La extraordinaria historia del médico católico que inventó la pastilla anticonceptiva y pidió la aceptación de la iglesia

La píldora anticonceptiva fue aprobada como un método de control de natalidad en Estados Unidos en 1964 pero la iglesia católica aún no autoriza su uso. (Getty Image)

La píldora anticonceptiva es uno de los hallazgos más importantes en la historia médica. Millones de mujeres han usado ese método de control de natalidad en las últimas seis décadas y su popularidad se ha vinculado al auge de los movimientos feministas y de la libertad sexual.

Paradójicamente, uno de sus creadores era un católico devoto que no apoyaba abiertamente los derechos de igualdad de las mujeres. Su interés por la reproducción humana nació al enfrentar la dura realidad de las barriadas irlandesas en el noreste estadounidense, donde muchas madres muy pobres no deseaban seguir teniendo hijos.

Los que conocieron a John Rock lo describen como un hombre alto, guapo, carismático y compasivo que nació en el estado de Massachusetts en 1890.

Imagen del médico estadounidense John Rock (1890 - 1984) (Photo by Pictorial Parade/Getty Images)

En una entrevista con el periodista de la cadena NBC, David Brinkley, en 1964, Rock reveló que a los 14 años aprendió uno de los principios que guiaron su vida cuando el párroco de su iglesia de apellido Finning lo invitó a ir a un hospicio después de misa y le dijo: "John, mantente siempre firme a tus principios y a tu conciencia. No dejes que nunca nadie de aleje de ellos".

Y así lo hizo. Su primer trabajo como supervisor de una plantación de bananas en Guatemala, luego de terminar su bachillerato comercial a los 19 años, le abrió los ojos a las desigualdades y las enormes deficiencias sanitarias en la clase trabajadora.

Cuando regresó a su país decidió cambiar de rumbo y estudió medicina en la Universidad de Harvard. Rock no tenía claro a qué especialidad se dedicaría hasta que tuvo que hacer una rotación en ginecología y obstetricia atendiendo a las mujeres de una barriada irlandesa en Boston.

“El inmenso dolor que sintió por la situación de las mujeres" que tenían al menos media docena de hijos antes de cumplir los 30 años en la total pobreza lo estremeció de tal manera que dedicó el resto de su carrera a atender pacientes en el Hospital Gratuito de Mujeres, dijeron la historiadora Margaret Marsh y la gineco-obstetra Wanda Ronner en su libro The Fertility Doctor.

En una entrevista con el científico social Malcolm Gladwell, las investigadoras opinaron que nunca llegaron a comprender a cabalidad a Rock luego de dedicar años a conversar con sus pacientes, amigos y familiares y revisar sus documentos médicos.

Aseguraron que Rock tenía el don de comunicarse efectivamente con mujeres de todas las clases sociales. Buscaba a sus pacientes en la sala de espera, los acompañaba a sentarse y les hablaba de manera clara y directa a los ojos.

Antecedentes austríacos y mexicanos

Otra certeza es que inicialmente Rock no estaba interesado en los métodos anticonceptivos sino en resolver los problemas de infertilidad. Su amplia experiencia clínica, unida al aislamiento de dos hormonas, estrógeno y progesterona en los años 50, le permitió avanzar en su trabajo.

Los historiadores consideran al médico austríaco Ludwig Haberlandt como el padre de los métodos anticonceptivos hormonales porque en 1919 comenzó a desarrollar su teorías y para 1921 ya había iniciado experimentos con conejas. En 1930 organizaba las pruebas clínicas de una sustancia hormonal llamada Infecundin, producida por un laboratorio húngaro.

Haberlandt c reía que uno de los mayores triunfos de la humanidad sería lograr que la procreación fuera un acto voluntario y deliberado. Se suicidó en 1932 a los 47 años, asediado las críticas a sus proyectos científicos, que contravenían todas las convenciones morales, sociales y religiosas de la época.

La primera píldora anticonceptiva fue comercializada por G.D. Searle and Company bajo el nombre comercial de Enovid. En la imagen se muestra una botella de tabletas de 10mg de Enovid tomada en la década de 1960. (Foto de Science Museum/SSPL/Getty Images)

Dos décadas más tarde, la visión de Haberlandt se hizo realidad en tierras mexicanas. En 1951, el científico mexicano Luis Ernesto Miramontes fue el primero en sintetizar una sustancia llamada noretindrona, que fue el principal componente de la primera pastilla que salió al mercado nueve años después.

Pero ni Miramontes, que para entonces apenas contaba con 26 años, ni su compañero de equipo Carl Djerassi, tenían los recursos monetarios ni metodológicos para realizar las pruebas clínicas y luego producir y distribuir la píldora masivamente.

Casualidades de la vida

El trabajo diario de Rock distaba mucho de la aproximación de Haberlandt, Miramontes o Carl Djerassi. Dedicaba toda su atención a mejorar la salud reproductiva de sus pacientes.

