Los síntomas del COVID-19 pueden ser todo o nada: “Este virus tiene el paquete completo”

Elizabeth Weise

Para Elizabeth Schneider, el ataque del coronavirus comenzó con una irritación de garganta, agotamiento y dolor de cabeza. Luego llegó la fiebre acompañada de escalofríos y náuseas. Pero nunca tuvo dificultades para respirar o tos.

El padre de Charlie Campbell, de 89 años, tenía tos, una frecuencia cardíaca irregular y requirió oxígeno antes de recuperarse.

Elizabeth Schneider, 37 años. Fue una de las personas de un grupo infectado por el virus COVID-19 en una fiesta en Seattle, el 22 de febrero de 2020. Todos se recuperaron. Cortesía: Elizabeth Schneider.

Amy Driscoll primero experimentó dificultades para respirar y sintió una opresión en el pecho.

En el caso de Bill Houser, un juez del Tribunal Superior del condado de Kitsap, en Washington, los síntomas aparecieron de la noche a la mañana.

Las personas que contraen el COVID-19, la enfermedad causada por el nuevo coronavirus que está arrasando en el mundo, pueden experimentar una amplia gama de síntomas y tener experiencias muy diferentes.

Algunos no presentan síntomas, aunque la mayoría de las personas sufren fiebre y otros signos. Muchos mejoran solos. No obstante, aproximadamente el 15 % de las personas infectadas tienen síntomas graves y necesitan ser hospitalizadas. Otro 5 % enferma tanto que necesita ingresar en una unidad de cuidados intensivos.

Amy Driscoll, de 48 años, mirando por la puerta de su casa el domingo después de dar positivo por COVID-19. Jeff Lange/Akron Beacon Journal

Según Johns Hopkins Medicine, los primeros síntomas más comunes de quienes contraen el virus son: fiebre, tos, falta de aliento, dolor muscular o fatiga.

Otros han reportado síntomas menos comunes, como dolor o escozor en la garganta, dolor de cabeza, tos productiva y náuseas o diarrea.

Schneider, de Seattle, tenía un asiento en primera fila para atravesar esa variedad de síntomas ya que muchos de sus amigos se expusieron al virus durante una fiesta celebrada el sábado 22 de febrero.

Schneider, de 37 años, se despertó el martes un poco cansada y aturdida. Fue al trabajo, pero al mediodía empezó a sentir que se estaba resfriando.

“Tenía dolor de cabeza, dolor en el cuerpo y un poco de fiebre”, contó.

Regresó a casa y durmió una siesta. Cuando se levantó, tenía 38,3 °C. No tenía tos, dificultad para respirar ni opresión en el pecho. Pero seguía sintiéndose mal.

“Esa noche la fiebre me subió a 39,4 °C y comencé a temblar descontroladamente. Apenas pude lavarme los dientes, quitarme los lentes de contacto y acostarme”, dijo.

Tomó los medicamentos para el resfriado de venta libre y se acostó a dormir. Por la mañana, la temperatura le había bajado a 38,3 °C. Pasó los dos días siguientes en la cama, durmiendo y bebiendo mucha agua. Fue mejorando lentamente, de manera que en los últimos días solo se sentía cansada y la fiebre había bajado. Pero no fue hasta 12 días después que se sintió realmente bien, afirmó.

De “realmente enfermo” a no “tan mal”

En Hudson, Ohio, la experiencia de Driscoll con la enfermedad comenzó de la misma forma. El 11 de marzo, mientras trabajaba, la mujer de 48 años comenzó a sentirse cansada y un poco febril. Cuando llegó a casa esa noche su temperatura había aumentado un poco, por lo que se tomó un Motrin y se acostó.

Se despertó tosiendo en medio de la noche y le dolía el pecho.

“Me costaba respirar y sentía una opresión en el pecho”, le contó Driscoll al Akron Beacon Journal, parte de USA TODAY Network. “No se parecía a nada que hubiera sentido antes”.

Al día siguiente fue al hospital y la aislaron inmediatamente. El viernes, Driscoll tenía 38,8 °C y había dado positivo al COVID-19. Permaneció hospitalizada durante dos días, con líquidos por vía intravenosa, analgésicos y antipiréticos, antes de estar lo suficientemente bien como para que le dieran el alta y la enviaran a casa.

El 17 de marzo, casi una semana después de haber experimentado los primeros síntomas, Driscoll todavía se sentía exhausta y lidiaba con la fatiga y el dolor de cabeza.

“Estaba muy enferma”, dijo. “Durante un tiempo me sentí muy asustada por lo mal que estaba”.

Houser se despertó el 13 de marzo con una temperatura de más de 37,7 °C, dolor de garganta y tos, pero la noche anterior se sentía bien.

Le dijo al Kitsap Sun, parte de la USA TODAY Network, que se sintió como cuando le da la gripe, pero no tan mal.

