Con Ismael Salas estoy donde debo estar, boxeador cubano se muda con su familia a Las Vegas en busca de un nuevo aire

CORTESIA

Cuando Ismael Salas le abrió las puertas de su gimnasio a Orestes Velázquez le dijo una frase al boxeador cubano que todavía resuena en sus oídos: vamos para la cima, vamos por cosas grandes’’. Viniendo de un profesor que ha forjado tantos campeones, esas palabras le sonaron a gloria.

Desde hace unas semanas, Velázquez no solo decidió irse a entrenar con Salas sino que se llevó a su familia de Miami a Las Vegas, como muestra del compromiso para continuar una carrera que se ha ido construyendo a sangre y fuego, a pesar de su cuota de desengaños.

“Creo que he tomado la decisión correcta y desde que puse un pie en el gimnasio de Salas me he dado cuenta de lo acertado de mi decisión’’, comentó Velázquez.

“Siento una energía muy positiva y al estar rodeado de tan buenos boxeadores, de campeones, eso me da muchas energías para continuar adelante’’.

Primero con el profesor Eufrasio González y luego con Pedro Roque, el cienfueguero Velázquez ha sido uno de los nombres de la nueva ola del boxeo cubano en los Estados Unidos que ha venido creciendo sin hacer mucho ruido, pero con una trayectoria sólida.

Cuando Roque partió a Azerbaiján para asumir compromisos en ese país asiático, Velázquez continuó entrenando en el gimnasio del Tropical Park, pero sabía que estaba obligado a encontrar una nueva casa y por eso exploró la posibilidad de ponerse a las órdenes de Salas.

Salas no solo ha tenido en su establo a varios campeones del mundo, sino que sabe muy bien cómo trabajar con los púgiles cubanos en distintas etapas de su carrera, desde figuras establecidas como Erislandy Lara y Yordenis Ugás hasta otros en vías de grandeza como Robeisy Ramírez.

Recientemente también llegó a a la academia de Salas Joahnys Argilagos y eso fue algo que le reforzó a Velázquez la idea de que una movida a la Ciudad del Pecado en el desierto de Nevada sería lo mejor para su trayectoria, que todavía busca apuntalarse en el panorama del pugilismo rentado.

“Cuando Pedro tuvo que marcharse me quedé un poco como en el aire’’, agregó Velázquez.

“Al final, decidí que lo mejor era estar con Salas. Hay muchas cosas de mi boxeo que encajan perfectamente con su filosofía de formación de peleadores. Por eso vine con toda la familia’’.

Con 27 años de edad, Velázquez efectuó más de 200 combates como amateur en la isla, pero llegó el momento en que se sentía asfixiado, sin la posibilidad de crecer y ahora parece haber recibido una gran oportunidad en su carrera profesional dentro de la categoría de las 140 libras.

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Velázquez aún es representando por las empresas Warriors, Boxing Major League y los promotores Amaury Piedra y Shane Shapiro que ya le abrieron un espacio en una cartelera de Orlando, lugar al que pretende volver el 11 de diciembre para poner punto final a la temporada.

Esta debe ser su cuarta pelea del 2022, luego de victorias sólidas en Hialeah sobre Abraham Martínez y Juan Carlos Salgado, y un triunfo en Orlando contra Emiliano Martín García, pero Velázquez espera mucho más en la próxima contienda que abrirá a partir de enero.