Opinión: Cómo OnlyFans se convirtió en la última víctima de la guerra contra el porno

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EMPRESAS COMO MASTERCARD ESTÁN TOMANDO MEDIDAS CONTRA LOS CONTENIDOS PARA ADULTOS. ¿HACEN MÁS MAL QUE BIEN?

La semana pasada, la plataforma de suscripción pagada OnlyFans anunció que tomaría medidas enérgicas contra el contenido que ayudó a crear su negocio: la pornografía. La noticia, que primero reportó Lucas Shaw de Bloomberg, dio lugar a una interminable retahíla de bromas en las redes sociales, pero también causó una gran indignación y angustia entre los dos millones de personas para las que la plataforma se ha convertido en una fuente de ingresos. “Gracias a OnlyFans pago mi renta”, dijo al Times una persona que crea contenidos para OnlyFans. “Esto me da de comer”.

La pornografía ha sido un tema de debate nacional constante desde la década de 1960, pero las líneas de batalla han cambiado y se han difuminado a lo largo de las décadas: a raíz del movimiento #MeToo, muchos liberales están analizando la omnipresencia de la pornografía en línea y cómo trata a las mujeres. Al mismo tiempo, las redes sociales han dado a la pornografía y a sus creadores una plataforma como nunca antes habían tenido.

¿La pornografía es un vicio que debe regularse o es un tipo de discurso que debe respetarse en gran medida? ¿Y qué significa la respuesta a esta pregunta para las personas cuyo sustento depende de ella? Esto es lo que dice la gente.

LA NUEVA GUERRA CONTRA LA PORNOGRAFÍA

Tras la revolución sexual, la pornografía se convirtió en una preocupación central para la derecha estadounidense, en un momento dado incluso mayor que el aborto y la homosexualidad. “La obscenidad”, dijo el presidente Richard Nixon en 1970, “no debe contenerse simplemente en su nivel actual; debe prohibirse en todos los estados de la Unión”.

La causa encontró reclutas dispuestos en conservadores cristianos como Jerry Falwell, pero también en feministas influyentes de izquierda como la académica del Derecho Catharine MacKinnon y la activista y escritora Andrea Dworkin. Dworkin creía que la pornografía constituía una violación de los derechos civiles de las mujeres: “Todas las reglas del abuso sexual, todos los matices del sadismo sexual, todas las vías y caminos de la explotación sexual, están codificados en ella”, escribió.

Para fines de la década de los ochenta, el movimiento para censurar la pornografía había fracasado con base en la Primera Enmienda, y la cultura estadounidense básicamente había dejado de prestarle atención. “Los tacones, el labial y la positividad sexual estaban de moda”, escribió Moira Donegan en Bookforum en el año de 2019. “Dworkin —y su caracterización macabra y fúrica de la violencia sexual— habían pasado de moda por completo”.

Sin embargo, en años recientes, la proliferación de la pornografía en Internet ha revivido el interés en su regulación. Como Maggie Jones escribió para la revista Times en 2018, la pornografía ahora es en la práctica el educador sexual para la juventud estadounidense, lo que provoca la preocupación de que a las generaciones nativas de internet se les enseñen ideas sobre el sexo heterosexual que son poco realistas en el mejor de los casos y violentamente misóginas en el peor (para los jóvenes homosexuales y bisexuales, señaló Jones, los estudios muestran que la pornografía puede ser una fuente de afirmación).

Se ha investigado poco qué ven los niños y si afecta su comportamiento. “Pero no es necesario creer que la pornografía conduce a la agresión sexual o que está creando una generación de hombres brutales para preguntarse cómo ayuda a moldear la forma en que los adolescentes hablan y piensan sobre el sexo y, por extensión, sus ideas sobre la masculinidad, la feminidad, la intimidad y el poder”, escribió Jones.

La pornografía en internet ha suscitado el más estricto escrutinio por la forma en que facilita el abuso de mujeres y niñas. En los últimos 10 años, casi todos los estados del país han criminalizado la “pornografía por venganza”, el intercambio no consentido de fotos o videos sexualmente explícitos. La pornografía por venganza afecta sobre todo a las mujeres, como Rebekah Wells escribió en el Times en 2019, y puede ser devastadora para la salud y las perspectivas a futuro de sus víctimas.

