Opinión: La fascinación por las armas: otra exportación de EEUU

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Tiroteo en la escuela de Texas (Copyright 2022 The Associated Press. All rights reserved)
Tiroteo en la escuela de Texas (Copyright 2022 The Associated Press. All rights reserved)

Desde hace varias décadas, una de las principales exportaciones de Estados Unidos al mundo ha sido su forma y estilo de vida. Sus expresiones culturales a través del cine, la música, la arquitectura, la literatura y la televisión han sido admiradas y seguidas por millones en multitud de países tan distantes y distintos unos de otros como Vietnam, India, Australia, Sudáfrica y México.

La globalización ha contribuido a consolidar el dominio de la influencia estadounidense y a glorificar, a través del entretenimiento, los valores positivos que esta sociedad dice defender y que hacen que sea vista como un modelo a seguir: el progreso, la libertad y el optimismo. Pero al mismo tiempo, ha sido inevitable que también se difundan los rasgos negativos que la caracterizan, entre ellos, las adicciones al sexo y a las drogas y, sobre todo, la violencia sin sentido y la fascinación por las armas.

Los tiroteos masivos que, por desgracia, son el pan de cada día en Estados Unidos ahora los vemos replicados con mayor frecuencia en naciones donde este tipo de eventos se consideraban impensables hasta hace poco. El reciente ataque perpetrado el pasado 3 de julio por un pistolero en el centro comercial más grande de Dinamarca, donde al menos tres personas murieron y cuatro resultaron lesionadas, es un ejemplo de la proliferación de actos violentos sin sentido en otras partes del mundo. Se cree que este tiroteo fue aleatorio y que el sospechoso tiene antecedentes de problemas mentales. Un patrón muy similar al que ocurre una y otra vez en Estados Unidos.

Otra noticia que conmocionó al mundo fue el reciente asesinato del exprimer ministro de Japón, Shinzo Abe, no solo porque era una figura clave en la vida política de su país sino porque en la nación asiática es extremadamente difícil poseer una pistola.

A diferencia de Estados Unidos, donde prácticamente cualquier persona puede conseguir un arma, en Japón las autoridades exigen a los interesados no tener antecedentes penales, tomar un curso obligatorio de capacitación, aprobar exámenes psicológicos y atravesar por un proceso exhaustivo de verificaciones que incluyen entrevistas de la policía con familiares, amigos y vecinos.

Gracias a estas normas tan estrictas, los delitos por armas prácticamente son inexistentes en el país asiático. En promedio, hay menos de 10 muertes relacionadas con armas en Japón cada año. En 2017 solo hubo tres.

Armas fantasma

Sin embargo, el pistolero que mató al primer ministro japonés se las ingenió para eludir todas estas leyes y cometer el asesinato con un arma fabricada en casa que se asemejaba a una pistola, compuesta de varias piezas de madera y largos tubos de metal.

Según la cadena japonesa NHK, el pistolero adquirió las piezas por internet y las unió en casa con la ayuda de vídeos que distribuyen, principalmente, los fabricantes de las llamadas “armas fantasma”, inventadas en Estados Unidos.

Debido a la relativa facilidad que hay para fabricar este tipo de pistolas y a que no hay una regulación para los vídeos que circulan en internet, en la Unión Americana el incremento de armas caseras alcanza proporciones epidémicas. La NPF (Fundación de Policía Nacional)  estima que en 2021 se confiscaron en todo el país un 51 por ciento más de pistolas fantasma que el año previo. Su uso se ha propagado, sobre todo, en los estados costeros demócratas cuyas leyes respecto a las armas de fuego son más estrictas. Y, como ahora vemos, podrían ser una nueva amenaza en países, como Japón, con leyes que limitan de manera severa la venta de pistolas.

Es innegable, por otra parte, que las armas fabricadas en Estados Unidos alimentan la violencia en otros países. No se trata solo del armamento que Washington vende o suministra a los que están en guerra, como el caso de Ucrania, sino a naciones que supuestamente están en paz.

El caso de México es emblemático. Hace unos meses, TheTrace, publicó un artículo que cita datos federales en los que se indica que al menos 56 mil armas estadounidenses se usaron para cometer delitos en territorio mexicano, entre 2014 y 2018.

En México, cabe destacar, la venta de armas por la vía legal está muy limitada. Pero, como indica un informe del Center for American Progress, “muchas de las mismas brechas y debilidades en las leyes de armas de Estados Unidos que contribuyen al tráfico ilegal de armas a nivel nacional también contribuyen al tráfico ilegal de armas de EEUU a las naciones cercanas”.

Demanda de México contra fabricantes de armas

Este hecho dio lugar a que el gobierno mexicano presentara el pasado enero una demanda contra 11 empresas fabricantes de armas en Estados Unidos por negligencia y fomentar el tráfico ilícito que ha contribuido a incrementar la violencia generada por los narcotraficantes.

El gobierno de México atribuye a las armas gran parte del crimen que aqueja al país, que tan solo en 2021 registró 33.308 homicidios dolosos.

La exportación ilegal de armas estadounidenses ha afectado también los altos niveles de violencia en Centroamérica, donde miles de personas se ven obligadas a huir, no solo por falta de oportunidades, sino por la amenaza que representan las pandillas armadas.

Un informe del CAP establece que, entre 2007 y 2019, se confiscaron alrededor de 179.000 armas de fuego fabricadas en Estados Unidos en México y América Central.

Las estadísticas no dejan lugar a dudas. La fascinación que hay en Estados Unidos por las armas no solo es causa de los tiroteos masivos en el país sino también de gran parte de la violencia que agobia a naciones vecinas como México, Guatemala, Honduras y El Salvador. Los legisladores estadounidenses que se oponen a la migración de indocumentados deberían tomar nota de que, una mayor regulación en la venta de armas, disminuiría también la necesidad que tienen miles de habitantes de esos países de migrar al norte.

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