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El jefe de mercenarios ruso Yevgeny Prigozhin desafió al Kremlin en una breve rebelión

ARCHIVO - El empresario Yevgeny Prigozhin, izquierda, le muestra al presidente ruso Vladímir Putin su fábrica de comidas escolares, el 20 de septiembre de 2010, en las afueras de San Petersburgo, Rusia. (Alexei Druzhinin, Sputnik, foto compartida por el Kremlin vía AP, archivo)

Yevgeny Prigozhin se hizo de una reputación como el jefe irreverente y brutal de mercenarios que en junio orquestó una rebelión armada contra el presidente Vladímir Putin, el desafío más serio e impactante en la historia de su gobierno.

Prigozhin iba a bordo de un avión que se estrelló el miércoles al norte de Moscú y en el que las 10 personas a bordo perdieron la vida, según la agencia que regula la aviación civil de Rusia.

El extraordinario recorrido en la vida del empresario de 62 años lo llevó de ser un prisionero y vendedor de hot dogs a ser un elegante restaurantero de San Petersburgo, y luego desde guerras propagandísticas a los macabros campos de batalla de Ucrania.

En su calidad de instrumento para proyectar el poder ruso a nivel global, sus soldados mercenarios fueron emplazados en África con el fin de proporcionarles seguridad a caudillos y pelearon en Siria para apuntalar el régimen del presidente Bashar Assad.

En mayo se apoderaron de la ciudad ucraniana de Bájmut en una rara victoria para Rusia en la guerra, pero Prigozhin se quejó amargamente del comportamiento del Ministerio de Defensa ruso en esos combates, diciendo que se había negado a entregarle municiones a sus fuerzas.

A medida que la guerra continuaba en medio de grandes dificultades para ambos bandos, Prigozhin hizo a un lado su reserva a expresarse en público y comenzó a publicar videos en las redes sociales, en los que elogiaba a sus soldados y denunciaba crecientemente a la cúpula de la defensa rusa por presunto mal manejo del conflicto y por negarse a darle armas y municiones a sus fuerzas.

En junio incrementó abruptamente sus críticas mordaces al exhortar a una rebelión armada para echar al ministro de Defensa, Serguéi Shoigu.

El 23 de ese mes, sus fuerzas partieron de Ucrania y se apoderaron del cuartel militar en la ciudad de Rostov del Don, en el sur de Rusia. Les ordenó dirigirse hacia Moscú, diciendo que no era “un golpe militar, sino una marcha de justicia” para quitar a Shoigu de su puesto.

Menos de 24 horas después canceló la acción en un acuerdo alcanzado con la intervención del presidente bielorruso Alexander Lukashenko.

En un discurso televisado, Putin había prometido que se castigaría a quienes estuvieran detrás de la rebelión armada encabezada por el que alguna vez había sido su protegido. Dijo que el alzamiento era una “traición”.

Pero bajo el acuerdo que le permitió a Prigozhin y a sus fuerzas quedar en libertad, el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, dijo posteriormente que “el máximo objetivo” de Putin en el acuerdo alcanzado con el jefe del Grupo Wagner era “evitar el derramamiento de sangre y una confrontación interna de resultados impredecibles”.

Prigozhin vivió la mayor parte de su vida fuera de los reflectores. Era propietario de un restaurante de lujo y obtuvo contratos de hostelería de parte del Kremlin, lo que le valió el apodo de “chef de Putin”, pero principalmente se le conocía en los exclusivos círculos de la élite.

En su papel de jefe de la Agencia de Investigación de Internet —una “granja de trols” enfocada en interferir en las elecciones presidenciales de 2016— era apenas visible.

Pero irrumpió en la atención mundial cuando mercenarios de su Grupo Wagner ingresaron a la guerra de Ucrania en 2022, haciéndose tristemente célebres por su sanguinaria forma de combatir y el trato miserable que recibieron como carne de cañón en la ciudad oriental de Bájmut.

Como parte del acuerdo para neutralizar la crisis, se abandonó una investigación sobre su rebelión, y él accedió a trasladarse a Bielorrusia. Posteriormente apareció en videos, en los que decía que sus soldados serían emplazados en África.

Un video de reclutamiento difundido esta semana lo mostraba en un sitio desértico no revelado con traje militar y sosteniendo un fusil de asalto, y afirmaba que su compañía buscaba a “guerreros reales” y “seguía cumpliendo las labores” que había prometido que efectuaría.

Prigozhin y Putin se conocían desde hace mucho tiempo. Ambos nacieron en Leningrado, ahora San Petersburgo.

Durante los últimos años de la Unión Soviética, Prigozhin estuvo en la cárcel —una década, según reconoció el mismo_, aunque nunca dijo por cuáles delitos.

Posteriormente fue propietario de un puesto de hot dogs y luego de restaurantes elegantes que captaron la atención de Putin. En su primer periodo, el gobernante ruso llevó al entonces presidente francés Jacques Chirac a cenar a uno de ellos.

