Misión por el mundo con la mira en los acreedores

Joaquín Morales Solá

Alberto Fernández inició ayer un período de quince días en los que estará más tiempo fuera que dentro del país. El Presidente recorrerá en los próximos días Israel, Italia (con dos encuentros importantes), Francia y España. Si bien cada uno de sus desplazamientos en el exterior tiene motivaciones propias, hay un tema que dominará la agenda en casi todas sus reuniones con dignatarios extranjeros: la renegociación de la deuda pública argentina. El objetivo del Presidente de tener resuelta en marzo la refinanciación de la deuda precisa de la ayuda de muchos actores internacionales.

El tiempo no es mucho; más bien es demasiado corto. Para peor, Joseph Stiglitz, un amigo del gobierno argentino y, sobre todo, del ministro de Economía, Martín Guzmán, hizo ayer un aporte a la solución o a la confusión (nadie lo sabe) cuando pronosticó que los acreedores deberán resignarse a "quitas significativas" en el capital y en los intereses de la deuda.

¿Fue una presión premeditada o solo un exabrupto? Los bonos argentinos cayeron y el riesgo país subió más como consecuencia de Stiglitz que de Guzmán, quien había adelantado, casi al mismo tiempo que su maestro, que el gobierno federal no asistirá a la provincia de Buenos Aires si esta no consiguiera el acuerdo del 75 por ciento de los acreedores para postergar hasta el 1º de mayo un vencimiento de 250 millones de dólares que debería pagar el próximo lunes.

El Presidente llegará hoy a Israel, que se convertirá, así, en el primer país que Alberto Fernández visitará como jefe del Estado. La decisión de viajar a Jerusalén tiene una razón de la que el gobierno habla poco (en público, al menos). Es, para decirlo directamente, la necesidad de terminar con viejos recelos y recientes cortocircuitos.

En realidad, el matrimonio Kirchner tuvo buenas relaciones con Israel hasta que Cristina firmó el memorándum de entendimiento con Irán. El régimen teocrático de Teherán es uno de los mayores peligros para el Estado judío, porque los dirigentes iraníes suelen no reconocer la existencia de Israel y algunos de ellos llegaron a dudar públicamente de que haya sucedido el Holocausto.

Israel es el primer país preocupado por la posibilidad de que Irán logre alcanzar la tecnología de las armas nucleares. Los gobernantes de Irán acaban de anunciar que ese es su propósito. Israel nunca dudó de que los autores intelectuales y financieros del criminal atentado que voló la AMIA fueron los entonces líderes de Irán. Tampoco duda de que ellos inspiraron, al menos, el asesinato del fiscal Alberto Nisman pocos días después de que este denunciara a la entonces presidenta Cristina Kirchner de encubrimiento de los culpables de aquella masacre.

Alberto Fernández

Las cosas empeoraron cuando se conocieron declaraciones de la ministra de Seguridad, Sabina Frederic, en las que sostenía que "Hezbollah es un problema de la OTAN, no nuestro". Hezbollah, según las conclusiones de la Justicia argentina, fue el grupo terrorista que cometió los atentados que destruyeron íntegramente las sedes de la embajada de Israel en Buenos Aires y de la propia AMIA.

Frederic aclaró luego que esas declaraciones las formuló como investigadora del Conicet, pero que como ministra estaba de acuerdo en mantener Hezbollah como grupo terrorista si ello llevaba tranquilidad a la sociedad argentina. Alberto Fernández decidió viajar cuando entrevió que había demasiadas confusiones en la relación con un país importante.

Israel es la única democracia plena de Medio Oriente. En estos días será la primera vez en su corta historia que recibirá de manera conjunta a 40 altos representantes de gobiernos extranjeros, entre presidentes, jefes de gobiernos y miembros de familias reales. Estarán, entre ellos, los presidentes de Francia, Emmanuel Macron; de Rusia, Vladimir Putin, y de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, además del vicepresidente de los Estados Unidos, Mike Pence.

Durante dos días se llevará a cabo el Foro Mundial de Líderes para recordar la Shoá y luchar contra el antisemitismo. El presidente argentino se reunirá el viernes con el presidente de Israel, Reuven Rivlin, y con el primer ministro de ese país, Benjamin Netanyahu. Tendrá también un breve diálogo con Putin en el método que los diplomáticos llaman "encuentros al paso", que significa que no será una reunión bilateral formal.

