Madre e hija hacen el mismo trabajo, ¿pero por qué una de ellas gana 9 dólares más la hora?

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Danielle Williams posa para una foto mientras atiende a uno de sus clientes en Jacksonville, Arkansas. (Andrea Morales para The New York Times)
Danielle Williams posa para una foto mientras atiende a uno de sus clientes en Jacksonville, Arkansas. (Andrea Morales para The New York Times)

LA HISTORIA DE DOS CUIDADORAS A DOMICILIO.

Cuidar a los demás ya es tradición para la familia Williams. Danielle Williams, de 52 años, y su hija Brittany, de 35, han pasado toda su vida adulta cuidando a los demás: realizan el trabajo no remunerado de atender a familiares y además cuidan a adultos mayores y a personas discapacitadas en su empleo como cuidadoras a domicilio.

Sus días de trabajo son similares en general. Tanto la madre como la hija se levantan temprano y recorren un largo trayecto: hasta una hora en auto para Danielle y hasta dos horas en autobús para Brittany. Preparan las comidas de sus clientes. Compran alimentos y ropa, recogen medicamentos y van a la oficina de correos. Cuidan de las mascotas. Visten y desvisten a sus clientes, les cambian los pañales y los bañan. Les ayudan con los medicamentos. Sacuden, aspiran y lavan la ropa. Hablan con sus clientes y escuchan las historias de sus vidas, a menudo durante horas.

No obstante, las similitudes terminan ahí. Brittany gana casi 20 dólares la hora y normalmente trabaja cinco días a la semana. Pero, como nadie ha podido cuidarle a su hijo de 8 años durante la pandemia, no ha trabajado más de cuatro. Tiene días libres pagados, seguro médico y dental, un plan de jubilación y muchos otros beneficios. Danielle trabaja siete días a la semana y gana la mitad del salario de Brittany. No goza de ninguna prestación en su trabajo, califica para Medicaid y apenas puede sobrevivir.

Con sindicato y sin sindicato

Estas diferencias se deben al lugar donde viven Brittany y Danielle. Brittany vive en el estado de Washington y pertenece a un sindicato de trabajadores de cuidados de larga duración, el S.E.I.U. Local 775, que ha trabajado con el estado para conseguir mejores salarios y condiciones de trabajo. Danielle vive en Arkansas, donde no tiene nada de eso. Ese patrón se repite en todo el país: quienes se dedican a la atención de personas en su domicilio en los estados donde los trabajadores se han sindicado y conseguido el derecho a negociar colectivamente con el estado tienen salarios y beneficios dignos, mientras que los que viven en estados sin sindicatos tienen salarios más bajos y beneficios mínimos, si acaso.

“Me estresa mucho”, comenta Danielle. “Me mudé de Washington a Arkansas porque mi madre necesitaba ayuda. Tuve que aceptar un gran recorte en mis ingresos. Fue como tirarse al fondo de una piscina cuando no sabes nadar. Intentas salvarte, pero al mismo tiempo te haces daño”.

Eso podría estar a punto de cambiar: en su discurso ante el Congreso el mes pasado, el presidente Biden destacó los 400.000 millones de dólares que propone gastar en servicios domiciliarios y comunitarios para personas mayores y discapacitadas. Forma parte de su Plan de Empleo Estadounidense, de 2 billones de dólares, con el fin de reforzar la infraestructura. Señaló que su plan podría hacer que todos los empleos relacionados con el cuidado de otros sean buenos trabajos con “mejores salarios y mejores prestaciones” sin importar dónde vivan los cuidadores.

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Brittany Williams, de 35 años, posa para una foto en su casa de Burien, Washington, antes de irse a su trabajo como cuidadora. (Ruth Fremson/The New York Times)
Brittany Williams, de 35 años, posa para una foto en su casa de Burien, Washington, antes de irse a su trabajo como cuidadora. (Ruth Fremson/The New York Times)

Para Danielle y otros trabajadores de estados en que los auxiliares de la atención domiciliaria reciben salarios bajos, esta inversión, única en una generación, podría resultar transformadora: una oportunidad de ganar más dinero y, posiblemente, de afiliarse a un sindicato que luche por mejorar las condiciones y la capacitación. Como están las cosas ahora, después de pagar la mensualidad por el préstamo para comprar su auto, la renta y el recibo del teléfono, a Danielle apenas le queda dinero en su presupuesto.

