Opinión: ‘Don’t Worry Darling’ es un desastre, sin importar el cristal con el que la veamos

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Esta semana se estrena Don’t Worry Darling de Olivia Wilde, pero no es descabellado pensar que parece que se estrenó hace mucho tiempo, debido a la gran cantidad de cobertura de prensa que han generado sus controversias. La película representa la segunda vez que Wilde elige el asiento de directora después de su bien recibida película Booksmart. Era muy alta la anticipación en torno a Don’t Worry Darling, un thriller psicológico ambientado en los suburbios de los años 50.

Sin embargo, desde hace semanas, la atención se ha centrado en el supuesto romance entre Wilde y Harry Styles, una desafortunada conferencia de prensa en el Festival de Cine de Venecia (¿qué diablos estaba tratando de decir Styles? ¿Es verdad que le escupió a Chris Pine? ¿Y por qué Florence Pugh estuvo tan ausente?), y la supuesta enemistad fuera de la pantalla entre Wilde y Pugh. Y eso sin siquiera mencionar el infame escándalo con Shia LaBoeuf, en el que Wilde afirmó haber despedido al actor, afirmación que LaBoeuf rechazó de forma pública y luego apareció un vídeo en el que Wilde le roga a LaBoeuf que se reincorpore a la película y le dice, supuestamente sobre Florence Pugh: “Creo que esto podría ser una llamada de atención para la señorita Flo”.

Las primeras críticas de la película han sido mediocres. Rotten Tomatoes le dio solo un 32 por ciento. Jennifer Heaton de Alternate Lens escribió en su reseña: “Don’t Worry Darling es un bello incendio de basura; un desastre del que no puedes apartar la mirada que confunde la vaguedad con la sutileza, la confusión con el suspenso y la pomposidad con la importancia”. Manohla Dargis del New York Times escribió una opinión similar: “Wilde no es una cineasta lo suficientemente fuerte en este momento para esquivar las debilidades de la historia, y mucho menos trascenderlas”.

Entonces, ¿hay alguien que haya seguido el alboroto detrás de escena que sí vea esta película? ¿Hay alguna posibilidad de que sea un éxito?

Todavía no lo sabemos, pero hay un historial de películas famosas que sobrevivieron a una controversia importante fuera de la pantalla. Por ejemplo, Cleopatra, la película de 1963 protagonizada por Richard Burton y Elizabeth Taylor es famosa por la tórrida aventura de los protagonistas y por su gigantesco presupuesto. Sin embargo, Cleopatra pasó a ser la mayor ganadora de taquilla del año (recaudó US$57,7 millones). Otro ejemplo es el clásico de terror de Bette Davis y Joan Crawford Whatever Happened to Baby Jane? Los rumores sobre esa película incluyeron el feroz conflicto entre las dos actrices superestrellas, que llevó a bromas mezquinas (Crawford se metió piedras en los bolsillos cuando Davis tuvo que arrastrarla por el suelo en la pantalla) y escenas peligrosas (Davis alegremente confesó que disfrutó haber empujado a Crawford por las escaleras en una escena).

La historia nos enseña que si una producción es conocida principalmente por su controversia, en general no conseguirá un éxito duradero. Aunque Baby Jane resiste la prueba del tiempo, hoy en día Cleopatra es más famosa por sus escándalos y problemas. Tom Breihan especuló enThe AV Club: “Cleopatra ganó tanto dinero porque la gente sentía curiosidad por este abrumador despilfarro. Es uno de esos casos claros... donde las historias detrás de cámaras tienen prioridad sobre lo que sea que muestren en la pantalla”. La pura curiosidad a menudo impulsa un buen éxito inicial en la taquilla.

El chisme que rodea a Don’t Worry Darling se vio igualado este año solo por una controversia en Broadway, específicamente en relación con la primera reposición de Funny Girl. La estrella original de la obra era Beanie Feldstein, pero la abandonó de forma abrupta en julio. Su reemplazo es Lea Michele, quien interpretó a una estudiante obsesionada con Funny Girl en la serie de televisión Glee. Algunos han desacreditado a Feldstein por su apariencia y su suave voz de canto, mientras que otros la han defendido con fervor. Circularon rumores sobre el comportamiento anterior de Michele en el set, incluidos comentarios supuestamente racistas y una falta de voluntad para compartir el centro de atención con otros actores.

¿El resultado? La obra, que se había derrumbado en la taquilla, vio, por mucho, su semana con mayor asistencia cuando Michele comenzó su carrera como Fanny Brice. Parece que el drama tras bambalinas despertó un gran interés renovado y una mayor asistencia al musical.

No es raro que la gente disfrute las historias de defectos y fechorías de los ricos y famosos. Tal vez porque la habladuría baja a las estrellas de sus pedestales, la gente promedio encuentra consuelo de sus propios problemas y el desorden en sus propias vidas. Por alguna razón, a gran parte del público le encanta saber que las celebridades se portan mal.

Don’t Worry Darling tiene mucho de qué preocuparse en este momento. Los días y las próximas semanas dirán si el impulso de la prensa que la rodea logra llevarla a ser un éxito de taquilla. ¿No mentía el artista PT Barnum cuando dijo: “La mala publicidad no existe”? ¿Acaso todos los chismes y especulaciones sobre el elenco y el equipo harán de Don’t Worry Darling el “desastre del que [los compradores de boletos] no puedan apartar la vista”?

Está por verse.