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Jessica Chastain regresa al escenario sin nada que demostrar

Jessica Chastain en Manhattan, el 12 de febrero de 2023. (Thea Traff para The New York Times)
Jessica Chastain en Manhattan, el 12 de febrero de 2023. (Thea Traff para The New York Times)

NUEVA YORK — Menos de una semana antes de aparecer en Broadway en la nueva versión de “Casa de muñecas” como Nora, uno de los papeles femeninos más emblemáticos del teatro occidental, Jessica Chastain confesó una persistente preocupación.

“No quiero que parezca una charla TED”, comentó.

Chastain estaba sentada en la sala del Teatro Hudson, donde el 13 de febrero comenzaron las representaciones de “Casa de muñecas”. Luchaba contra un resfriado y bebía un té de hierbas Throat Coat, vestida con una blusa color azul marino y zapatillas blancas, con un mullido abrigo color canela a su alrededor.

La actriz reflexionaba sobre lo que significa protagonizar una nueva versión cruda y radical de la obra de Henrik Ibsen de 1879, celebrada desde hace tiempo como una profunda exploración de la manera en que los roles de género confinan a las mujeres, distorsionando sus identidades.

Chastain ha luchado por la igualdad salarial en Hollywood, ha impulsado el apoyo a Planned Parenthood y ha utilizado la alfombra roja, y las apariciones en programas de entrevistas para defender causas como la de las mujeres que protestan contra la represión en Irán. En películas tan variadas como “La noche más oscura” y “Los ojos de Tammy Faye”, ha encarnado a mujeres complicadas y ambiciosas que se niegan a dejarse limitar.

Por eso se preguntaba si asumir el papel de Nora, el ama de casa oprimida más famosa del teatro, podría parecer demasiado mordaz, incluso sermoneador.

Jessica Chastain en Manhattan, el 12 de febrero de 2023. (Thea Traff para The New York Times)
Jessica Chastain en Manhattan, el 12 de febrero de 2023. (Thea Traff para The New York Times)

“Soy tan defensora, tan franca, que incluso poniéndome en el papel ya estamos haciendo algo, ¿no?”, sugirió Chastain. “Así que, como actriz, ¿cómo puedo enfocarlo de modo que no parezca que estoy aquí para dar un sermón a todo el público?”.

La respuesta llegó cuando empezó a darse cuenta de que Nora no es una víctima dominada por su condescendiente marido, Torvald. Interpreta el papel de esposa bonita, frágil e infantil por una razón.

“Cuando te niegan, trabajas dentro de un sistema para ganar poder, y todos somos responsables de eso. Así que no es solo pensar, ah, Torvald es un villano porque ha metido a Nora en una jaula. Nora se ha metido en la jaula para ganar el poco poder que tiene”, opinó Chastain. “Porque a las chicas se nos enseña desde pequeñas a ser más pequeñas, ¿verdad? Así que nuestras voces son más agudas, no queremos ser amenazadoras, somos dóciles y mansas. Es algo que nos inculcan. Pero eso es parte de cómo estamos ayudando a que continúe, las mujeres no son vistas como iguales. Desempeñamos un papel lo bastante agradable como para que la gente nos escuche”.

Se detuvo, temerosa de entrar en el terreno de las charlas TED —“Sé que estoy divagando mucho”— y, un momento después, como si se diera cuenta de que se había interrumpido a sí misma, terminó la reflexión.

“Espero que la gente venga al teatro y diga: ¿Cómo estoy haciendo eso? “¿Cómo no estoy siendo mi yo auténtico para así ser agradable a los demás?”.

Chastain actuó por última vez en Broadway hace una década, cuando protagonizó “La heredera” en el papel de Catherine Sloper, una aristócrata desaliñada y torpe. Con enaguas, polisón y una nariz protésica que ella misma se aplicó, Chastain se sumergió en los manierismos y la estética del siglo XIX de la obra, estudiando cómo hacer una reverencia y sujetar correctamente un abanico, e incluso bordando durante los descansos de los ensayos para no salirse del personaje.

Con “Casa de muñecas”, una adaptación del director británico Jamie Lloyd que se estrenará el 9 de marzo, Chastain no dispone de decorados ni ambientes teatrales a los que recurrir. No hay trajes de época, ni utilería, ni nada que se parezca a un decorado. Ni siquiera hay una puerta que cerrar en el infame gesto de despedida de Nora. La obra se reduce a lo esencial: la historia de Ibsen y las emociones que provoca en los actores y el público. No es exagerado decir que toda la producción depende de la fuerza de su interpretación.

Chastain parece disfrutar el reto.

“Se entrega al cien por ciento cada segundo. Desde la primera lectura, se entregó por completo al viaje psicológico y emocional”, dijo Lloyd. “Esa es la clave del enfoque de Jessica. Sí, es una obra profundamente política que resuena en la actualidad, pero es intensamente psicológica”.

