Netflix: Siberia muestra la expresión más gélida de Keanu Reeves

Marcelo Stiletano
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Siberia (Canadá-Rusia/2018). Dirección: Matthew Ross. Guion: Scott B. Smith. Fotografía: Eric Koretz. Música: Danny Bensi y Saunder Jurrianns. Edición: Louise Ford. Elenco: Keanu Reeves, Ana Ularu, Pasha Lychnikoff, James Gracie. Disponible en: Netflix. Nuestra opinión: mala.

El rodaje de Siberia llevó a Keanu Reeves a una pequeña localidad de Manitoba (Canadá) en abril de 2017. Un año exacto después, Reeves filmó en Montreal John Wick 3, la película que lo devolvió a los primeros planos. Hoy, todo lo que tenga que ver con el hierático actor de Matrix llama de inmediato la atención. Por eso no sorprende que Netflix haya decidido exhumar Siberia y sumarla ahora a su catálogo. Pasaron más de dos años desde el lanzamiento mundial de esta producción (fue en julio de 2018), pero a todos los efectos funciona como estreno.

El "fenómeno Reeves" es la única explicación posible de la repercusión que está logrando este insípido thriller en sus primeros pasos dentro del mapa del cine por streaming en la Argentina. Aquí, el actor luce a primera vista exactamente igual a John Wick. Pero enseguida notamos algunas diferencias. Primero, su esposa está viva (aunque de ese matrimonio se desprende un aburrimiento feroz). Segundo, su papel aquí es el de un avezado traficante de piedras preciosas, navegando en medio de negocios ilegales, transacciones multimillonarias y gente muy violenta dispuesta a imponer su codicia. Tercero, el atractivo de este personaje está a un océano de distancia de lo que transmite John Wick, por más que los dos tengan casi el mismo aspecto.

Una producción modesta (que parece pensada para un lanzamiento directo a VOD) lleva al personaje de Reeves y sus diamantes a Rusia, convenientemente disimulada en exteriores canadienses, aunque hay un par de escenas fotografiadas con espíritu de postal en San Petersburgo. Lo demás transcurre en una escenografía desangelada, donde el protagonista vive una tórrida historia de amor con una chica local (interpretada por la bella actriz rumana Ana Ularu). La química entre ellos es tan fría como la temperatura exterior del lugar.

La trama fuerza a Reeves a tomar decisiones difíciles cuando las cosas se complican, pero nunca sabremos si cree realmente en los motivos que lo llevan a comportarse de determinada manera. A diferencia de John Wick, un personaje que decía todo lo que tenía para decir cuando entraba en acción, Reeves no hace nada, no dice nada, no transmite nada. La tensión se reduce a cero y la trama ni siquiera se altera (o se enciende) en las escenas eróticas. Algunos de esos momentos, además, figuran entre lo más desagradable de la película. Son gratuitas, sin la más mínima justificación.

El desconcierto llega hasta el final, cuando el único giro interesante que parecía ofrecer la historia termina apagado por la falta de convencimiento de Reeves para cargarse al hombro y asumir en su conciencia los dilemas de su personaje. Por allí vemos también en un momento a Molly Ringwald en una aparición fugaz y desganada que ni siquiera se justifica la mención de su nombre en los créditos.