Al estilo Fox: Trump quiere resolver el problema de migración en 15 minutos... y ya sabemos cómo acaba

En el contexto del arranque formal de su campaña de reelección, Donald Trump ha hecho una notoria cantidad de afirmaciones equívocas, exageradas, ofensivas y, en algunos casos, punzantemente desconectadas de la realidad. Una de ellas fue la que le dijo hace unos días al periodista de ABC News George Stephanopoulos: que el problema de la frontera y la migración podría resolverse tan rápido como en de “15 minutos a una hora” si los demócratas acudieran a negociar con él a la Casa Blanca.

Añadió que bastaría con arreglar “tres o cuatro lagunas legales” para “no tener más un problema en la frontera”.

Pero los demócratas, añadió Trump, no quieren hacer eso “por razones políticas”.

El presidente Donald Trump y la líder de la Cámara baja, Nancy Pelosi. El desencuentro entre el presidente y los demócratas es tan severo que es irreal suponer que, manteniendo su postura actual, él logre negociar en 15 minutos una solución al problema de la migración y la frontera. (AP/Evan Vucci)

Trump luce muy seguro de ese todo ello, pero la noción de que en 15 minutos pueden resolverse esos asuntos luce simplemente irreal, pues no considera que la incapacidad de resolverlos ha tenido justamente su origen en su complejidad y en su controversia, en que no hay consenso ni siquiera dentro del partido del presidente y que las inflexibles posturas de Trump vuelven improbable lograr soluciones.

Años atrás, en México, el entonces presidente electo Vicente Fox dijo en 2000 que el conflicto en Chiapas, originado en el abandono y el desprecio que por siglos han sufrido en México los pueblos indígenas y en la incapacidad del sistema para remediarlo, él podría resolverlo en 15 minutos. Fox ciertamente no solo no pudo lograr eso sino que no estuvo a la altura de la esperanza democrática que lo llevó al poder.

El propio Trump ha sido en varias ocasiones incapaz de cumplir lo que él mismo ha ofrecido: no logró acuerdo entre los republicanos en materia de inmigración y muro cuando eran mayoría y lo que en algún momento llegó a ofrecer ante los líderes demócratas, como una solución para los jóvenes ‘dreamers’, lo revirtió al poco ante las presiones de la derecha.

Es decir, Trump ha tenido ya varios encuentros de 15 o más minutos, con demócratas y con republicanos, pero no ha podido lograr avance de ellos. Y, cabe decir, las razones políticas lo mueven a él ya su partido tanto como a cualquier otro político, a veces a contracorriente de la opinión de la ciudadanía (que se opone mayoritariamente al muro fronterizo y apoya también en su mayoría dar una vía hacia la ciudadanía para los indocumentados).

Es por ello que es ilusorio suponer que en momentos de severa crispación y en el arranque de las campañas rumbo a 2020, en las que Trump va en desventaja, los demócratas van a claudicar de sus posiciones y plegarse en un cuarto de hora a la perspectiva de Trump.

Con frecuencia se ha criticado que el presidente cree, o quiere hacer creer, que su sola voluntad, visión y disposición bastan para lograr acuerdos mayúsculos y usualmente denosta a los conseguidos por otras personas y administraciones.

Por ejemplo, ha festinado los éxitos de su encuentro con el líder norcoreano Kim Jon-Un en Singapur, al grado de decir que gracias a ello evitó una guerra con Corea del Norte pese a que, en realidad, salvo la mitigación de los dimes y diretes entre Trump y Kim, muy poco es lo que se ha conseguido para lograr una distensión cabal en la Península Coreana. El fracaso del segundo encuentro entre ambos líderes es una señal de ello. Trump repudió el acuerdo nuclear con Irán sin aportar más alternativa que la confrontación, al grado de que actualmente existen temores de un posible enfrentamiento bélico.

Así, Trump tiene muy clara cuál es su visión para la frontera sur de Estados Unidos y para la cuestión de la inmigración: muro fronterizo, estigmatización y deportación de los migrantes, recorte de posibilidades para pedir asilo y transformación del sistema de inmigración del país para reducir el número de los que llegan legalmente, recortar las opciones de reunificación familiar y privilegiar la entrada, de modo limitado e incluso temporal, a los extranjeros de mayor perfil educativo y socieconómico.

Y para tratar de lograr esa visión, que tiene de suyo un ominoso componente de autoritarismo y xenofobia y va a contrapelo de la historia de Estados Unidos, una nación construida por inmigrantes, Trump no ha dudado en dividir y erosionar el entorno político, económico y social del país: por ejemplo, cerró al gobierno y entró en colisión con el Congreso cuando no se le aprobaron los fondos que buscaba para el muro fronterizo, ha emitido decretos abiertamente antiinmigrantes (como el llamado “veto musulmán”) que han sido impugnados judicialmente, ha emprendido una inhumana política de detención y separación de familias, arrancando a miles de niños migrantes de sus padres, y no ha cesado de criminalizar y estigmatizar a las personas que llegan a Estados Unidos para pedir asilo, huyendo de la miseria y la violencia en sus países de origen, a quienes califica de hordas invasoras.

Además, ha amenazado con deportar a millones de indocumentados (lo que sería inhumano y propio de regímenes totalitarios), con imponer tarifas improcedentes a las importaciones a México si ese país no frena el flujo de migrantes centroamericanos por su territorio (gravámenes que golpearían severamente a las empresas, los trabajadores y los consumidores estadounidenses) y ha dicho que los demócratas son unos depravados que quieren destruir al país.

Mientras mantenga esas posiciones, lo que al parecer así será tras su cáustico mensaje de arranque de campaña, posiblemente no logrará acuerdos con los líderes demócratas ni en 15 minutos ni en muchas horas. Y, en realidad, salvo una improbable flexibilización (que tendría que incluir al Senado republicano), luce muy difícil que se logre un acuerdo sustantivo en la cuestión de inmigración en tiempos electorales.

Los 15 minutos requerirán así mucha mayor lucidez que la presente y demorarán, en el escenario actual, al menos hasta noviembre de 2020.