El año pasado, el columnista del Times Nicholas Kristof detalló la manera en que los sitios de pornografía obtienen ganancias de esta y otras formas de abuso. Uno de los sitios web de pornografía más visitados, Pornhub, tiene 3500 millones de visitas al mes, más que Netflix o Amazon, y está “infestado de videos de violaciones”, escribió Kristof. “Monetiza la violación de menores, la pornografía por venganza, los videos de cámaras que espían a mujeres en la ducha, contenidos racistas y misóginos y grabaciones de mujeres a las que se asfixia con bolsas de plástico”.

Poco después de la publicación de esa columna, Discover, Mastercard y Visa suspendieron los pagos a Pornhub. Poco después, Mastercard anunció nuevas reglas para que los bancos procesen pagos a vendedores de contenido para adultos: a partir de octubre, los sitios tendrán que verificar la edad e identidad de cualquier persona que aparezca en el contenido para adultos o que lo suba, instituir un sistema de revisión de contenido previo a la publicación y ofrecer resoluciones rápidas a las quejas y apelaciones.

Estos cambios en las reglas parecen haber sido de gran influencia para la prohibición reciente de OnlyFans. En una declaración, la empresa dijo que esta medida se tomó para “cumplir con las solicitudes de nuestros socios bancarios y proveedores de pagos”.

POR QUÉ LOS CREADORES DE PORNO Y LOS GRUPOS QUE DEFIENDEN LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN SE OPONEN

Si bien es cierto que la industria de la pornografía desempeña un papel en la facilitación de la explotación sexual y económica, muchos actores rechazan la idea de que sea la causa principal del tráfico sexual. Alana Evans, directora del Gremio de Actores para Adultos, señala en The Daily Beast que, según el Centro Nacional para Niños Desaparecidos y Explotados, la empresa matriz de Pornhub, que es propietaria de otros varios sitios de pornografía populares, fue responsable de 13.229 denuncias de “material de abuso sexual infantil” en 2020; Facebook, por otro lado, registró 20,3 millones, casi el 95 por ciento de todas esas denuncias. La mayor parte de la captación en línea en los casos activos de tráfico sexual en 2020 también se produjo en Facebook, según el Instituto de Tráfico Humano.

Entonces, ¿por qué tanta atención a los sitios de pornografía? En The New Republic, Melissa Gira Grant argumenta que la pornografía es solo el último objetivo de las organizaciones conservadoras cristianas inmersas en una “guerra santa” contra lo que ven como la decadencia moral de Estados Unidos. La preocupación por el tráfico sexual, escribe, ofrece una manera de que estos grupos —como Morality in the Media, una organización antipornografía fundada en la década de 1960 que desde 2015 se hace llamar National Center on Sexual Exploitation— presenten su misión como una causa de justicia social.

Muchos creadores de pornografía dicen que la intensificación de la represión solo los pondrá en mayor riesgo personal y financiero. “Empresas como Mastercard ahora son cómplices de la privación de derechos de millones de trabajadores del sexo, cómplices de privar de su independencia a los trabajadores para que se sometan a condiciones que pueden ser más peligrosas y de explotación", afirmó Free Speech Coalition, una asociación comercial de la industria del entretenimiento para adultos, en una declaración.

La paradoja es en particular amarga en el caso de OnlyFans, que les quitó poder y dinero a estudios y sitios como Pornhub y lo puso en manos de creadores individuales. Cuando llegó la pandemia, la plataforma también se convirtió en un salvavidas, que ofreció a innumerables actores una forma de obtener ingresos en la seguridad de sus propios hogares.
Como escribe Charlotte Shane en la revista Times, OnlyFans tiene sus defectos: la empresa se lleva un 20 por ciento de las ganancias y, aunque algunos artistas se llevan millones de dólares, “la gran mayoría tiene suerte si ve unos cuantos cientos”. Y aun si la empresa tiene una política de prohibición de menores y de bloqueo de publicaciones que contengan agresiones sexuales, violencia o zoofilia, una reciente investigación de la BBC descubrió que el cumplimiento es laxo.

Sin embargo, en general, “los sitios de venta directa al consumidor, como OnlyFans, han sido una gran ayuda para los trabajadores”, comentó a Shane Heather Berg, profesora de la Universidad de Washington en San Luis y autora de “Porn Work”. Uno de los mejores indicadores de eso, dijo Berg, es que los gerentes del porno tradicional están realmente enojados por su existencia.

