El milagro de superar la adversidad de la adicción y recuperarse con fe

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La indigencia tiene muchos rostros, no solo se circunscribe a enfermedades mentales o el consumo de estupefacientes, también tiene un fuerte componente económico, relacionado con las crisis financieras, la falta de ahorros y en muchos casos, las malas decisiones personales, que conllevan a que una persona e incluso una familia pase de tener una vida estable a pernotar en la calle.

En 2014, la Iglesia Rescate de Hialeah empezó un programa llamado “Casa Rescate” diseñado para las personas que cayeron en la enfermedad de la adicción y fueron desplazadas a las calles como consecuencia. Desde entonces, ha rehabilitado a decenas de personas y ha ayudado a otros que han estado sin techo por dificultades económicas.

La iglesia Rescate ha dispuesto de un baño portatil y un camión ducha para ofrecerles a los indigentes que viven en las calles de Hialeah su aseo semanal
La iglesia Rescate ha dispuesto de un baño portatil y un camión ducha para ofrecerles a los indigentes que viven en las calles de Hialeah su aseo semanal

Cada semana, fieles de la Iglesia Rescate salen con un camión acondicionado con una ducha portátil entre West 3 Ave. y 23th St. a proveer de este servicio a un grupo de personas que viven en sus alrededores. Los ayudan a asearse, les cortan el cabello y les brindan comida y les ofrecen una oportunidad para mejorar sus vidas. La mayoría están intoxicados de sustancias y rechazan dejar el consumo.

El pastor David Monduy explica que todos los programas que ha implementado la iglesia “van inicialmente al dolor que inició ese problema, a buscar la raíz, porque la adicción sale como un anestésico de un dolor no resuelto y cuando una persona trata de resolverlo en la droga, el alcohol o en el sexo, se corrompe y se daña. La historia real de todos ellos es que cuando cambiaron cómo resolvía su dolor, en vez de la sustancia fueron a buscar consuelo en Cristo, su vida fue transformada completamente“.

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Mérida Díaz, una cubana de 75 años que ha vivido más de medio siglo en Estados Unidos, es una mujer entusiasta que ha enfrentando grandes pérdidas: la muerte de su hijo y de su esposo, el desalojo de un techo bajo el cual resguardarse. Todo esto le ocurrió en un lapso de tres años, en donde asegura que solo pudo superarlo gracias a que estaba “agarrada de la mano de Dios. Él me dio la fortaleza que necesitaba en los momentos más difíciles”, relata desde las instalaciones de la Iglesia Rescate.

Díaz se quedó en la calle cuando fue despedida de la fábrica donde trabajaba y no podía cubrir junto a su esposo el pago de su alquiler. A los días recibió la peor noticia que una madre puede escuchar: su hijo falleció en un accidente de tránsito. La pareja pasó de la desolación de estar en la calle, a la depresión de verse sin su hijo.

Aunque ella se encontraba en situación de calle, no se veía parte de esa situación. “Era horrible ver que llegaban los indigentes en un estado deplorable, todos drogados, había que ayudarlos a bañarse. Yo era muy escrupulosa y ver la condición en la que se encontraban estas personas me daba asco. Yo le pedí al Señor que me sacara de allí, y a los días me pusieron de voluntaria en el área de cocina, donde me sentía útil”, indicó la septuagenaria.

Durante un año, Díaz recibía ayuda del programa Citrus Health Network, donde se aseaba y comía, pero a las 6 p.m. tenía que retirarse de las instalaciones y refugiarse en su carro junto a su esposo, una situación que les causó profunda depresión. Las circunstancias le causarían la muerte a su pareja, quien murió de un infarto, días antes de mudarse a un apartamento, relató la mujer.

A pesar de los obstáculos, Díaz buscó la forma de cambiar su destino. Consiguió un apartamento en el este de la ciudad a través del programa de váuchers Sección 8, y ahora ve su pasado como una prueba que la ayudó a “crecer espiritualmente”.

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La Ciudad de Hialeah hace un par de meses creó un programa para personas sin hogar, según la ordenanza 2022-087 y ha establecido reuniones con líderes religiosos para conocer sobre los factores que causan la indigencia y cómo resolverlos. Pero la situación no es nueva en la municipalidad.

De vivir en la calle a ser evangelizador

Hendel “Noelito” Cardo, cubano de 38 años, tiene una historia digna de una película: a los tres meses de haber emigrado a Estados Unidos con su esposa y sus dos hijos, se separaron. La perdida de rumbo, la separación familiar y el desconocimiento del sistema lo motivaron a consumir alcohol y luego a utilizar cannabis como vía para olvidar su presente.

