Laura Borràs sustituye a Carles Puigdemont como la mártir de Junts

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La expresidenta del Parlament, Laura Borràs, durante un acto de apoyo al expresident de la Generalitat, Carles Puigdemont.  (Photo by Josep LAGO / AFP) (Photo by JOSEP LAGO/AFP via Getty Images)
La expresidenta del Parlament, Laura Borràs, durante un acto de apoyo al expresident de la Generalitat, Carles Puigdemont. (Photo by Josep LAGO / AFP) (Photo by JOSEP LAGO/AFP via Getty Images)

La Fiscalía presentó a mediados de julio su escrito de acusación sobre el caso de Laura Borràs solicitando para la presidenta del Parlament seis años de prisión y 21 de inhabilitación para ocupar cargo público por los delitos de prevaricación y falsedad documental.

Dos semanas después, en virtud del artículo 25.4 del reglamento -que indica que la Mesa del Parlament debe "acordar la suspensión de los derechos y deberes de los parlamentarios de forma inmediata no cuando haya condena, sino cuando se decrete apertura de juicio oral y en caso de delitos asociados a la corrupción"-, la dirigente de Junts, presidenta del organismo cuyo reglamento se ha aplicado, fue suspendida.

La medida ya era de por sí un nuevo lastre al proyecto independentista catalán por los hechos imputados a Borràs otorgando contratos a dedo en una operación que en nada ayuda al 'procesismo'. Pero ésta decidió que lo importante no es la causa, sino ella. Y procedió a enredar con una decisión que no admite discusión salvo que el reglamento sea considerado 'bananero'. Pero entonces no se entiende que no le hubiera puesto un solo 'pero' al mismo mientras ejerció como su presidenta.

Y, ni corta ni perezosa, consideró que las reglas son válidas para los demás, pero no para ella misma. Por lo que no debería aplicársele ninguna sanción.

A todo esto, sabiéndose apartada de la vida pública por motivos legales y a la espera de que la Mesa del Parlament desestimara su petición de reconsideración, se ha dedicado a viralizar su situación legal de todas las formas que se le ha ocurrido. Mediante entrevistas, declaraciones públicas y, ojo a este detalle nada menor, dando pábulo a quienes reventaron el acto de homenaje a las víctimas de los atentados de las Ramblas de Barcelona en base a una difícilmente sostenible teoría de la conspiración.

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El caso es que la Mesa ha hecho oficial su decisión. Y todos sus miembros, salvo el de Junts, lo han decidido por unanimidad. Es decir, que se han puesto de acuerdo ERC, PSOE y la CUP. Un grupo que engloba almas republicanas, monárquicas, independentistas, constitucionalistas y antisistema.

Aun así, con lo difícil que es llegar a un consenso en la política, más aún en un grupo tan heterogéneo, la dirigente de Junts entiende que hay una persecución en su contra. Incluso de sus socios, claro. Y, para ello, se ampara en el dictamen del Comité de Derechos Humanos de la ONU que ayer censuró la inhabilitación previa a la sentencia de varios diputados de Junts por parte de la justicia española al considerar que se vulneraron sus derechos políticos. Lo que le permitiría seguir sumando recursos para frenar algo que parece no tener vuelta atrás.

El resumen es que Borràs ha emprendido una huida hacia adelante. De momento sin esconderse en el maletero de un coche para trasladarse a Waterloo, pero por lo demás con muchas semejanzas con el pasado reciente del expresident de Cataluña, Carles Puigdemont, a quien va camino de sustituir como mártir de la causa.

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