Mariachis llegan a Uvalde con canciones de duelo y esperanza

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Juan Ortiz, un cantante galardonado con el premio Grammy, en un monumento conmemorativo improvisado y en crecimiento para los estudiantes y maestras asesinados en la primaria Robb que surgió en la plaza pública de Uvalde, Texas, el 1 de junio de 2022. (Ivan Pierre Aguirre/The New York Times).
Juan Ortiz, un cantante galardonado con el premio Grammy, en un monumento conmemorativo improvisado y en crecimiento para los estudiantes y maestras asesinados en la primaria Robb que surgió en la plaza pública de Uvalde, Texas, el 1 de junio de 2022. (Ivan Pierre Aguirre/The New York Times).

UVALDE, Texas — Un autobús salió de la carretera polvorienta e ingresó al corazón de una ciudad sumida en el pesar.

Personas de otros lugares han enviado mucho a Uvalde en los últimos días: comida, flores, millones de dólares en donaciones, rezos (gestos, grandes y pequeños, con la intención de acompañar en un duelo que nadie pensaba que pudieran curar). Como las otras personas, motivados a hacer algo, decenas de mariachis viajaron desde San Antonio con la esperanza de que podrían brindar una dosis de consuelo.

En la plaza que se ha convertido en el lugar de expresión del dolor de Uvalde, donde se erigieron veintiún cruces para marcar las vidas segadas por el tirador que irrumpió en una primaria, los músicos se reunieron en una fuente y comenzaron a tocar, inspirados por las dolidas palabras del adorado músico mexicano Juan Gabriel.

Tú eres la tristeza de mis ojos

Que lloran en silencio por tu amor

Anthony Medrano, uno de los integrantes, comentó sobre las letras: “No te acarician. Te atraviesan”.

Reponerse de una tragedia requiere honestidad, sin importar lo doloroso que resulte, comentó Medrano. Una presentación de mariachi como esta se supone que debe ser una travesía, la cual comienza en la oscuridad y asciende más cerca de la luz.

Anthony Medrano, al centro, abraza a un colega músico en un monumento conmemorativo improvisado y en crecimiento para los estudiantes y maestras asesinados en la primaria Robb que surgió en la plaza pública de Uvalde, Texas, el 1 de junio de 2022. (Ivan Pierre Aguirre/The New York Times).
Anthony Medrano, al centro, abraza a un colega músico en un monumento conmemorativo improvisado y en crecimiento para los estudiantes y maestras asesinados en la primaria Robb que surgió en la plaza pública de Uvalde, Texas, el 1 de junio de 2022. (Ivan Pierre Aguirre/The New York Times).

La música de mariachi (con sus trompetas, instrumentos de cuerda y serenatas) a menudo evoca imágenes de júbilo o romance, se acostumbra que los grupos se presenten en fiestas de 15 años, bodas, aniversarios y cumpleaños. Aun así, la verdad, afirman los intérpretes, la música marca el arco de la vida, tan capaz de acompañar las profundidades de la angustia como el triunfo más elevado.

“Como mariachis, estamos ahí para cada parte de la vida de una persona”, les mencionó Medrano, quien ayudó a coordinar el viaje, a los otros intérpretes a la hora de emprender la travesía. “Estamos llamados a contribuir y a intervenir y a ayudar a confortar a las familias y contribuir a aliviar el dolor de la comunidad. Eso es lo que vamos a hacer hoy”.

La presentación se organizó a través de una publicación en Facebook que circuló en la comunidad de los mariachis en el sur de Texas, la cual alentaba a los músicos a reunirse en un estacionamiento en los límites del centro de San Antonio la tarde del miércoles. Cerca de tres docenas se subieron al autobús ahí. Otros hicieron el viaje por su cuenta. Un grupo se trasladó desde Eagle Pass, una ciudad fronteriza ubicada a una hora en auto al suroeste de Uvalde.

El llamado a unirse a la presentación era intenso. “Se ven como nuestros hijos. Sus rostros lucen familiares”, declaró Sandra Gonzalez, una violinista.