Es probable que el Presidente aproveche todos esos diálogos para hablar de la economía argentina y de su inmediata necesidad de refinanciar la deuda, tanto con bonistas privados como con el Fondo Monetario Internacional. En rigor, en Jerusalén casi no habrá reuniones bilaterales de ninguno de los presentes porque el programa es muy breve: una cena de honor el miércoles ofrecida por el gobierno de Israel a los visitantes y el acto central, que se realizará el jueves. Alberto Fernández emprenderá el regreso el viernes, pero no tendrá tiempo de deshacer las maletas.

El próximo miércoles comenzará el viaje a Europa en un vuelo que lo llevará a Roma. La primera reunión en esa ciudad será con el papa Francisco, el viernes 31. En rigor, el Presidente se propuso siempre que su primer viaje fuera para visitar al Pontífice, pero la invitación de Israel y la necesidad política de aceptarla modificaron sus planes.

Según fuentes oficiales, el Papa está haciendo varias gestiones para ayudar a su país con el problema de la deuda pública. Son gestiones obviamente políticas, no técnicas. De hecho, Francisco ya habló del tema con le jefa del Fondo, Kristalina Georgieva. "Si todo sale bien con la deuda, el país le deberá mucho al Papa", dijeron funcionarios cercanos a Alberto Fernández. Otro tema que hablará con el Papa será la designación del futuro embajador argentino ante el Vaticano. El embajador Luis Bellando era uno de los que estaban en una terna de posibles representantes diplomáticos ante la Santa Sede, pero el gobierno argentino asegura que nunca envió el pedido de plácet correspondiente al Vaticano.

Bellando cayó víctima de una intriga de palacio en la Cancillería, donde algunos de sus colegas parecen no tenerle simpatía. Si no hubo pedido de plácet, mucho menos podía haber un rechazo del Vaticano a Bellando. Además, la situación matrimonial del diplomático no es motivo de objeción para el Vaticano. Está casado por la Iglesia con su actual esposa. Eso es lo que importa en Roma.

En verdad, el Vaticano nunca rechaza un pedido de plácet para un embajador. Si no le gusta el candidato, se limita a no responderlo. Con el paso del tiempo, los gobiernos se dan cuenta de que el candidato debe ser cambiado. Hubo pocas excepciones a esa regla no escrita a lo largo de la historia. Era raro, desde ya, que el Vaticano haya rechazado en 48 horas el plácet para Bellando. Eso no sucedió nunca, porque simplemente nunca hubo un pedido de plácet a Roma enviado por el gobierno argentino.

El único pedido que el Papa le hizo a Alberto Fernández en su momento consistió en que el nuevo embajador fuera un diplomático de carrera, jamás un embajador político. El Presidente hablará con el Pontífice sobre el nuevo embajador en términos generales y hasta es posible que le acerque una terna de nombres, pero nunca el Papa le dará el acuerdo sin consultar con la Secretaría de Estado. En primer lugar, porque no está en condiciones de conocer los nombres ni los antecedentes de los diplomáticos que le llevará Fernández y, en segundo término, porque el Pontífice sostiene que las instituciones deben ser respetadas, empezando por las de su propio Estado.

El lunes 3, Alberto Fernández se reunirá con el presidente de Italia, Sergio Mattarella, una figura con influencia moral, sobre todo, en la política italiana. Al día siguiente, se verá en Madrid con el jefe del gobierno español, Pedro Sánchez, que acaba de formar el primer gobierno de coalición de España con el partido de izquierda Unidas Podemos, una agrupación que reúne a algunos simpatizantes del chavismo venezolano y a otros del kirchnerismo argentino. El miércoles, por último, se verá en París con Macron. Tanto España como Francia tienen representación en el directorio del Fondo Monetario.

En la agenda internacional del Presidente, hay todavía dos lugares cruciales sin fechas precisas para su visita. Uno es Washington, donde está concentrada la mayor dosis de poder dentro del Fondo Monetario. En las últimas horas hubo declaraciones amables del secretario de Estado, Mike Pompeo, quien elogió las decisiones argentinas sobre el grupo Hezbollah, pero todavía no se avanzó en una visita de Alberto Fernández a la capital de los Estados Unidos.

El segundo lugar sin fecha para su visita es Brasilia, donde está un presidente imprevisible, Jair Bolsonaro, que no pierde oportunidad de criticar al partido de Fernández, aunque últimamente se cuida de no incluir en sus diatribas al presidente argentino. El problema es crucial para el comercio exterior local, porque la mayoría de las exportaciones industriales argentinas van a Brasil. Como suele decir Mario Negri, "Brasil puede dormir tranquilo sin la Argentina, pero nosotros no podemos dormir sin Brasil".