Ante la pregunta de cómo se sintió actuando en directo de una manera tan descarnada, Chastain fue contundente. “Da miedo”, señaló. “Es muy expuesto como actriz trabajar de esta manera, porque realmente se trata de las palabras y los sentimientos, y las relaciones. La nota de Jamie es siempre ‘simple, simple’. Simplifícalo, simplifícalo, simplifícalo”.

Un ascenso meteórico y la ansiedad que lo acompañó

A Chastain le han pasado muchas cosas desde la última vez que se subió a un escenario. El año pasado ganó el Oscar a la mejor actriz por su interpretación de la llorosa y carismática televangelista Tammy Faye Bakker en “Los ojos de Tammy Faye”, una película que ella misma desarrolló en un empeño por humanizar a una mujer ridiculizada e incomprendida.

Chastain ganó un Globo de Oro en 2013 por su papel de la motivada y enérgica analista de la CIA en “La noche más oscura”. Apareció en éxitos de taquilla como “Misión rescate” e “Interestelar”, y en películas de arte y ensayo y adaptaciones de clásicos como “La señorita Julia”, una película basada en la obra de August Strindberg de 1889.

Protagonizó series de prestigio, como “Secretos de un matrimonio”, que le valió otra nominación al Globo de Oro, y “George & Tammy”, en la que interpretó a Tammy Wynette, modulando su voz hacia el acento de la cantante country. Las dos series exploran, de maneras diferentes, cómo las mujeres afrontan el matrimonio y el divorcio y sus desastrosas secuelas.

En 2016, Chastain fundó una productora, Freckle Films, que ha utilizado para desarrollar proyectos concentrados en la mujer. En 2017 se casó con el ejecutivo de moda italiano Gian Luca Passi de Preposulo, y ahora están formando una familia en Nueva York.

Por el camino, ha pasado de ser llamada “la última ‘joven atractiva e influyente’ del cine para gente pensante” (una etiqueta que implicaba que su fama podría ser efímera) a convertirse en una especie de agente poderoso de Hollywood. Esto la ha animado a intentar cosas que antes la aterrorizaban, como presentar la nueva versión en Broadway de un clásico muy amado.

“No siento la angustia ni el miedo que sentí la última vez que me subí a un escenario”, dijo Chastain. “Ahora siento que he trabajado mucho y que he hecho un espacio en la industria. La gente sabe que trabajo duro”.

Al fin y al cabo, fue en el teatro donde descubrió su amor por la interpretación. Criada en un hogar de clase trabajadora en el norte de California, vio “Ricardo III” durante un viaje al Festival Shakespeare de Oregón y quedó prendada al instante. Aunque no terminó la preparatoria, estaba decidida a ir a Juilliard, por lo que obtuvo un diploma para adultos y fue aceptada allí con una beca, convirtiéndose a los 22 años en la primera estudiante universitaria de su familia. En su segundo año interpretó “La gaviota”, de Antón Chéjov, y años después de graduarse, Al Pacino la eligió para actuar junto a él en una producción teatral de “Salomé”, de Oscar Wilde, que más tarde se llevó al cine.

Pasaron años de papeles secundarios en “Sala de emergencias” y “La ley y orden” antes de que su carrera cinematográfica despegara, pero en 2011, de repente, estaba en todas partes: apareció en seis películas, entre ellas “El árbol de la vida”, “Atormentado” e “Historias cruzadas”, que le valió su primera nominación al Oscar.

La avalancha de trabajo y atención fue emocionante pero aterradora. Cuando Chastain apareció en Broadway en “La heredera”, una adaptación de “Washington Square”, la novela de Henry James, las expectativas eran aplastantes. No ayudó el hecho de que algunos críticos teatrales se sintieran decepcionados, entre ellos Ben Brantley, de The Times, quien dijo que su interpretación “a veces es tan plana que la asocio con lecturas frías de guiones”.

“Soy una persona sensible, y la última vez que hice teatro, había mucha presión, y toda la presión me quitó la alegría”, explicó Chastain.

“Al principio, cuando recibí toda esa atención tan rápidamente”, continuó, “sentí que esto no iba a durar. Tenía mucho miedo. Sentía que no me lo merecía”.

Reviviendo una obra de 1879 con nuevos matices

Chastain no tenía muchas ganas de volver a los escenarios cuando hace seis años se le acercó Lloyd, un aclamado director cuya nueva y minimalista puesta en escena de “Cyrano de Bergerac” cautivó al público de la Academia de Música de Brooklyn el año pasado.

Se conocieron a través de un amigo común, James McAvoy, que había trabajado con Chastain en la película independiente “La desaparición de Eleanor Rigby” y protagonizó el personaje principal de “Cyrano” de Lloyd. Lloyd le preguntó por qué ya no hacía teatro.

“Creo que mi respuesta fue: ‘Tengo demasiado miedo’”, relató Chastain.

