Lo que descubrí cuando casi me quedo calva: la historia de tu vida (y la mía) está escrita en el cabello

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Hair analysis. (Photo by: BSIP/Universal Images Group via Getty Images)
La resistencia del cabello, que mantiene sus características microscópicas a través del tiempo, es el gran aliado de los científicos que intentan develar el pasado analizando sus átomos. (BSIP/Universal Images Group via Getty Images)

Hace tres inviernos pensé que me iba a quedar calva. Se me caían puños de cabellos al peinarme, tapaba el desagüe de la ducha y al suelo de casa quedaba tapizado con mis características hebras largas, lisas y oscuras.

El motivo de la debilidad capilar fue estacional. Me mudé del Trópico a Europa y mi cuerpo lo resintió. El cambio de la dieta y la falta de exposición al sol aniquilaron mis reservas de vitamina D y para febrero ya tenía entradas en la frente por la cantidad de pelo perdido.

Lo interesante es que si hubiese muerto en ese momento, un antropólogo o un médico forense hubiera podido detectar ese y otros cambios en mis patrones de vida con un análisis minucioso de mi cabello.

Una investigación reciente publicada por Jelmer Eerkens, en la Revista Estadounidense de Antropología Física, reveló un método para decodificar el momento de la muerte de un individuo usando el cabello.

Acta de defunción biológica

Earkens y su equipo logró predecir con exactitud la época de la muerte de una niña de dos años al identificar huellas químicas específicas (isótopos de hidrógeno) en sus cabellos.

Ese trabajo ayudará a comprender la influencia que los cambios estacionales pudieran tener en las tasas de mortalidad de las sociedades.

"Cada onda del cabello rojizo de Edith Howard Cook cuenta una historia. Un segmento puede ser una crónica de un verano inusitadamente húmedo en San Francisco; otra puede rememorar un diciembre seco. Pero al leerlo completo, la hebra revela la estación de 1876 en la que Edith murió a los dos años", explicó un artículo de The Atlantic.

Eerkens ayudó a descubrir quién era Edith luego de que los obreros de una construcción descubrieran un ataúd enterrado en un patio en 2016. El antropólogo de la Universidad de California en Davis dijo que él también es un padre y piensa en los desafíos que suponía vivir en los años 1800, cuando los niños morían de enfermedades comunes.

Unos 20 años después, a comienzos del siglo XX, el 30 por ciento de todas las muertes en Estados Unidos correspondía a niños menores de 5 años. Las estadísticas también nos han demostrado que históricamente las muertes oscilan según las condiciones climáticas.

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Los expertos podrían reconstruir una historia antropológica más vívida sin son capaces de identificar esa estacionalidad al recopilar data de personas de todas las edades y ubicación geográfica. Estudios minuciosos de algunos grupos pudieran revelar situaciones desconocidas como la existencia de una pandemia o desempolvar historias olvidadas sobre un episodio temporal de violencia que aumentó la mortalidad en una población.

Los isótopos son átomos de un mismo elemento pero con distinto número de neutrones. Eso hace que sean más pesados o más livianos que los otros átomos del elemento. Entonces los científicos usan instrumentos llamados espectrómetros de masa para identificar y cuantificar isótopos en una muestra de hueso o cabello.

En el caso de los restos humanos, los arqueólogos ven los isótopos como una memoria de interacciones entre el individuo y su ambiente.

El equipo de Eerkens comparó registros históricos y el ADN del cabello para identificar a la niña como Edith H. Cook, nacida el 28 de noviembre de 1873 en San Francisco, California, y fallecida en la misma ciudad el 13 de octubre de 1876.

La causa de su muerte fue "marasmo", una forma de desnutrición severa por deficiencias en la ingesta de alimentos.

La técnica será útil para calcular la época de la muerte en futuros casos arqueológicos o forenses en los que haya sido preservado parte del cabello pero se desconozca la fecha exacta de defunción.

Tras las pistas de los pelos

Los zoólogos consideran al pelo es una de las característica distintivas de los mamíferos. Nos ofrecen aislamiento y protección contra el sol. Su ausencia en algunos lugares del cuerpo también ha servido para diferenciar especies. Por ejemplo, los humanos somos lampiños y esa peculiaridad nos distingue de otros primates.

La ciencia ha usado el análisis del cabello durante años, pero no por motivos médicos sino criminalísticos. La primera comparación forense de cabellos y pelos humanos fue realizada en 1861 por Rudolf Virchow en un juicio.

Scanning electron microscope (SEM) micrograph of a plant root, with soil debris and a small root hair visible, at a magnification of 150x, 2016. (Photo by Smith Collection/Gado/Getty Images).
Scanning electron microscope (SEM) micrograph of a plant root, with soil debris and a small root hair visible, at a magnification of 150x, 2016. (Photo by Smith Collection/Gado/Getty Images).

Uno de los motivos es que el pelo es particularmente resistente y mantiene sus características microscópicas comparables durante mucho tiempo, lo que lo hace muy útil en los exámenes forenses que han aprovechado ramas como la antropología.

Prueba de ello es que hay pelos recuperados de lugares arqueológicos de la Era del Hielo, que tienen entre 10.000 y 18.000 años y fueron identificados como pelos humanos. Son tan fuertes que uno de los cabellos aún tiene adherido su folículo.

Los laboratorios del FBI tiene muestras de cabellos extraídas de momias que pudieran tener más de 2000 años.

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La identificación de Edith,144 años después de su muerte, me ha invitado a reflexionar sobre la preservación de los cadáveres como registros antropológicos.

Siempre había pensado en que la cremación era la mejor opción para descartar lod restos humanos. Ahora creo que si todos pedimos cremar nuestros cuerpos le estaremos quitando un valioso material de investigación a la ciencia, al destruir con fuego la historia personal y colectiva que ha quedado grabada en nuestros cabellos.

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