Además de estas consecuencias para los creadores de pornografía, la decisión de OnlyFans plantea preguntas importantes sobre el poder que tienen los procesadores de pago sobre el discurso en línea. “¿Quién decide lo que se queda y lo que se va en internet?”, pregunta Issie Lapowsky de Protocol. En el caso de OnlyFans, “la respuesta a quiénes mandan parece ser Visa y Mastercard”. Se han hecho comparaciones con los regímenes de moderación de contenidos de gigantes de las redes sociales como Facebook, pero Lapowsky señala que los riesgos son, en cierto modo, más altos cuando se trata de empresas de tarjetas de crédito porque las decisiones sobre sus políticas afectan a todos los sectores.

¿SE PUEDE REFORMAR LA PORNOGRAFÍA? ¿ES NECESARIO HACERLO?

En la actualidad, todavía se puede encontrar a muchos conservadores que creen, como Nixon, MacKinnon y Dworkin, que hay que prohibir la pornografía. Uno de ellos es el columnista del Times Ross Douthat, quien en 2018 escribió que la educación pornográfica produce un cierto tipo de personalidad masculina tóxica, que “al mismo tiempo se siente con derecho y está resentida, enojada y desmotivada”. Prohibir la pornografía, argumentó, “reduciría de manera drástica su papel pedagógico, su normalidad cultural, su poder sobre la libido en todas partes”.

Sin embargo, como reconoció Douthat, no es una propuesta que pueda convencer a la mayoría de los estadounidenses. Por un lado, si el porno cultiva actitudes dañinas hacia las mujeres —“paradigma de los efectos negativos”, como lo denominan los académicos—, sigue siendo una incógnita: un estudio de 2019 concluyó que “los superfanáticos de la pornografía” de hecho tienen posturas más progresistas sobre los roles de género que el público estadounidense en general.

Pero incluso si se admite el problema de la influencia pedagógica del porno, se han propuesto otras formas de contrarrestarlo además de la prohibición. Una de ellas, como ha explorado Elizabeth Bruenig de The Atlantic, es la enseñanza de la “alfabetización pornográfica”, diseñada para ayudar a los adolescentes a pensar de forma más crítica sobre la pornografía y cómo consumirla de manera ética. Bruenig, por su parte, duda que los educadores escolares estén a la altura de la tarea. Y no es la única: la filósofa de la Universidad de Oxford Amia Srinivasan ha dicho que un programa superior de educación sexual contaría con la participación de los propios trabajadores sexuales.

Tal vez la explotación de la industria sea un tema aún más espinoso de resolver, pero Shane dice que la respuesta es dar a los creadores más poder, no menos. OnlyFans ofrecía a muchas mujeres una forma de controlar su trabajo y conservar la mayor parte de sus ingresos, escribe en The Cut. Pero “lo que se logró con Internet —medios de publicidad fáciles y gratuitos, mejores herramientas para seleccionar a los clientes, formas más baratas de grabar y distribuir porno—, lo sigue quitando el gobierno con ayuda del brazo propagandístico devastadoramente eficaz de las coaliciones civiles contra la industria del sexo”.

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LEE MÁS

“Inside Exodus Cry: The Shady Evangelical Group With Trump Ties Waging War on Pornhub” [The Daily Beast]

“How OnlyFans Changed Sex Work Forever” [The New York Times]

“The Year Sex Work Came Home” [The New York Times]

“OnlyFans Creators Are Trying Not to Panic” [BuzzFeed]

“If You Ignore Porn, You Aren’t Teaching Sex Ed” [The New York Times]

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QUÉ DICEN NUESTROS LECTORES

Esto es lo que los lectores dijeron sobre el debate más reciente: COVID-19 llegó para quedarse

Luca, 38 años, de Pensilvania: “El doctor Gounder parece no haber considerado que muchos miembros del público general están en estrecho contacto con personas inmunodeprimidas y/o niños pequeños que no pueden recibir la vacuna, y que nuestras prioridades podrían estar orientadas a proteger su salud. Mi hija tiene 4 años y estoy viendo con nerviosismo cómo se llenan las camas de terapia intensiva pediátrica en todo el condado. Voy a recibir una vacuna de refuerzo ocho meses después de mi última vacunación. ... Si el sector médico no quiere que el público general reciba refuerzos, tiene que ayudarnos a proteger a nuestros hijos permitiendo que se vacunen contra la COVID-19”.

Este artículo apareció originalmente en The New York Times.

© 2021 The New York Times Company

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