“La última vez que tuve gripe. Me sentí realmente mal. Con esto no me sentí tan mal”, precisó.

Houser dijo que la fiebre desapareció en poco tiempo y experimentó algunos dolores en el cuerpo, pero no demasiados. Dijo que una semana más tarde todavía tenía tos pero que nunca le había faltado el aliento. La mayoría de las veces se sintió más cansado de lo habitual, por lo que dormía la siesta.

“Simplemente fue diferente”, explicó cuando le pidieron que comparara con lo que experimentó con la gripe.

“Dormía 19 horas al día”

Para Noelle Ruiz, de 27 años, la enfermedad comenzó el 10 de marzo con fiebre de 38,3 °C. Tomó Tylenol y descansó. Al cabo de un día, más o menos, la fiebre remitió. Todavía tenía dolor de cabeza, tos y presión en los senos paranasales, pero no estornudos. Más adelante en la semana experimentó un poco de dolor en el pecho cuando respiraba, pero no creía que fuera el COVID-19.

Seis días después, llegó el peor de los síntomas.

“Dormía 19 horas al día. Tenía náuseas Cuando me levantaba para ir a la cocina, me quedaba sin aliento. Era como si estuviera haciendo ejercicio, pero solo había caminado de un extremo al otro de la habitación”, contó desde su casa en Los Altos, California.

“En realidad no podía respirar profundamente, sentía que no tenía aire suficiente en los pulmones”, dijo.

Ruiz tenía otros síntomas que aparecían en algunos de los infectados. “Perdí el gusto, ya no me apetecía comer, no olía nada”, recordó.

Aunque no se sabe cuántas personas infectadas experimentan la pérdida del sentido del olfato, llamada anosmia, o una pérdida del gusto, conocida como ageusia, los médicos están detectando que algunos pacientes con COVID-19 reportan estos síntomas.

Fue la falta de aliento lo que finalmente hizo que el médico de Ruiz le hiciera el test. El domingo se enteró de que era positiva en coronavirus.

Ruiz está segura de que fue su suegra quien la contagió ya que una semana antes había enfermado y desarrollado neumonía. La ingresaron en el hospital, recibió oxígeno y se recuperó al cabo de unos días. Ahora está en cuarentena en su apartamento.

En el caso de Ruiz, la situación no se complicó mucho, pero solo ahora comienza a sentirse bien, después de estar enferma durante casi dos semanas. Para ella, el COVID-19 no fue tan grave como una mala gripe, pero realmente la dejó fuera de combate.

“En mi caso, los síntomas más importantes fueron el cansancio y que necesitaba dormir mucho”, comentó. “Y la opresión en el pecho. Fue extraño que los síntomas típicos del COVID tardarán seis días en aparecer”.

Una fiesta, una gran variedad de síntomas

De vuelta a Seattle, cuando Schneider finalmente tuvo fuerzas para entrar a Facebook, vio a muchos de sus amigos que habían estado en la fiesta del sábado por la noche y todos dijeron lo mismo. Comenzaron a compartir sus experiencias online y rápidamente se preguntaron si se habían infectado con el coronavirus. Fue a inicios del brote y todavía había pocos casos concluyentes.

Una docena formó un grupo en Facebook y siete de ellos se realizaron el test. Todos resultaron positivos para SARS-CoV-2, el virus que causa el COVID-19. Schneider, que es bioingeniera, estaba fascinada por la amplia gama de síntomas que presentaron.

Una de sus amigas, que resultó positiva para el virus, no tenía síntomas, pero las reglas de su empleador requerían que se hiciera la prueba porque era probable que hubiera estado expuesta. Otro solo tuvo un poco de congestión en el pecho y cansancio, dijo Schneider.

Nadie en el grupo presentó síntomas respiratorios, excepto en algunos casos en que las personas tuvieron tos seca o una sensación de cosquilleo en la parte posterior de la garganta cuando la enfermedad estaba remitiendo. Uno tuvo dificultades para respirar y dolor en el cuerpo, así como dolor de cabeza y agotamiento, pero no presentó fiebre. Otro contrajo una neumonía leve, una inflamación de los pulmones que puede ser causada por una infección.

Schneider tuvo todos los síntomas, excepto la dificultad para respirar (fiebre alta, fatiga, dolor en el cuerpo, dolor de cabeza, náuseas, diarrea y falta de energía) y tardó unos nueve días en comenzar a sentirse bien de nuevo.

Todos sus amigos se han recuperado y nadie fue hospitalizado, por lo que se sienten agradecidos. La conclusión de Schneider es que el virus puede manifestarse de tantas maneras que es difícil de detectar.

En su caso, se sintió como si tuviera una gripe fuerte. Otros ni siquiera sabían que lo tenían.

“Creo que este virus tiene el paquete completo”, dijo. “Todo varía según la gravedad con que lo contraigas”.

Este artículo fue publicado originalmente en Yahoo por USA Today