Los músicos trajeron trompetas, violines, un saxofón, pequeños instrumentos de cuerda llamados vihuelas y los mucho más grandes guitarrones mexicanos.

Aunque Uvalde solo está a poco más de una hora en auto de San Antonio, también llenaron el autobús con bocadillos: hieleras con agua, cerveza, jamón, queso, bolillos, cajas de papas fritas y cajas transportadoras con vasos grandes de plástico de té helado de Bill Miller Bar-B-Q, una cadena muy conocida en San Antonio.

Las edades de los músicos oscilaban entre los 7 años de un niño hasta los 60 y más de muchos otros. Una familia tenía a tres generaciones representadas. Eran profesores de música, profesionales de bienes raíces y un estudiante de Medicina. Gonzalez es enfermera en una unidad de terapia intensiva neonatal.

Roland San Miguel, uno de los intérpretes, señaló: “Ve este autobús. Puedes ver la diversidad. Ese que está ahí es mi papá”.

Agregó: “Eso demuestra que no están solos. Uvalde no está sola”.

Los músicos están acostumbrados al duelo. Los miembros de la comunidad de mariachis a menudo se reúnen para tocar en funerales para padres, cónyuges y otros parientes de los intérpretes que mueren. Además, conforme la pandemia de coronavirus azotó a la comunidad mexicoestadounidense, se exhortó a los grupos de mariachis a tocar. “Hemos tocado en muchos funerales”, aseguró Gonzalez.

La integrante vio el consuelo que brindaban a esas familias. “Les dimos ese desahogo”, manifestó. Ella sabía lo que significó para ella, así como para su madre y sus hermanas cuando los mariachis tocaron en el funeral de su padre hace varios años.

Aun así, había inquietud a medida que el autobús pasaba las ciudades de Castroville y Hondo y se acercaba a la de Uvalde. “Esta es una primera vez para nosotros. Esta magnitud de tragedia”, puntualizó San Miguel.

No hubo ensayos. Ni siquiera crearon una lista de canciones que tocarían. Un mariachi con experiencia debe recordar al instante un gran catálogo de canciones. “Es probable que haya 200 o 300 que has olvidado”, dijo San Miguel en tono de broma.

El autobús llegó a Uvalde y avanzó hasta la plaza del pueblo.

Conforme todos comenzaban a pararse, Medrano indicó: “Elegiremos las canciones sobre la marcha y haremos lo que hacemos”.

Después del tiroteo, un monumento conmemorativo apareció en la plaza y ha seguido creciendo. Flores, marchitas por el calor, apiladas en montones cada vez más altos, con peluches, velas y banderas estadounidenses. Las personas escribieron mensajes en pósteres y con tiza en la acera. “Vuelen alto, pequeños ángeles”, se leía en uno.

Los mariachis tocaron “Amor eterno”, una desgarradora canción que Juan Gabriel compuso sobre la agonía que sintió cuando perdió a su madre. Era reconocible para muchos desde las primeras notas.

El calor comenzaba a disminuir y los árboles de pecán filtraron el sol intenso. Una multitud se reunió alrededor de la plaza. Algunos trajeron sillas de jardín y a sus perros. Algunos se enjugaron las lágrimas, lloraron en silencio.

No obstante, tal como Medrano prometió, la música parecía darles a las personas ahí reunidas un respiro, incluso si solo era por un momento. San Miguel lideró a algunos de los músicos en una versión instrumental de “Amazing Grace”. Recordó la serenidad que sintió cuando la canción fue interpretada en el funeral de su hermano el año pasado.

Su padre, el cantante de mariachi galardonado con el premio Grammy Juan Ortiz, interpretó otra canción que muchos en la multitud reconocieron al instante: “Un día a la vez”. El consuelo de la melodía: sanar no estaba ahí y nadie sabía cuando llegaría. Sin embargo, Uvalde podía convocar a la resiliencia y seguir adelante.

Un día a la vez, Dios mío

y es lo que pido

de ti

dame la fuerza para vivir

un día a la vez

© 2022 The New York Times Company

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