Con menor apoyo de lo esperado, Portugal revalidó al gobierno del "milagro"

Silvia Pisani

MADRID.- Le faltaba el baño de multitudes y lo ha obtenido: el Partido Socialista del primer ministro Antonio Costa ganó con holgura las elecciones portuguesas.

Se prepara ahora para cuatro años más de gobierno, en los que deberá afrontar las reformas pendientes de su exitoso programa de estabilidad y saneamiento de las cuentas públicas, conocido como el "milagro" portugués.

Los cómputos daban un 37,14% para el socialismo, al que se le escapaba así la posibilidad de un gobierno en solitario y con mayoría propia. Los votantes, después de todo, moderaron su entusiasmo a la hora de acompañar el modelo que seduce fronteras afuera. Al primer ministro Costa le tocará buscar nuevamente alianzas para llevar adelante las reformas más complejas de su plan de estabilidad.

Con la victoria clara para el socialismo como fuerza más votada, la derecha portuguesa, representada por el Partido Social Demócrata (PSD), pudo salvar la prueba. Obtuvo el 29,95%, un caudal ligeramente superior al 28% que le daban las encuestas, y, sobre todo, pudo evitar la debacle que tanto temía.

"Es una victoria importante, muy importante para nuestro partido, y eso es lo que hay que subrayar", dijo la socialista Ana Catalina Mendes, al anticipar la victoria. La legisladora ponía cara así al matiz amargo de no haber logrado mayoría en el Congreso, de 230 bancas. Se quedaron muy cerca, con una estimación de 112 diputados; apenas cuatro menos que los 116 necesarios para tener mayoría propia. Una decepción que, por lo cerca que habían estado, costaba ocultar.

Pero así como el socialismo fue triunfador y la derecha evitó el derrumbe, la otra sorpresa fue el resultado menor de lo esperado para el PAN, el partido que apuntaba a convertirse en el "aliado estratégico" de Costa. Si bien el 1,7% que cosechó no le cerraba la puerta, tampoco parecía proyectarlo como el aliado por excelencia para un gobierno que necesitará acuerdos para ejercer el poder.

Nadie duda de que el socialista triunfante encontrará la fórmula. Hábil negociador y astuto político, se descuenta que Costa logrará los respaldos que necesita para seguir adelante con su exitoso modelo.

Es probable, incluso, que intente acuerdos específicos según los proyectos de reforma que presente al Congreso, en lugar de decantarse por aliados estratégicos, como hizo hasta ahora con los radicales del Bloque de Izquierda y con el Partido Comunista de Portugal.

Más allá de la euforia, el resultado pone un matiz en el rumbo, en momentos en que la fórmula de austeridad "con sonrisa" parece estar alcanzando niveles de agotamiento en una sociedad que conoce mejor el costado duro del esquema que encandila en Occidente.

Pese a que lleva cuatro años gobernando, este fue el primer triunfo de Costa en una elección general. En 2015 su fuerza salió segunda, pero con una exitosa alianza con la izquierda radical logró arrebatarle el gobierno al Partido Social Demócrata, de derecha, que había sido el ganador.

Es verdad que aspiraba a liberarse de los socios de la izquierda con quienes debía acordar cada paso. Y si bien hizo campaña con los resultados del "milagro portugués", estos no parecen haber seducido al electorado con el entusiasmo que él esperaba. Para muchos portugueses, la carga fiscal del 35% (la más alta de Europa), el aumento de los alquileres, los salarios por debajo de la media europea y el encarecimiento de la vida les hacen muy cuesta arriba la vida cotidiana.

En contraste con los elogios que cosecha fronteras afuera, la falta de entusiasmo del electorado por el plan de Costa terminó por llevarlo a un nuevo mandato en minoría parlamentaria.

La jornada marcó también el debut en primera línea del PAN, el partido "animalista" y "ecologista" que no responde a la tradicional clasificación entre derecha e izquierda y cuya cuenta en las redes sociales es la que más seguidores tiene.

Casi el doble de los 95.000 con que cuenta Costa, en un país donde las redes sociales no tuvieron el protagonismo de campaña que suelen ejercer en otros países del bloque.

Su líder, André Silva, coqueteaba abiertamente con la posibilidad de desplazar a la izquierda radical y convertirse en el nuevo aliado de Costa. La única condición que puso era que el primer ministro fuera sensible a sus propuestas ambientalistas. Pero sus resultados lo alejaban de ser la opción preferente.

La noche cerró sin que quedara claro cuál sería la fórmula por la que se inclinaría Costa para lograr los respaldos que necesita. Pero, en un país con reconocida cultura de alianza política, se descontaba que los obtendría.

Ya en el tramo final de su campaña, se mostró menos tajante al respecto y evitó definiciones. Para entonces, los sondeos advertían que posiblemente no lograra la mayoría con la que soñaba y moderó el tono respecto de un pretendido gobierno en solitario.