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Murió Cristina Pacheco, la leyenda de la TV que mostró el otro México mucho antes que influencers y youtubers

Cristina Pacheco en la presentación del libro Voces de Libertad, junio de 2010. (Leonel Martinez/Jam Media/LatinContent via Getty Images)
Cristina Pacheco en la presentación del libro Voces de Libertad, junio de 2010. (Leonel Martinez/Jam Media/LatinContent via Getty Images)

Cristina Pacheco, escritora y periodista, murió este jueves 21 de diciembre a los 82 años de edad, apenas unas semanas después de anunciar su retiro del mítico programa de la TV 'Aquí nos tocó vivir', por problemas de salud.

"Con hondo dolor, mi hermana Cecilia y yo participamos el fallecimiento de nuestra adorada madre, Cristina Pacheco", escribió en Facebook su hija Laura Emilia, sin detallar los motivos de la muerte.

Cristina Pacheco, cuyo nombre de nacimiento era Cristina Romo Hernández (adoptó el apellido de su esposo, el también fallecido escritor José Emilio Pacheco) se volvió la compañía ideal de millones de mexicanos durante 45 años. No importaba hora, contexto social ni si había cualquier otra cosa en la televisión. Su presencia amable, inteligente, con esa cercanía genuina, hacía que sus programas de Aquí Nos Tocó Vivir atraparan a toda la audiencia. Nunca se iba con lugares comunes ni con supuestos: ella buscaba las voces reales. Se acercaba lo mismo a adultos que a niños, porque la curiosidad florece a cualquier altura de la vida.

La emisión no tenía un fin social predeterminado, pero lo cumplía de manera espontánea, por consecuencia. “No es un programa de denuncia, pero tampoco la evito; solo muestro con menos adjetivos y más verbos que es una injusticia que la gente viva entre la basura y el presidente municipal viva en una mansión”, contó Pacheco a Proceso en 2013.

Desde mayo de 1978, cuando el programa se emitió por primera vez, Cristina Pacheco recorrió la vida completa del otro México. Antes de que los youtubers lo hicieran con cámaras ultramodernas de altísima definición, ella ya estaba ahí para dar vida a narraciones simples, que no simplistas, accesibles para todos, como un manjar de emociones cotidianas: la gente se veía reflejada en esas historias porque se contaba la vida de los trabajadores, la vida que se consume lejos de las luces cosmopolitas.

A diferencia de otros intelectuales contemporáneos, la mayoría, Pacheco no buscó historias en los mismos lugares de siempre. Fue más allá de Ciudad de México. Fue a las periferias, fue al Estado de México, cuando nadie más lo hacía con ese enfoque. Pacheco le contó a su audiencia que en estos lugares había más que historias de nota roja. Había vida, había sueños, ideas que merecían ser escuchadas no por compasión, sino por su valía, por la forma en la que daban sentido al mosaico multicultural que es México. En los hechos, no con palabras.

Su despedida duele tanto por eso. Porque se va una voz que hurgaba en las entrañas de lo ordinario para encontrar relatos extraordinarios. No necesitaba grandes alardes para capturar la atención de los espectadores. Siempre con respeto por sus entrevistados, haciendo las preguntas precisas. Si México no hubiera tenido una Cristina Pacheco, la habría inventado.

Pacheco tenía un programa semanal de entrevistas por el que desfilaron las luminarias más importantes de la cultura nacional e internacional: cantantes, escritores, músicos, deportistas, actores, periodistas. Al estilo de la televisión clásica, la periodista no perdía oportunidad para darle voz a su audiencia a través de las llamadas que le hacían llegar. Hoy, en todos los programas que buscan interacción con los televidentes, se prepondera la participación en redes sociales. Ella lo hacía a la usanza de toda la vida. Y le funcionaba. En sus manos podían verse decenas de mensajes apilados que le hacían llegar con saludos, felicitaciones, dudas y quejas.

No, las entrevistas largas y reflexivas no son nuevas. Existían antes de que fueran una moda y Cristina Pacheco las patentó como una costumbre semanal. Su inteligencia le permitía estar a la altura de cualquier tema, pero sin la soberbia de quien se cree experto en todo. Ella era genuina. Se interesaba porque su sensatez le hacía ver que todo invitado tenía una experiencia enriquecedora para ella, y para sus televidentes, a quienes guiaba por el mapa del saber con una actitud pedagógica, sin condescendencia, con la medida exacta. Igual que en sus salidas a la calle, la caracterizaba un ansía intelectual por conocer, por ir más allá de la superficie, y encontrar respuestas cargadas de emoción, vivencias y aprendizaje.

La televisión no es tonta por sí misma. Se puede hacer con calidad y para todos. Y el contenido lúcido no tiene por qué ser aburrido. Cristina Pacheco lo demostró durante 45 años. México la extrañará mucho. Pero su legado está grabado en memorias eternas y en la red. Tiempos benditos de la tecnología: acceder a programas de antaño para recuperar la magia de Cristina Pacheco y sus relatos infinitos.

Crinstina Pacheco | Foto: EFE
Crinstina Pacheco | Foto: EFE

Su trayectoria

Originaria de San Felipe, del céntrico estado de Guanajuato, Cristina Pacheco estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Empezó su carrera en la década de 1960 en los diarios 'El Popular' y 'Novedades'.

También fue parte del equipo de la 'Revista de la Universidad de México', donde conoció a José Emilio Pacheco, con quien se casó en 1965 y cuyo apellido adoptó.

Como periodista, colaboró en medios como los diarios 'El Sol de México' y 'La Jornada', y en estaciones como 'Radio Fórmula' y 'Canal 13'.

Ganó el Premio Nacional de Periodismo en 1985, el Premio Rosario Castellanos en 2012 y el Premio Bellas Artes de Literatura Inés Arredondo 2022, entre otros galardones.

Entre sus obras literarias de narrativa están 'Para vivir aquí' (1983), 'La última noche del tigre' (1987), 'Amores y desamores' (1996), 'Los trabajos perdidos' (1998), 'Limpios de todo amor' (2002), 'El oro del desierto' (2005) y 'Humo en tus ojos' (2010).

Su programa 'Aquí nos tocó vivir', uno de los más longevos en la historia de la televisión mexicana tras comenzar en 1978, destacaba por contar la vida y cultura en la capital del país a través de entrevistas con personas comunes.

(Con información de EFE)