“Vladímir Putin vio cómo construí un negocio a partir de un puesto. Él vio que no me importa servirles a los huéspedes estimados porque eran mis invitados”, recordó Prigozhin en una entrevista publicada en 2011.

Su negocio de banquetes se expandió en forma significativa, y en 2010, Putin ayudó a abrir la fábrica de Prigozhin, la cual fue construida con el apoyo de generosos préstamos de un banco del Estado. Tan sólo en Moscú, su compañía Concord ganó millones de dólares en contratos para proporcionar alimentos a escuelas públicas.

Además organizó banquetes para eventos del Kremlin, y proporcionaba comidas y servicios esenciales a las fuerzas armadas rusas.

En 2014 Prigozhin cofundó el Grupo Wagner, a pesar de que las compañías militares privadas son técnicamente ilegales en Rusia. A la larga desempeñó un papel crucial en la proyección de la influencia rusa por parte de Putin en sitios problemáticos del mundo, primero en África y luego en Siria.

Los combatientes del Grupo Wagner presuntamente proporcionaban seguridad para líderes o caudillos africanos a cambio de pagos lucrativos, que con frecuencia incluían una participación en minas de oro u otros recursos naturales. Funcionarios estadounidenses dicen que Rusia podría haber utilizado el trabajo del grupo en África para respaldar la guerra en Ucrania.

En 2017, el opositor y activista anticorrupción Alexei Navalny acusó a las compañías de Prigozhin de infringir las leyes antimonopolio al presentar licitaciones para contratos del Ministerio de Defensa que sumaban 387 millones de dólares.

En diciembre de 2021, la Unión Europea acusó al Grupo Wagner de “graves violaciones a los derechos humanos, incluyendo tortura y ejecuciones y homicidios extrajudiciales, sumarios o arbitrarios", y de llevar a cabo ”actividades desestabilizadoras" en la República Centroafricana, Libia, Siria y Ucrania.

En noviembre de 2022 salió a la luz un video en internet en el que se veía a un excontratista del Grupo Wagner —que presuntamente se había pasado al bando ucraniano pero posteriormente fue recapturado por Rusia— siendo golpeado hasta la muerte con un mazo. El Kremlin se hizo de la vista gorda, a pesar de la indignación pública y las peticiones para que se llevara a cabo una investigación.

Sus soldados capturaron Bájmut en la que probablemente fue la batalla más larga y sangrienta de la guerra. Prigozhin ha dicho que 20.000 de sus hombres murieron allí, aproximadamente la mitad de ellos reos reclutados de las prisiones de Rusia.

A medida que sus fuerzas luchaban y morían en masa en Ucrania, Prigozhin despotricó repetidas veces contra la cúpula militar rusa.

En un video de mayo de 2023, Prigozhin estaba de pie junto a hileras de cadáveres que dijo eran de soldados del Grupo Wagner. Acusó a Shoigu, el ministro de Defensa, y al jefe del Estado Mayor General, el general Valery Guerásimov, de incompetencia y de no proporcionarle a sus soldados las armas y municiones que requerían.

“Estos son padres de alguien e hijos de alguien”, declaró Prigozhin. “La escoria que no nos da municiones se comerá sus entrañas en el infierno”.

Sus declaraciones carecían de precedentes en el sistema político estrictamente controlado de Rusia, en el que sólo Putin podía expresar críticas así.

Cuando se le preguntó acerca de que en los medios de comunicación se le había comparado con Grigori Rasputin, un místico que adquirió influencia sobre el último zar de Rusia al alegar que tenía el poder de curar la hemofilia de su hijo, Prigozhin espetó: “Yo no detengo la sangre, pero derramo la sangre de los enemigos de nuestra patria”.

Después de que la rebelión de Prigozhin se desinfló y él se marchó a Bielorrusia, Putin dijo que el Kremlin “financia plenamente ” al Grupo Wagner. Indicó también que las autoridades investigarían si Prigozhin pudiese haber desviado una parte de los 80.000 millones de rublos (936 millones de dólares) de fondos del Estado que presuntamente recibió en 2023 para llevarle alimentos al ejército ruso.

Prigozhin captó la atención en Estados Unidos por primera vez cuando él y una docena de otros rusos y tres compañías rusas fueron acusadas de operar una campaña encubierta en las redes sociales, cuyo objetivo era fomentar la discordia interna antes de que Donald Trump ganara las elecciones de 2016.

Fueron encausados como parte de una investigación del fiscal especial Robert Mueller acerca de la interferencia rusa en los comicios. El Departamento del Tesoro estadounidense sancionó repetidas veces a Prigozhin y a sus socios con relación a su interferencia electoral y a su liderazgo del Grupo Wagner.

Respondió a la imputación de 2018 con sarcasmo, algo típico en él.

“Los estadounidenses son personas muy impresionables; ven lo que quieren ver. Los trato con un gran respeto. No estoy molesto para nada por el hecho de que estoy en esta lista”, declaró, según lo citó la agencia noticiosa RIA Novosti. “Si quieren ver al diablo, déjenlos que lo vean”.

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La periodista de The Associated Press Dasha Litvinova en Tallin, Estonia, contribuyó a este despacho.