Las razones por las que Putin ha arrasado y volverá a arrasar todas las veces que quiera

Hay Putin para rato. El presidente ruso hizo buenas las encuestas y logró una holgada victoria (el 76,6% de los votos) en las elecciones, su mayor victoria hasta la fecha. Curiosamente, al revés de lo que suele pasar en la mayoría de los países, los años en el Gobierno no solo no le desgastan, sino que cada vez le hacen tener más apoyos. Estas son las claves de su rotundo éxito.

Putin celebra su victoria (Getty).

– El renacimiento de la gran Rusia

El fin de la Unión Soviética y del comunismo en las décadas finales del siglo XX generó una profunda crisis de identidad en la sociedad de la que poco a poco van saliendo. Se pasó de ser una de elas grandes potencias del mundo a perder territorio y adoptar un sistema económico que hasta es momento se había despreciado. Con Putin, Rusia vive un periodo de patriotismo y de orgullo nacional. Las intervenciones militares en el extranjero (anexión de Crimea, enfrentamiento con Ucrania y guerra en Siria) han disparado la popularidad del presidente. La imagen es que el país vuelve a ser fuerte, con personalidad y que planta cara a Estados Unidos y Europa sin subordinarse. Y eso a la gente le encanta.

– Una economía pujante

La situación económica en 1992 en Rusia era penosa, con más del 33% de la población bajo el umbral de la pobreza, sin embargo desde la llegada al poder de Putin en el año 2000 las cosas han cambiado y en 2016 solo un 13,4% vivía en esa misma situación según los datos oficiales del Gobierno ruso. Otro de los ejemplos en los que se ve la influencia del presidente es en la evolución del PIB per cápita; en 1999 alcanzó su punto más bajo con apenas 1.330 dólares (frente a los 3.485 de 1991), pero la economía empezó a crecer y crecer y en 2013 alcanzó los 16.000 dólares. Todavía mucha gente en Rusia considera a Putin el gran responsable de los avances económicos y por eso le siguen votando, pese a que en los últimos años no ha habido crecimiento.

– Miedo a ir en su contra

Otro factor muy importante de su liderazgo es la posición de fuerza que transmite tanto en el interior como en el exterior del país. Desde el principio asumió el control de los medios de comunicación, lo que le sirvió para ir poco a poco arrinconando a sus enemigos y para transmitir su mensaje. Hoy en día hay cerca de 3.000 emisoras, de las cuales la mayoría no tratan temas políticos, pero cuando lo hacen están sometidas a un gran control gubernamental. Además, Putin fue capaz de plantar cara a los oligarcas, que habían conseguido demasiado poder durante el Gobierno de Yeltsin. Varios de ellos fueron acusados de corrupción y forzados a marcharse al exilio, lo que le valió una gran popularidad.

Boris Berezovsky, uno de los oligarcas en contra de Putin (AP).

– La democracia controlada

Al establecer y financiar grupos que ocupan el espacio público, Putin se ha asegurado que no triunfen las organizaciones que se oponen a él. ¿Cómo? Estos grupos afines al presidente están muy movilizados y ante cualquier movimiento de la oposición, son capaces de anticiparse y convertirlo en un homenaje a Putin. Antes de que los disidentes puedan ocupar la Plaza Roja, los putinistas ya se han adelantado y corean consignas a favor del presidente. Además, también existe la competencia dirigida, es decir, los rusos tienen la sensación de vivir en una democracia en la que ellos pueden tomar todas sus decisiones, lo que ayuda a mantener la estabilidad.

Putin a caballo sin camiseta (Pinterest).

– Su imagen de hombre fuerte

Las imágenes son recurrentes; Putin pescando sin camiseta, Putin montando a caballo, Putin haciendo judo… El objetivo es mostrar que el presidente, de 66 años, es un hombre poderoso y fuerte, lo que provoca que a muchos rusos les transmita seguridad y confianza. Todo lo contrario que Yeltsin, que era experto en bailar, contar chistes y beber alcohol, lo que le convertía en algunas ocasiones en “un bufón”, tal y como han recogido varios medios internacionales. La diferencia es simple: con el primero los rusos sienten respeto, con el segundo, vergüenza.