos y grupos, no debería sorprendernos que las orcas también adquieran hábitos inéditos. “Estas nuevas conductas aparecen frecuentemente en orcas”, explica Almunia, “y pueden llegar a mantenerse en el tiempo si cuentan con un refuerzo positivo, como por ejemplo una ventaja a la hora de alimentarse”. Estas conductas novedosas pueden deberse también a la simple diversión o entretenimiento, y es aquí donde entra la primera teoría... podría tratarse de una moda pasajera.

En un detallado artículo publicado en NPR, Jared Towers, director de Bay Cetology, explica que las orcas a menudo realizan actividades y juegos que “tienden a ponerse y pasar de moda en la sociedad de las orcas”. De esta manera, Towers pone el ejemplo de una población de orcas en el Pacífico donde “algunos machos jóvenes comenzaron a interactuar con trampas para camarones y cangrejos, un comportamiento que se convirtió en una moda pasajera durante algunos años”.

Este punto de “machos jóvenes” podría ser importante porque la mayoría de las interacciones registradas en el estrecho de Gibraltar se atribuyen a un número reducido de orcas jóvenes, según explica Renaud de Stephanis, presidente y coordinador de CIRCE Conservación Information and Research. “Si es así, es posible que estos machos jóvenes vayan superando este comportamiento a medida que crezcan ya que necesitarán ayudar a la manada a buscar comida y tendrán menos tiempo libre para jugar con los veleros”. En este sentido, CIRCE cuenta ya con los permisos necesarios para marcar ejemplares de orcas en el estrecho de Gibraltar y hacer un seguimiento más exhaustivo de estas interacciones.

Estado del timón tras el “encuentro” con una orca en el estrecho de Gibraltar | imagen Martin Evans
Estado del timón tras el “encuentro” con una orca en el estrecho de Gibraltar | imagen Martin Evans

Otro factor a tener en cuenta es el objeto atacado. En estas interacciones con veleros las orcas se centran en hélices y timones, lo que apunta a otra idea interesante. Algunos investigadores plantean la hipótesis de que a estas orcas les gusta la corriente de agua que producen las hélices y cuando el barco se detiene o se encuentran con un velero que no tiene o no enciende el motor, interactúan con ese emisor y por eso rompen el timón”.

“No es una idea descabellada”, nos aclara Javier Almunia, “en las instalaciones acuáticas de Loro Parque tenemos un chorro de agua que les encanta a algunas orcas y cuando no está encendido, intentan hacer que vuelva a ponerse en marcha”. No obstante, la causalidad en animales es un tema complejo y resultará difícil de demostrar esta relación entre la corriente de agua provocada por el barco y la respuesta de los cetáceos.

En definitiva, este nuevo patrón de comportamiento de las orcas podría obedecer a una conducta pasajera, una moda, realizada por ejemplares jóvenes, pero también podría establecerse y extenderse a otros grupos si encuentra el refuerzo positivo adecuado. Sea como sea, necesitamos más estudios sobre la vida social y cultural de las orcas, un tema del que apenas sabemos nada.

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Referencias y más información:

Scott Newman “Killer whales are 'attacking' sailboats near Europe's coast. Scientists don't know why” NPR (National Public Radio)

Anuncio del Ministerio MITECO sobre estudio del comportamiento de las orcas

Agradecimiento especial a Javier Almunia