“Es casi como trabajar gratis”, comenta.

DIFERENTES ESTADOS, DIFERENTES SALARIOS

Se prevé que los empleos de cuidador sean de los que más aumenten en los próximos años, con un crecimiento del 34 por ciento para 2029, en comparación con la tasa media de crecimiento del siete por ciento de los puestos en otros sectores. Este crecimiento se verá impulsado por las necesidades de la población estadounidense, que está envejeciendo: según algunos cálculos, el 70 por ciento de las personas mayores de 65 años necesitarán cuidados de larga duración. En la actualidad, 800.000 personas que necesitan cuidados a domicilio languidecen en las listas de espera de Medicaid.

Bajo ingreso

A pesar de la demanda de cuidadores, los salarios son bajos: una media de 11,52 dólares la hora desde 2018 (la media subió en 2020 gracias a los aumentos temporales por las condiciones laborales riesgosas durante la pandemia de COVID-19). Más de la mitad de los cuidadores califican para ayudas públicas. Además, las personas que componen la fuerza laboral del sector suelen estar en una situación vulnerable y marginada: nueve de cada diez trabajadores de la atención domiciliaria son mujeres y casi dos tercios son personas de color.

Esta profesión de mayoría femenina y de mujeres de color quedó fuera de la Ley Wagner en 1935 y la Ley de Normas Laborales Justas en 1938, una exclusión que según muchos expertos fue diseñada para reforzar la supremacía blanca y el patriarcado. Como resultado, a los cuidadores se les negó el derecho federal de organizarse y negociar colectivamente, así como el derecho a un salario mínimo y al pago de horas extras.

Sin embargo, en las últimas décadas, los trabajadores de la atención domiciliaria han conseguido importantes victorias. En 2001, los cuidadores en Washington obtuvieron el derecho a la negociación colectiva. Una herramienta necesaria para permitir que los proveedores independientes se unan es la designación de un “empleador de registro”. Sin él, cada trabajador simplemente es un contratista independiente, incapaz de obligar al estado a negociar.

El estado de Washington creó una Autoridad de Calidad de la Atención Domiciliaria para que fungiera de empleador registrado y en 2003 los trabajadores representados por S.E.I.U. negociaron su primer contrato con el estado. Desde entonces, varias veces han vuelto a negociar con éxito sus contratos con el estado.

De acuerdo con Peter Nazzal, director de Cuidados de Larga Duración de los Servicios Comunitarios Católicos del Oeste de Washington, estos cambios han contribuido a estabilizar a la fuerza laboral de la atención a otras personas, un sector con rotación elevada. También ha mejorado la atención a las personas al mantenerlas en casa y reducido los costos para el estado. “Solo cuesta una fracción de lo que cuestan las residencias de ancianos”, explicó en una entrevista de podcast el año pasado. “A los contribuyentes les gusta”.

Otros estados, como Illinois, Minnesota y California, han formado algún tipo de autoridad de atención domiciliaria para ayudar a las familias a encontrar servicios de atención y garantizar que los trabajadores independientes tengan un empleador registrado. En los estados donde los trabajadores pueden negociar sus salarios con las autoridades de la atención domiciliaria, casi todos ganan más de 15 dólares por hora o ganarán esa cifra bajo sus contratos actuales.

Sin voz 

No obstante, en Arkansas, los cuidadores no tienen derecho a negociar colectivamente. Deben aceptar los salarios que decide el estado y no tienen voz en esas negociaciones. Danielle ganaba 9 dólares la hora cuando se mudó a Arkansas en 2018. En enero, cuando entró en vigor una iniciativa impulsada por los electores con el fin de aumentar el salario mínimo, comenzó a ganar 11 dólares la hora.

Aunque los esfuerzos de una coalición de organizaciones progresistas lograron que se aprobara la iniciativa para aumentar el salario mínimo, con una legislatura y una gubernatura bajo el férreo control de los republicanos, a favor del derecho al trabajo, hay pocas esperanzas de que ahí se celebre una victoria sindical como la de Washington.