"Mi hipótesis es que comenzó a trabajar con esas dos hormonas al mirar al endometrio, y notar que algunas mujeres no tenían los cambios previstos luego de la ovulación" y decir que algunas mujeres parecieran tener sistemas menos desarrollados", dijo Ronner.

Su curiosidad científica y el trabajo diario con decenas de mujeres le permitió ser los primeros médicos en describir el ciclo reproductivo de la mujer y en determinar el momento más efectivo para buscar o evitar un embarazo.

De manera paralela, el biólogo Gregory Pincus trabajaba en su laboratorio con el mismo convencimiento de que las hormonas jugaban un papel fundamental en la fertilidad femenina. Pero su objetivo primordial no era resolver los obstáculos de la concepción sino todo lo contrario. Deseaba ser el primero en desarrollar un fármaco para evitar los embarazos.

No bastaba con sintetizar los componentes. Era imprescindible comprobar que su uso era seguro en humanos, lograr el visto bueno de la burocracia y encontrar una industria que lo lanzara al mercado.

Así que la píldora nació del trabajo en equipo entre dos mentes prominentes. Pincus se dedicaba al minucioso trabajo del microscopio, mientras que Rock se encargaba de los ensayos clínicos con los pacientes.

Cuando sintieron que era el momento indicado, enviaron sus hallazgos a la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) y esperaron durante meses sin recibir respuesta. Pero bastó una visita de Rock para que el líder del organismo firmara la aprobación. "Sabíamos que nuestras investigaciones eran correctas”. Mi conciencia estaba tranquila sobre la data", confesó Rock en la entrevista con Brinkley.

El no de la iglesia

La enorme influencia de Rock en Washington no tenía ningún peso en el Vaticano, donde reside el poder de la iglesia católica y donde ya habían navegado por aguas turbulentas al cambiar varias de parecer varias veces sobre el tema de la sexualidad durante la primera mitad del siglo XX.

Mientras Rock atendía a mujeres irlandesas católicas con difíciles embarazos y partos en 1930, el Papa Pío XI emitía el comunicado "Casti Connubii", en el que decretaba que todo método anticonceptivo viola la ley de Dios y la naturaleza” y lleva la “mancha de un gran defecto mortal”.

Familia estadounidense de 1920: madre, padre y ocho hijos (Getty Images)

Cuando su sucesor Pío XII aprobó el método del ritmo para las parejas que tenían “razones moralmente válidas para evitar la procreación”, Rock aprovechó para crear una clínica del método para evitar los embarazos no deseados.

Y cuando la píldora recibió su aprobación de la FDA en 1960, Rock lideró una campaña a sus 70 años para obtener el apoyo de la Santa Sede. Argumentaba que la píldora era diferente a otros métodos mecánicos como el condón o el diafragma y que podía considerarse como una manera más precisa de practicar el método del ritmo.

Rock creyó que la iglesia aprobaría el uso de la píldora como un método de control de la natalidad natural porque usaba las hormonas que ya existían en el cuerpo de las mujeres.

Pero el papa Pablo VI no estaba demasiado convencido y convocó a la Comisión Pontificia para el Control de la Natalidad en la que 65 obispos estudiaron durante tres años los beneficios y deficiencias del control de la natalidad y su compatibilidad con la fe católica.

Las autoridades eclesiásticas reunidas entre 1963 y 1966 aprobaron que la píldora debía ser aprobada, pero el papa Pablo VI prohibió su uso y el de cualquier otro método de control de la natalidad en la encíclica “Humanae Vitae” publicada el 25 de julio de 1968.

La voz de la conciencia

Gladwell dijo que Rock pudo seguir el mandato de la iglesia y renunciar a su participación en la creación de la píldora y a la recomendación de su uso. O podía seguir las recomendaciones del padre Finning durante su adolescencia y seguir el mandato de su conciencia.

El historiador aseguró que Rock no perdió su fe católica al desacatar el mandato del Papa, sino que se comportó como un jesuita y consoló a los que necesitaban consuelo.

Aunque sus creencias conservadoras no le permitieron concebir el control de la natalidad como un derecho de la mujer, Rock creyó firmemente en que la píldora tenía el poder de frenar la pobreza y evitar los problemas médicos asociados con los embarazos múltiples en precarias condiciones sanitarias.

Rock nunca cobró por sus servicios y al final de sus días se retiró y vivía una vida modesta. Nunca dejó de creer en dios pero perdió su fe en la iglesia católica “Lamento haber molestado a las personas que se oponen a la píldora. Yo creo que mi dios está conmigo en todo momento".

Rock murió el 4 de diciembre de 1984 en New Hampshire con la amargura de que el Vaticano nunca aprobó el uso de la píldora. Pero su aporte en el debate del control de la natalidad y en el posterior desarrollo de métodos más seguros y efectivos ha sido invaluable.