El divorcio de Hendel “Noelito” Cardo le causó una profunda depresión que lo llevó al consumo de drogas, que posteriormente lo dejó viviendo en la calle durante varios años, pero un programa de restauración y regeneración de la Iglesia Rescate lo ayudó a encontrar su propósito en la vida. Hialeah, FL 11 de septiembre, 2022.
El divorcio de Hendel “Noelito” Cardo le causó una profunda depresión que lo llevó al consumo de drogas, que posteriormente lo dejó viviendo en la calle durante varios años, pero un programa de restauración y regeneración de la Iglesia Rescate lo ayudó a encontrar su propósito en la vida. Hialeah, FL 11 de septiembre, 2022.

Al principio, Cardo era un “adicto funcional”, trabajaba, cumplía sus compromisos económicos mientras bebía y consumía drogas ocasionalmente, hasta que “entre el embudo de la depresión y los conflictos, me convertí en un adicto crónico, utilizaba los recursos para pagar la renta, en las drogas y me quedé en la calle. En ese proceso, abandoné a mis hijos. Me dediqué a vivir mi vida de desastre”, lamentó.

En la Iglesia Rescate todos lo llaman “Noelito”, cuando ingresó al programa de rehabilitación, unos seis años atrás, no tenía ninguna documentación con él y prácticamente no recordaba su identidad.

Hendel “Noelito” Cardo a los tres meses de haber comenzado el programa “Casa Rescate” de la Iglesia Rescate que lo ayudó a regenerar su vida, luego de vivir en las calles durante casi una década, como consecuencia de su adicción a las drogas
Hendel “Noelito” Cardo a los tres meses de haber comenzado el programa “Casa Rescate” de la Iglesia Rescate que lo ayudó a regenerar su vida, luego de vivir en las calles durante casi una década, como consecuencia de su adicción a las drogas

Cardo explica que “un adicto no se mide por la cantidad de veces que consume drogas en el día, sino por la cantidad de relaciones rotas que tiene a su alrededor. Mientras más solo estás, más profundo has caído en la adicción y esa fue mi situación por años, hasta que finalmente acabé en la calle, durmiendo debajo de dos o tres puentes, por años”.

Tocó fondo luego de varias sobredosis que sufrió. “Mirando al cielo asfixiado por las drogas y mi estilo de vida tan deplorable le dije a Dios: ‘¡Mátame o quítame esta adicción!’ Y esa misma noche una persona me llevó a un programa de rescate, aquí en Hialeah. Desde entonces, no volví a fumar, ni a tomar”. Así relata Cardo cómo comenzó su proceso de restauración y de regeneración en la Iglesia Rescate.

“Cuando la conciencia y el corazón están rotos, vuelves a lo mismo, de nuevo. Yo recibí esa regeneración, fue un milagro, comencé a hacer ejercicios, a leer las escrituras, a integrarme en las clases y después comenzó el proceso de regeneración donde comencé a adquirir herramientas para volver a rehacer esos puentes, con mi familia en Cuba, con mis hijos”, explicó.

Cardo asegura que fueron años de trabajo intensivo, “el programa Rescate me enseñó a vivir. El contacto con las Escrituras, con la Biblia fue muy revelador. Dice Jesús que la verdad te hará libre y esa verdad me comenzó a liberar”.

De acuerdo con él las personas que entran a la adicción lo hacen porque no quieren vivir la realidad.

“Yo no quería vivir la realidad tan amarga de mi historia. Me pasaba en el alma y cuando te drogas, entras en un mundo de fantasía, donde todos esos problemas, por unos 15 minutos, se calman. Me refugiaba en las drogas para olvidar mi realidad”.

Después de casi una década viviendo en las calles, Cardo está regenerado. Tiene un trabajo estable en Park Plus, una empresa que instala sistemas de estacionamiento automatizados, de varios niveles y vive una vida sin excesos, tratando de recuperar el tiempo perdido con sus hijos y manteniendo su espiritualidad fortalecida.

Cada miércoles se reúne en la iglesia con hombres que viven en la calle, que como él se hicieron adictos. Su ejemplo de vida, lo ayuda a conectar con los problemas que otros enfrentan actualmente.

“Si podemos presentar testimonios de vidas transformadas no es porque nosotros las cambiamos, nosotros fuimos instrumento de Dios, para traerles un mensaje y traerles un medio de vida. Yo no tengo poder para transformar a una persona, ni hay pastilla o programa que los cambie, pero cuando ellos realmente se conectan con Cristo, hay una fuente de poder real”, indicó el pastor Monduy.