‘ESTE NO ES UN ESTADO SINDICAL. TIENES QUE VALERTE POR TI MISMA’.

La necesidad de cuidadores bien capacitados y remunerados ha sido aún más evidente durante la pandemia de COVID-19. Nazzal comentó que, gracias a que el sindicato negoció para que se diera capacitación gratuita —la cual incluye medidas de control de infecciones— a los trabajadores del sector de la atención domiciliaria en Washington, estos tuvieron armas para librar la batalla contra el coronavirus.

Los cuidadores en el estado ya practicaban habitualmente el lavado de manos, el uso de guantes y las medidas de desinfección y limpieza que los CDC recomendaron al inicio de la pandemia. Nazzal dijo que además ya estaban acostumbrados a usar cubrebocas y caretas y a manipular con seguridad el cuerpo humano y sus fluidos.

Dijo que al comienzo de la pandemia enviaron “simplemente un memorando a todo el personal para decirles: ‘¿Recuerdan cómo trabajaban? Sigan haciéndolo así’”.

El sindicato de Brittany negoció entonces con el estado para que les proporcionara equipos de protección personal, una remuneración mayor por el riesgo y la posibilidad de realizar el papeleo y otras tareas a distancia.

Nazzal dijo que, como resultado, aunque las muertes relacionadas con la COVID en residencias de ancianos representan cerca de la mitad de todas las muertes por el virus en el estado de Washington y casi el 40 por ciento de todas las muertes por COVID en Estados Unidos, las tasas de muertes de personas que reciben atención en casa han sido insignificantes.

En Arkansas, a Danielle le preocupaba contraer COVID-19. Recibió un aumento temporal por riesgo, pero no tuvo acceso a equipos de protección.

“Este no es un estado sindical”, dijo Danielle. “Tienes que valerte por ti misma”.

Injusticia

Por eso es tan importante una legislación federal como el plan del presidente Biden. Como dice Darrick Hamilton, director fundador de Institute on Race and Political Economy de The New School, la actual falta de supervisión federal es “profundamente injusta para los cuidadores y tiene sus raíces en el sexismo y el racismo”.

El plan de Biden no es perfecto: está dirigido a los trabajadores de atención domiciliaria que reciben pagos a través de Medicaid y no hace nada por las muchas familias de clase media que necesitan servicios de atención en casa, pero no pueden costearla. Sin embargo, los partidarios del plan argumentan que los salarios más altos para los trabajadores pagados a través de Medicaid ejercerían una presión al alza sobre los salarios en todo el sector, lo que supondría una diferencia significativa para trabajadores como Danielle en estados con salarios bajos.

Todavía no se han dado a conocer más detalles del plan. Es posible que el gobierno federal cree incentivos para fomentar que haya más “empleadores registrados”, como la Autoridad de Calidad de la Atención Domiciliaria de Washington, lo que también ayudaría a los trabajadores de los estados que actualmente no tienen sindicatos de cuidadores.

A veces, Brittany trata de convencer a su madre de volver a Washington.

“Somos muy afortunados aquí”, dice Brittany. Y le molesta que otros, como su madre, no lo sean. “Nos deben tratar como los profesionales que somos”, señaló. “Somos los encargados de conservar vidas”.

Brittany calcula que, con toda la experiencia que tiene Danielle, estaría ganando casi 30 dólares la hora realizando el mismo trabajo en Washington. No obstante, Danielle se trasladó a Arkansas para ayudar a su propia madre. Recuerda cómo cuidó su madre de otras generaciones de su familia y sabe que no puede irse. Al menos no ahora.

Piensa que tal vez las cosas cambien en el futuro si se aprueba el plan de Biden. “Creo que eso nos ayudaría”, comentó. Quizá no sea así. Pero con las cuentas por pagar y el costoso trabajo dental para el que está ahorrando, solo puede pensar en el presente. ¿Cómo podrá mantenerse?

Danielle hizo una pausa antes de responder. “Buena pregunta”.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company

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