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Un mensaje en una botella viaja de Baleares a Nápoles para caer en manos de un apasionado del mar

Un mensaje en una botella viaja de Baleares a Nápoles para caer en manos de un apasionado del mar

Un mensaje en una botella. Suena a cuento de hadas infantil o al título de una canción, pero es lo que un vecino de Bacoli, en la provincia de Nápoles, al sur de Italia, se encontró un día mientras daba un paseo por su playa favorita.

“Tengo una relación exclusiva con el mar, como si fuera un amigo con quien hablar y del que obtener respuestas. Esta relación continúa hasta ahora, hasta mis 38 años, y hoy sigo pensando que el mar es mi mejor amigo”, dice Darío Grande, vecino de Bacoli.

Y el mar envió a Darío un mensaje inesperado desde las islas Baleares, en España, escrito por un niño de 11 años, que hablaba de él y sus pasiones. En tiempos de comunicación instantánea y efímera a través de internet y las redes sociales, los cuatro meses de travesía de esta botella cobran un significado especial, sobre todo porque terminó en manos de alguien que aprecia con sensibilidad su valor.

El mensaje llega a manos de alguien que "a menudo" busca "respuestas del mar"

"A menudo busco respuestas del mar, y al leer una carta enviada por un niño sentí como si el mar me hubiera dado una respuesta contundente”, explica Darío Grande. Se trataba de "un mensaje muy claro escrito por un niño de 11 años, y esto realmente me conmovió”, añade.

Gracias a la cobertura de medios españoles, Darío logró ponerse en contacto con los padres del niño.“El padre no solo me lo agradeció, sino que también quiso enfatizar la importancia de mantener el contacto con el niño a través del correo postal tradicional. Siento un gran respeto por su petición y también creo que este es el sentido real de toda la historia", cuenta Darío.

A diferencia de las relaciones más frágiles o virtuales propias de las redes sociales, las amistades que comienzan con un mensaje en la botella parecen destinadas a perdurar. "Mi esperanza es ir a Mallorca en un futuro próximo, conocerlo, estrecharle la mano y contarle un poco de mi vida y de mi tierra, que probablemente sea muy parecida a la suya, con los mismos colores, el mismo paisaje y el mismo mar”, concluye Darío.