Durante el almuerzo, la convenció para que lo reconsiderara y le pidió que le propusiera una obra que pudieran representar juntos. En 2019, se decidieron por “La duquesa de Malfi”, de John Webster, pero se enteraron de que una versión de la obra estaba a punto de representarse en Londres.

Entonces Chastain envió un mensaje a Lloyd: ¿qué tal “Casa de muñecas”?

Parecía estimulante y arriesgado. Durante más de un siglo, “Casa de muñecas” ha ocupado un lugar sagrado, venerado como un teatro que invita a la reflexión y defiende la autonomía de la mujer. La heroína de Ibsen, Nora, parece al principio ingenua y dependiente de su marido, pero se desilusiona al ver cómo este la controla y la menosprecia. Finalmente lo abandona con lo que el dramaturgo George Bernard Shaw describió como “el portazo que se oyó en todo el mundo”.

Cuando se estrenó en Copenhague en 1879, “Casa de muñecas” fue recibida con elogios de la crítica y también con condenas, incluso por parte de las mujeres. La decisión de Nora de abandonar a su familia se consideró tan chocante que algunas actrices se negaron a interpretarla.

Con el paso de las décadas, el personaje ha llegado a considerarse uno de los papeles más exigentes y gratificantes del teatro. Liv Ullmann fue nominada a un Tony por su interpretación en la versión de Broadway de 1975. En 1997, la última vez que “Casa de muñecas” se representó en Broadway, Janet McTeer ganó un Tony por interpretar a Nora. En 2017, el dramaturgo Lucas Hnath recibió elogios por su osada secuela, “Casa de muñecas, parte 2”, que exploraba la premisa de que Nora (interpretada por Laurie Metcalf, que también ganó un Tony) volviera a casa quince años después.

‘Se volvió algo muy íntimo, muy rápido’

Chastain había estado pensando en “Casa de muñecas” mientras trabajaba en “Secretos de un matrimonio”, una miniserie de la HBO inspirada en la exploración del cineasta Ingmar Bergman de una relación que se tambalea. (El propio Bergman se vio influido por “Casa de muñecas” y estrenó una adaptación llamada “Nora” en 1981).

La serie de televisión, protagonizada por Chastain y Oscar Isaac, invierte la dinámica de género del original, de modo que Chastain es la compañera que se siente asfixiada por el matrimonio y abandona a su marido, un giro que hace eco de la trama de Ibsen.

Una de las guionistas principales de la serie fue Amy Herzog, una dramaturga obsesionada con “Casa de muñecas” desde que era adolescente y que había escrito un homenaje a la misma con su obra “Belleville”. Herzog aprovechó la oportunidad de trabajar en una adaptación y, a principios del año pasado, empezó a escribir una versión de la obra de Ibsen basada en una traducción de Charlotte Barslund. Herzog y Chastain coincidieron en que Nora debía ser interpretada como un personaje más ambiguo.

“Ella no quería interpretar a una víctima trágica. Entró con ganas de encontrar esos matices más oscuros y sutiles”, afirmó Herzog sobre Chastain. “Está dispuesta a ser antipática y no tiene miedo a explorar todo tipo de cosas raras y desagradables”.

Chastain, que rara vez habla de su vida privada, sacó a colación a su propia familia cuando describió cómo la sociedad juzga a mujeres como Nora, que rechazan el matrimonio y la maternidad. “La idea de abandonar a mis hijos sería horrible y devastadora”, dijo. Al mismo tiempo, comprendió y quiso captar la manera en que Nora se erizaba ante las restricciones de su vida. “Nora lo rechaza para convertirse primero en un ser humano”, aseguró.

La actuación de Chastain en “Casa de muñecas” comienza incluso antes de que empiece la obra. En la primera noche de prestrenos, el público aún se estaba acomodando cuando se levantó el telón y apareció Chastain, con un sencillo vestido largo y oscuro, el pelo cobrizo cayéndole por la espalda, sentada en una silla de madera mientras el escenario la hacía girar en círculos lentos e hipnóticos.

Durante casi dos horas, sin intermedio, permaneció casi siempre en primer plano, a menudo pegada a su silla, una manifestación tangible de la parálisis de Nora, que pasa de la adoración al acobardamiento y a darse cuenta de que no sabe quién es. Pronunció algunas líneas en voz baja, con tonos frenéticos y roncos.

Chastain parecía agotada después de esa primera actuación en público, con los ojos todavía húmedos por las lágrimas mientras hacía una reverencia. Antes, de vuelta en la sala, cuando le preguntaron qué sentía al hacer teatro ahora, lo pensó un momento.

“No tengo que demostrar tanto lo que valgo”, dijo. “Hace diez años tenía el síndrome del impostor, que sufren muchas mujeres, ¿sabes? Y quizá ahora no siento eso; siento que estoy en casa”.

c.2023 The New York Times Company