Olas de calor marinas: el océano a punto de ebullición
La playa de San Lorenzo de Gijón (Asturias) acoge todo el año a bañistas habituales que no perdonan su chapuzón matinal. Es común escucharles conversar sobre la temperatura del mar. Para regocijo de frioleros, parece haber consenso en que las aguas del Cantábrico son hoy más cálidas que hace una o dos décadas. Pero últimamente, más allá del calentamiento gradual que perciben los bañistas veteranos, cada vez son más frecuentes episodios de temperaturas inusualmente altas que son evidentes para cualquiera, auténticos picos de calor. “¿El agua a 20 ºC en octubre? Esto no ye normal…”. La pregunta es inevitable: ¿qué está pasando?
Los océanos funcionan como reguladores térmicos del planeta, absorbiendo la mayor parte del calor acumulado en la atmósfera a causa del efecto invernadero. En las últimas décadas, más del 90% del exceso de calor generado por las emisiones humanas ha sido absorbido por los océanos, lo que ha incrementado su temperatura media global.
Este calentamiento ha aumentado notablemente la frecuencia de episodios de temperaturas anormalmente cálidas en los océanos, conocidos en el ámbito científico como olas de calor marinas. Para que un evento se clasifique como una ola de calor marina, la temperatura del agua debe superar el 90% de las temperaturas medias históricas en la región y mantenerse así al menos cinco días consecutivos. No se trata de simples días calurosos en el mar, sino de fenómenos extremos con impactos duraderos.
¿Cómo se forman las olas de calor marinas?
Las olas de calor marinas se originan a través de diversos procesos oceánicos que pueden actuar por separado o conjuntamente. Dos factores principales las desencadenan: la transferencia de calor desde la atmósfera a la superficie del océano y el transporte de aguas cálidas por corrientes oceánicas.
Además, existen patrones climáticos a gran escala que pueden favorecer su desarrollo al alterar la circulación atmosférica y oceánica. Un ejemplo es el fenómeno conocido como El Niño, que ocurre en el Pacífico ecuatorial oriental cuando los vientos alisios, que habitualmente soplan de este a oeste a lo largo del ecuador, se debilitan o se invierten. Esto permite que las aguas cálidas del Pacífico, normalmente confinadas en Indonesia y Australia, se desplacen hacia el este, calentando la superficie oceánica a gran escala y propiciando olas de calor marinas anormalmente extensas e intensas.
Si bien las olas de calor marinas son un fenómeno natural, el calentamiento global provocado por la actividad humana actúa amplificando los procesos que las generan y hace que se produzcan con mayor frecuencia, intensidad y duración. En los últimos 15 años se han registrado olas de calor marinas excepcionales en diversas regiones del planeta, causando impactos ecológicos, económicos y climáticos importantes.
Muerte de peces, aves y mamíferos
En 2011, la costa oeste australiana fue escenario del primer evento de agua anormalmente cálida acuñado como “ola de calor marina”, que provocó la mortalidad masiva de organismos como el pez luna colitruncado y la oreja de mar, causó un extenso blanqueamiento de corales y desplazó hacia el sur especies tropicales como el tiburón ballena y la mantarraya.
Un año más tarde, en 2012, una ola de calor marina en el Atlántico occidental adelantó la migración de langostas en EE. UU. y aumentó de manera significativa las capturas antes de la temporada, lo que saturó la demanda y desplomó los precios.
Entre 2013 y 2016, “the Blob”, la ola de calor marina más larga y extensa jamás registrada, se formó en el Pacífico noreste y causó la muerte de peces, aves y mamíferos marinos, alteró los patrones migratorios y reproductivos de multitud de especies y devastó importantes pesquerías como las del bacalao, la sardina y el salmón.
Entre 2017 y 2018, una extensa ola de calor marina envolvió Nueva Zelanda y provocó que áreas del sur previamente dominadas por bosques de algas del género Durvillaea fueran rápidamente colonizadas por la invasora Undaria pinnatifida, alterándose la comunidad marina local.
Olas de calor marinas en España
En las costas españolas, las olas de calor marinas también han aumentado considerablemente en frecuencia e intensidad en las últimas décadas. En el mar Cantábrico, el calentamiento oceánico ha sextuplicado su incidencia en los últimos 40 años, lo que se ha asociado con importantes retrocesos en la distribución de especies clave de algas formadoras de hábitat en la región.
En el Mediterráneo ya son fenómenos recurrentes: entre 2015 y 2019 causaron la mortalidad masiva de diversas especies. En 2022 se extendieron de manera casi continua de mayo a agosto en un evento sin precedentes. Y en 2024, el año más cálido registrado, casi toda la región experimentó al menos una ola de calor marina, con temperaturas que llegaron a estar hasta 5 °C por encima de la media en algunas zonas durante gran parte de julio y agosto. Estas temperaturas persistieron incluso en otoño, contribuyendo de manera decisiva al desarrollo de la devastadora DANA de Valencia el pasado mes de octubre.
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Cómo reducir sus efectos
La diversidad y gravedad de los impactos de las olas de calor marinas trascienden la alteración de los ecosistemas y afectan la economía, la seguridad de las comunidades costeras y la estabilidad climática. Comprender cómo las comunidades marinas responden a estos eventos resulta imprescindible para diseñar estrategias efectivas de conservación y gestión medioambiental a nivel regional y global.
Para reducir los efectos de las olas de calor marinas es esencial, en primer lugar, disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero. Pero además, es fundamental fortalecer la resiliencia de los ecosistemas marinos mediante la creación de reservas marinas, la restauración de hábitats degradados, la protección de especies clave y la aplicación de prácticas pesqueras sostenibles.
En el contexto actual, adoptar un enfoque coordinado se vuelve prioritario para afrontar los desafíos presentes y futuros de un planeta sometido a un cambio climático acelerado.
Este artículo es fruto de una colaboración con la Cátedra Cambio Climático de la Universidad de Oviedo.
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation, un sitio de noticias sin fines de lucro dedicado a compartir ideas de expertos académicos.
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